domingo, 14 de diciembre de 2014

EL CUENTO DEL LUNÁTICO



Jack lo había dejado con Sarah, su novia. O más bien ella lo había dejado con él. Ocurrió de repente, sin que hasta ese momento Jack sospechase lo más mínimo lo que Sarah llevaba tiempo madurando en silencio.
Aquel día Sarah le soltó así, a bocajarro, la tan recurrente frase de: «Tenemos que hablar». Créeme, cuando una mujer te suelta esa frase ya puedes darte por jodido. Y eso lo sabe todo el mundo. Bueno, todo el mundo menos Jack.
Jack aún seguía enamorado de Sarah. Y eso es lo peor que le puede pasar a un tipo al que acaban de dejar: seguir enamorado de un imposible. De ahí que el dolor le resultase tan difícil de soportar.
Jack vivía en una casa de campo, incrustada en mitad de un frondoso bosque, a varios kilómetros de distancia de su vecino más próximo.
A Jack le gustaba la tranquilidad que le proporcionaba su hogar. Le apasionaba la naturaleza. Se sentía protegido del agobio y el estrés que se respira en las grandes urbes. Allí no había atascos, ni aglomeraciones, ni prisas por llegar a ningún sitio a una determinada hora. Tampoco había celos, ni envidias, ni empujones, ni zancadillas por subir puestos en la escala social. Allí sólo estaban él y la naturaleza.
El problema de vivir en un sitio así, lejos de la contaminación acústica, medioambiental y mediática, es que dispones de mucho tiempo para pensar. Y esa precisamente fue su condena; pensar una y otra vez en una respuesta a su recurrente pregunta: «¿Por qué me dejó Sarah?».
Con el tiempo, cansado de no hallar ninguna respuesta que colmase su sed de entendimiento, a Jack le dio por salir todas las noches al porche de su casa a aullarle a la luna, como un hombre lobo herido de amor.
Noche tras noche Jack repetía la misma rutina. Empezaba bebiéndose media botella de whisky en silencio mientras de fondo escuchaba las viejas canciones de jazz que solía escuchar junto a Sarah. Luego, ya borracho, comenzaba a farfullar palabras ininteligibles para, al final, salir al porche a aullarle a la luna. Hasta que una noche la luna decidió responderle.
Oye tío, déjalo ya, ¿quieres? –dijo la luna con enojo.
¿Quién me habla? –dijo Jack mirando inquieto a su alrededor. Por un momento temió haber caído víctima de la esquizofrenia, oyendo voces que únicamente resonaban en la intimidad de su cabeza.
¡Eooo! Soy yo. La Luna. Aquí arriba.
Jack alzó la vista y miró fijamente a la luna. Entonces la vio, inmensa, plena, luminiscente.
¿En serio eres tú quien me habla? –dijo Jack dirigiéndose al satélite.
Sí, capullo. Soy yo quien te está hablando –se quejó la luna–. ¿Por qué llevas tantas noches aullándome? ¿Es que eres un hombre lobo en prácticas o qué?

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)


14 comentarios:

  1. Desde ahora, en lugar de discutir acerca del sexo de los ángeles, lo haremos sobre el sexo de los planetas y demás astros, que también son celestiales.
    Un relato muy entretenido y bien contado, con esa chispa de humor que creo (por lo que he leído) que te caracteriza.
    Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Josep Mª. Agradezco el que hayas decidido pasarte una vez más por aquí, del mismo modo que agradezco tus generosas palabras hacia mis textos. En cuanto al humor en mi obra admito que es una de mis señas de identidad, pero no la única. Me gusta crear historias y, dependiendo de mi estado de ánimo o de lo que considere que la propia historia me pide, puedo usar el sentido del humor o prescindir total o parcialmente de él. Aquí mismo en el blog he publicado textos en un tono más serio y trascendente. En cualquier caso, mi objetivo principal a la hora de escribir siempre ha sido ofrecer al lector un texto de calidad. Confío en poder cumplir mis expectativas. Un saludo, Josep Mª.

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  2. En tu línea, Pedro: original, divertido, ameno, sorprendente. Y no sigo por si acaso fueras de sonrojarte :P

    Me ha encantado, y me he reído mucho con tus ocurrencias, eres un genio!!

    Un abrazo, y mil gracias por el buen rato.

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  3. Hola, Julia. Muchas gracias por tus elogiosas palabras. Mi ego está hinchado como un pavo; y eso, en las fechas en las que nos encontramos, próxima la Navidad, le ha hecho buscar refugio bajo la cama. Yo le he dicho que se tranquilice, que aquí somos más de cerdo y mariscos. Pero él no quiere creerme. Dice que son tretas mías para engañarle y que teme acabar en el horno como en las pelis americanas. En fin, habrá que tener paciencia.
    Un abrazo para ti también, y gracias por tener tan buen sentido del humor. Nos leemos.

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  4. Un relato jocoso, excelente Pedro, los satélites cachondos y sus sentimientos!!! Te felicito porque es uno de los relatos tuyos que más me ha gustado.
    Saludos.

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    1. Alguien tenía que sacar a la luz este tema. Y me alegro de haber sido yo, la verdad. Pobres satélites y planetas y asteroides. Llevan siglos siendo observados, estudiados, incluso visitados por nosotros, los seres humanos, y sin embargo poco o nada nos han importado sus sentimientos. Hasta hoy. Confío en que a partir de ahora nuestros científicos y estudiosos en estas cuestiones prioricen más los sentimientos.
      Ahora en serio, muchas gracias Alejandra por tus palabras y por tu felicitación. Celebro que te haya gustado. Saludos.

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  5. Pedro,
    lo has clavado con lo de "tenemos que hablar" y "no me pasa nada". Aunque donde te has salido ha sido con los planetas cachondos. Buenísimo el argumento, super original y divertido.
    Gracias por hacerme reir y pasar un buen rato leyéndote.
    Saludos y que tengas muy buena semana.

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    1. Así que lo he clavado con lo de "tenemos que hablar" y "no me pasa nada", ¿eh? ¡Si yo te contara! (leve suspiro).
      Te agradezco tus amables palabras en relación a mi creatividad, al mismo tiempo que te doy las gracias por tener tan buen sentido del humor y mostrarte abierta y receptiva a estas pinceladas de humor absurdo.
      Te envío un afectuoso saludo y mis deseos de que tú también tengas una feliz semana. Gracias por todo, Erika.

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  6. jajajaja, me gusto el nombre completo de la luna, muy bueno pedro, :)

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    1. No me digas que no sabías que en realidad la luna se llamaba Alexandra Dubrovna Kuznetsova Ivanovskaya. Jajajaja. Gracias, Natalia. Gracias por tu comentario. Recibe un afectuoso saludo.

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  7. Jajajajaja, vaya Luna respondona y vaya un Sistema Solar lleno de sátiros, jajajaja.

    Pero a Jack se le olvidó preguntarle a causa de qué planeta se aleja de nosotros 3 cm. cada año. ¿Cuál será el objeto estelar de su interés? Alexandra Dubrovna Kuznetsova Ivanovskaya no reveló su secreto y ahora la NASA tendrá que gastar millones de dólares en descubrirlo. Con lo fácil que hubiera sido preguntárselo...

    A Jack, mi agradecimiento por irse a gritar al bosque, que en la ciudad ya tenemos demasiada contaminación acústica.

    Buenísimo, Pedro, buenísimo, buenísimo.

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    1. Hola, Ana. Gracias por pasarte por aquí y por comentar. Sí, supongo que para los científicos el deseo sexual no entra dentro de las posibles causas que mantiene el Universo en constante movimiento. Aunque yo no lo descartaría.
      En cuanto al alejamiento sistemático de la Luna en relación al planeta Tierra, supongo que algo tendrá que ver el hecho de que los seres humanos llevemos siglos llorándole nuestras penas de amor. La pobre debe estar hartita de nosotros. Y no se lo reprocho, la verdad. Debe ser muy cansino pasarse siglos y siglos escuchando quejas en todos los idiomas imaginables.
      Muchas gracias por tu generoso comentario, Ana. Nos leemos. Un saludo.

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  8. Qué indiscreta la Luna! Ya sabemos quien es la chismosilla del sistema solar jajajaja. Genial! Me he reído un montón.

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    1. Muchas gracias, María Diz, por tu visita y por tu comentario. A partir de ahora, siempre que haya luna llena, miraremos con otros ojos a esa espectacular y luminosa "cotilla" que nos observa desde la distancia. Celebro que te lo hayas pasado bien leyendo el relato. Te estoy agradecido. Un saludo.

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