domingo, 30 de noviembre de 2014

DIARIO DE UN TAXISTA EN NUEVA YORK


Lunes, 12 de febrero
Hoy me ha ocurrido algo tremendamente insólito. He llevado a un cliente desde la Estación de Autobuses hasta la parte alta de la ciudad. Casi ocho kilómetros de trayecto. El suceso en sí no tendría nada de extraordinario si exceptuamos el hecho de que al tipo lo he tenido que llevar subido a mi espalda, ya que desde hace tres días tengo el taxi en el taller. ¡Y el muy desagradecido ni siquiera dejó propina!
No queráis saber el dolor de riñones que tengo ahora mismo. Uno ya no tiene edad para según qué cosas.

Miércoles, 14 de febrero
Esta mañana, al fin, he podido retirar el taxi del taller. Sin embargo, después de dos servicios noté un ruido extraño que provenía de los bajos del coche. Ante la duda decidí regresar al taller. Tras un riguroso test al fin lograron dar con la avería. Se trataba de un mecánico que se había quedado enganchado al tubo de escape y al que había ido arrastrando durante toda la mañana. Al final lograron desengancharlo y llevarlo en ambulancia a un hospital.
«¡Menos mal! –pensé–. Por un momento temí perder otro día más de trabajo».

Martes, 9 de abril
Hoy mi jefe me ha dado el día libre para disfrutarlo con mi familia. Los muy cabrones se han ido con él a DisneyWorld y a mí me han dejado en casa al cuidado del perro.


(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)