sábado, 17 de enero de 2015

EL (OTRO) PROCESO



La sala estaba llena a rebosar. Aquel juicio había creado tanta expectación entre la ciudadanía que hasta hubo codazos para asistir al recinto. Nunca antes se había visto un juicio como aquel. Por primera vez en la historia se juzgaba a un funcionario público acusado de atender correctamente al público.
El juez Atkins entró en la sala. Su presencia era mayestática, como la de un rey absolutista del XVIII o un crítico culinario actual. Con la barbilla alzada miraba a todo el mundo por encima del hombro; lo hacía así porque la noche anterior había dormido en mala posición y sufría de tortícolis. Por este mismo motivo caminaba de lado, como un cangrejo. Resultaba esperpéntico.
En pie –anunció el alguacil–. El juez Atkins preside la sala.
Todos los presentes se pusieron en pie. El juez Atkins ocupó su asiento en lo alto del estrado.
Pueden sentarse –dijo el juez del cuello torcido.
Todos los presentes volvieron a ocupar sus asientos.
Póngase en pie el acusado –dijo el juez.
George Clemens hizo lo que se le pedía. George, de 32 años, llevaba 5 años trabajando como funcionario público en la Agencia Tributaria Estatal. Desde el primer día en que ocupó su plaza de funcionario su comportamiento no había pasado en modo alguno desapercibido ni entre sus compañeros ni entre sus superiores.
George no era un funcionario normal. Al contrario. Siempre llegaba a su hora, sus pausas para el desayuno jamás sobrepasaban los límites fijados por la ley, y nunca, jamás, dejaba una gestión a medias. Además de eso se mostraba siempre dispuesto a echar una mano a algún compañero en apuros, lo cual, en vez de granjearle las simpatías de sus colegas, alimentaban sus recelos. Todos recelaban de él. Sus compañeros de sección recelaban de él, sus jefes de sección recelaban de él. Hasta la mujer de la limpieza recelaba de él, pues George era el único que jamás se quejaba cuando la limpiadora le vaciaba la papelera o le pedía que apagase el monitor para pasarle el paño de microfibra antiestático y poder ver mejor las manchas de polvo y suciedad adheridas a la pantalla.
Por si todo esto no fuese suficiente, George tenía la mala costumbre de saludar siempre con corrección a todo el mundo, de mostrar una amplia sonrisa cuando atendía al público y de buscar soluciones a los problemas que los contribuyentes le planteaban.
En definitiva, George Clemens era un mal funcionario. De los peores.

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)


 

12 comentarios:

  1. Hola Pedro, ese juez con su lógica torcida (al igual que su cuello) terminó por lavarle el cerebro al pobre George. Jejeje, los funcionarios públicos parecen, de hecho,haber sido aleccionados para el desdén y el mal trato a la gente. Muy buena tu sátira.
    Abrazos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Alejandra. He de decir, en honor a la verdad, que no todos los funcionarios son tan nefastos después de todo. Yo me he encontrado con excelentes profesionales, de trato amable y sencillo y dispuestos siempre a ayudar al ciudadano de a pie; aunque por cada uno de éstos he tenido que sufrir diez de los otros, de los desdeñosos, antipáticos y maleducados. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. Y si no, fíjate en lo que dice el juez: "Si todos los funcionarios hiciesen bien su trabajo acabarían privándonos de uno de nuestros mayores placeres como ciudadanos: el derecho a quejarnos y despotricar de la Administración Pública". Así que...
      Muchas gracias por pasarte por aquí, Alejandra, y por comentar. Te lo agradezco. Abrazos para ti también, guapa.

      Eliminar
  2. Muy bueno Pedro, XD. Gran crítica cargada de humor. Me encantan tus relatos son muy sutiles con temas polémicos. No todo el mundo es igual pero creo que todos nos hemos topado más con el funcionario aferrado al "Código de Conducta" que al funcionario tipo "George". Te comparto, me he reído un montón. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Ana Lía. Te agradezco las amables y elogiosas palabras que dedicas siempre a mi trabajo. Gracias por leer, por comentar, por compartir y por tu buen humor. Un abrazo.

      Eliminar
  3. Como en todas las parodias, la exageración esconde la realidad. Aunque no hemos llegado, afortunadamente, a esos extremos, conozco casos en que la laboriosidad y buena conducta (puntualidad, eficiencia, etc.) de un funcionario ha creado recelos entre sus compañeros más veteranos que le han acabado recriminando su actitud porque les deja en evidencia.
    Un relato cargado de fina ironía que me ha hecho pasar un buen rato.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy cierto eso que dices, Josep Mª. La profesionalidad y la eficiencia entre funcionarios crea recelos y animadversión entre ellos. Precisamente de ahí saqué la idea para crear esta pieza. Confío en no llegar jamás a los extremos que expongo en mi relato. Aunque sabiendo de lo que somos capaces los seres humanos yo no pondría la mano en el fuego porque no acabásemos llevando a juicio la honradez. Y peor aún, que acabase siendo condenada por pervertir el espíritu del hombre.
      Muchas gracias por tu visita y por tus palabras, Josep Mª. Un abrazo.

      Eliminar
  4. Ainsss Pedro, espero no rozar accidentalmente tus letras con mis manos, ¡¡son ácidas!! :P

    Me he divertido mucho leyéndote, es una parodia perfecta de una realidad que a todos nos ha tocado vivir en un momento u otro, la de tener delante a un funcionario que sigue a la perfección el "Código de conducta" que en tu relato se menciona. Afortunadamente no siempre es así, porque si no los periódicos estarían llenos de sucesos violentos. No está "el público" para aguantar mucho más jajajaja.

    Como siempre ha sido un texto con tu particular sello personal, que por cierto me encanta. Gracias por las risas y por la reflexión que vino después!!

    Un abrazo calorífico, que hoy está el día frío :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me ha encantado tu definición: "Espero no rozar accidentalmente tus letras con mis manos, ¡¡son ácidas!!". Genial, Julia. : )
      Mis letras son fruto del desencanto, del cabreo, de la rebeldía ante tanta injusticia y estupidez. Eso sí, procuro que todo lo malo que me rodea me afecte lo menos posible, de ahí que me sirva del sentido del humor, la ironía y la sátira para denunciarlo sin caer en el amargamiento o el victimismo.
      Aquí hace fresquito, 18º. Sin embargo, los 18º de aquí no son los 18º de la península, pues la humedad que rodea la isla convierte esos 18º en algo así como un invierno en Siberia versión tropical. Nada que no puedan solucionar un café o un té bien calientes, unas prendas de abrigo y un buen libro o una buena peli. Feliz domingo, Julia. Y gracias por la visita.

      Eliminar
  5. Hola Pedro,
    no he parado de reirme desde la primera palabra hasta la última. Qué gran sátira!!.
    Y es que parece que es así muchas veces; parece que les dan instrucciones a los funcionarios de tratar con superioridad y malos modos a los pobres ciudadanos. Creo que incluso a los que están en alguna ventanilla atendiendo a la gente, les dan algún día más de vacaciones por decir aquello de "le falta el impreso X, no puedo tramitar su solicitud, vuelva Ud. mañana"
    Que tengas muy buena semana, un abrazo fuerte!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Confieso que pasado el tiempo soy capaz de hasta reírme y sacarle punta a según qué situaciones, pero ha habido ocasiones en que de buena gana le hubiese hecho tragar a alguno de esos funcionarios su mala baba y sus malos modos. Sin embargo, no sé si por la crisis o porque la gente hace tiempo que no está dispuesta a tragar con según qué cosas, últimamente me he encontrado con funcionarios de lo más amable y cercano. Que dure la racha.
      Yo también te deseo que tengas una muy buena semana, Erika, y te envío un fuerte abrazo desde este rinconcito del Atlántico.

      Eliminar
  6. ¡Qué gentuza! ¡Tratar bien a los ciudadanos...! A dónde vamos a llegar... Poco dura me parece la sentencia... (bueno, no, en realidad creo que con la sentencia el juez se pasó... habría sido preferible la muerte...)
    Gracias por las risas, compañero... :-)
    Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Te das cuenta, Ramón? Si es que... En fin, menos mal que aún quedan suficientes funcionarios incompetentes en la Administración que se esfuerzan cada día por hacer mal su trabajo y tratarnos como el culo. Un abrazo, compañero de letras.

      Eliminar