sábado, 13 de junio de 2015

POR ÚLTIMA VEZ, ¡NO SOY CHRISTOPHER LEE!

Foto: Digital Life

Justo entonces en la sala de espera de la consulta del doctor Feltham sólo había tres personas. Donnie Fuscio, de 29 años de edad, fanático confeso del cine fantástico y de ciencia ficción; Eleanor Rigby, de 51 años de edad, oficinista; y el Conde Viktor Tepes, de 364 años de edad, último descendiente directo del famoso Vlad Draculea, célebre personaje cuya vida inspiró al escritor irlandés Bram Stoker para crear a su insigne conde Drácula.
Eleanor tenía entre sus manos un número atrasado de una de esas típicas revistas de famoseo en las que trabaja gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no tiene nada interesante que contar dirigiéndose a gente a la que no le gusta leer.
La razón por la que a Eleanor le gustaban tanto aquellas revistas era porque en el fondo sentía envidia por aquellos personajes insulsos que posaban en aquellos idílicos parajes, cuando no en sus idílicas mansiones, o en sus idílicos yates de lujo atracados en idílicos muelles deportivos mientras exhibían sin pudor su idílica estupidez. Eleanor envidiaba sus estilos de vida, tan alejados del suyo. Le fascinaban el glamour que destilaban, la elegancia y el innegable estilo que desplegaban para mostrar al mundo su total ausencia de conciencia social. Ya lo decía Frank Zappa: «La estupidez posee un cierto encanto del que la ignorancia carece».
El joven Donnie, mientras tanto, leía por cuarta o por quinta vez La guerra de los mundos, la novela que H.G.Wells escribió en 1898 y que inspiró la famosa emisión radiofónica con la que Orson Welles logró sembrar el pánico entre la población estadounidense en la noche de Hallowen de 1938.
El conde Viktor Tepes no leía nada. Se limitaba a mirar fijamente a un punto indeterminado de la pared que tenía justo enfrente.

Mientras Donnie leía su libro no dejaba de mirar de soslayo al conde, ya que ambos ocupaban esquinas opuestas del mismo sofá.
Las miradas de Donnie, al principio tímidas y furtivas, se fueron haciendo cada vez más descaradas y continuadas. A Donnie aquel hombre de imponente presencia física y distinguido porte le recordaba a alguien; si bien, a pesar de sus esfuerzos, no conseguía ubicarlo del todo en el complejo entramado de su cerebro. Su carácter obsesivo le empujó a hacer un exhaustivo examen por los intrincados recovecos de su biblioteca mental, hasta que, pasados unos minutos, Donnie creyó haber hallado al fin la respuesta que buscaba.
«No hay duda —se dijo para sí—. Es él». A partir de aquí dio comienzo una dura batalla mental entre su timidez y su arrojo. Y aunque por momentos fue la timidez quien parecía tener ganada la partida, fue finalmente el arrojo quien consiguió hacerse con el triunfo.
Disculpe —dijo Donnie dirigiéndose al conde.
¿Sí? —dijo el conde Viktor Tepes lamentando ver interrumpida su abstracción.
Le conozco —dijo Donnie.
¿De veras? —dijo el conde.
Sí. Usted es Christopher Lee.
No. No lo soy —dijo el conde.
Sí que lo es.
Sin duda me confunde usted con otra persona.
Ah, ya entiendo. Está de incógnito. Tranquilo, señor Lee. Su secreto está a salvo conmigo. Aunque quizás debería saber que disfrazado de esa forma habrá mucha gente que de manera harto inevitable le acabe relacionando con su periodo en la Hammer. Sobre todo con esa larga capa negra y el dobladillo rojo. ¿Sabe a qué me refiero, señor Lee?
Oiga, no tengo ni idea de lo que me habla. ¿Y por qué se empeña en llamarme señor Lee? Mi nombre es Viktor Tepes. Conde Viktor Tepes.



(El resto de la entrada estará próximamente disponible a la venta en un nuevo libro de la colección ABSURDAMENTE).


16 comentarios:

  1. Muy bueno, Pedro!
    Me encanta el personaje de Eleanor con su revista para los que no les gusta leer.
    Pobre conde! eclipsado por la fama de hollywood!

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    1. Muchas gracias, Paola. Soy consciente de que la parte de Eleanor puede parecer una ácida crítica a las revistas del corazón y a los personajes que pululan por ellas. Y en realidad lo es. Aunque, dicho esto, admito sin rubor que yo también he caído más de una vez en las adictivas redes de ese tipo de prensa, lo cual fortalece aún más si cabe la idea que subyace en la genial frase del maestro Zappa: «La estupidez posee un cierto encanto del que la ignorancia carece». : )

      Una vez más, te agradezco enormemente la generosidad que siempre demuestras hacia mis escritos. Un abrazo, Paola. : ))

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  2. Pobre hombre, vivir tantos años para encontrarte pesados como esos. Y es que los frikis no tenemos medida. Una vez más me he reído imaginandome esa consulta y a la señora Eleanor mirando de soslayo, cotilleando la conversación y la foto. Genial. Un abrazo.

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    1. El precio de la fama, querida María. Y es que el ser humano es un eterno insatisfecho. Cuando no eres nadie quieres ser alguien, y cuando al fin eres una celebridad darías lo que fuese por volver al anonimato. Yo, que soy famoso por mis siestas, sé de lo que hablo. A veces me despiertan en mitad de uno de mis monumentales sueñecitos de media tarde sólo para firmar autógrafos. ¡Y es tan molesto e irritante! En fin, como dije antes, es el precio de la fama. :P

      Gracias por tu fidelidad, María. Un abrazo. : ))

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  3. Genial, como siempre, don Pedro.
    Qué pena por el Sr. Lee, a mi juicio el mejor Drácula del 7° Arte y tengo entendido que un hombre cultísimo.
    Un brindis por él.
    -"Gracias, pero yo jamás bebo... vino".

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    1. Muchas gracias, José Florentino. Sí que es una lástima que muera gente que ha hecho tanto por sacarnos del tedio de la existencia. Y a otros, ¡ni una mala gripe, oiga! :P

      Según he podido leer en los diferentes artículos que en estos días se han escrito a propósito del señor Lee, sí que era un hombre muy culto. Hablaba varios idiomas con fluidez, incluido el español. Y era un enamorado del heavy metal. Hasta llegó a grabar varios discos en ese estilo. Un hombre interesante, sin duda. Una lástima su muerte. Pero como le decía esta misma mañana a una amiga, al final consiguió hacer realidad el sueño de Drácula, pues vivirá eternamente gracias al cine.

      Un abrazo, José Florentino. Y gracias por leer y comentar. : )

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  4. Hola Pedro! Un post maravilloso.
    Cómo comprendo al pobre conde Tepes! A mí me pasa lo mismo. No, no me confunden con Christopher Lee. Me confunden con Leonard Nimoy! No sé a qué podrá deberse... En fin, me vuelvo al puente de la Interprise.
    Larga vida y prosperidad!

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    1. Hola, Eva. Muchas gracias, guapa. ¿Cómo es eso que te confunden con Leonard Nimoy? Deberían confundirte con la princesa Leia, o con una princesita Disney. O mejor, con Dorothy de camino a la Ciudad Esmeralda. Aunque peor es lo mío. A mi siempre me confunden con Shrek. ¿Qué te parece? :P
      Gracias por la visita, chiquilla. Y larga vida y prosperidad para ti también. (Lo del saludo trekkie con los dedos no lo hago porque no me sale; siempre que lo intento me sale un churro). ; )

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  5. Hola Pedro! Un post maravilloso.
    Cómo comprendo al pobre conde Tepes! A mí me pasa lo mismo. No, no me confunden con Christopher Lee. Me confunden con Leonard Nimoy! No sé a qué podrá deberse... En fin, me vuelvo al puente de la Interprise.
    Larga vida y prosperidad!

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    1. Hombre Eva, ¿tú otra vez por aquí? Pues qué bien. Ya sabes que puedes venir todas las veces que quieras. Es gratis. Entra y siéntete como en casa. ¿Te apetecen unas palomitas? Las hago en nada. 5 minutos en el microondas y listo. Ya si eso me dices. Un beso. : ))

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  6. Estupendo homenaje a un actor carismático, que pasaré a formar parte de la galería de celebridades añoradas por los papeles representados.
    los actores muchas veces han conseguido eclipsar a los personajes representados.
    Enhorabuena Pedro por esta escena en clave de humor.
    Saludos

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    1. Muchas gracias, Francisco. Eso que dices es totalmente cierto. Hay actores que consiguen eclipsar a los personajes que interpretan, hasta el punto de mimetizarse de manera asombrosa. Por ejemplo, yo no me imagino a otro actor haciendo del Inpector Closeau más allá de Peter Sellers. Sé que Steve Martin lo intentó, pero le salió de aquella manera. Para mí Closeau siempre será Sellers.
      Saludos, y gracias por pasarte por aquí una vez más. Un abrazo.

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  7. No se con que me reido más si con la historia o con tus respuestas, no sabía yo lo de tu fama con las siestas, eres genial, saludos Amigo.

    pd: A mi me confunden con pipi cazarlagas, y que lastre!

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    1. Hola Rosa, queridísima ilustradora y compañera en MOON. Lo de las siestas es rigurosamente cierto. Me encantan. Adoro dormir, de hecho. Muchas de mis historias han surgido a raíz de algunas de esas siestas, te lo aseguro. De ahí que siempre procure tener a mano una libreta y un boli, por si acaso. : )

      Lo que no sabía era lo de tu parecido con Pipi Calzaslargas. Intuyo que eres pelirroja y de largas trenzas, y con un montón de pequitas cubriendo tus mejillas. Después de eso sólo te faltaría pintar de colorines a un hermoso corcel blanco. Y eso, conociendo tu pasión por la pintura y los pinceles, sí que me cuadra perfectamente con tu forma de ser, ya ves. ; )

      Gracias por la visita, Rosa. Un abrazo.

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  8. Una vez más me has divertido con tu gran y fino sentido del humor. Con lo de fino me refiero a que no usas la gracia fácil y simple. Supongo que es algo innato en ti pero creo que no resulta nada fácil ser elegante a la hora de escribir humor. ¿Humor intelectual quizás? ¿Humor inglés? Lo que sea pero lo haces con una aparente naturalidad...
    La historia me ha encantado. Se nota que te gusta el cine. A mí también. Cuántas películas no habré visto con Christopher Lee en el reparto. Espero que allí donde esté, no le tomen por el Conde Drácula.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Josep Mª. Te confesaré algo. Desde la primera vez que llegaste a ésta, tu casa, tus comentarios han sido de lo más generosos y motivadores. A cada nueva publicación mía le seguía un generoso comentario por tu parte. Y eso crea adicción. No sé si engorda o no -aunque admito no sin cierto rubor que he ganado peso últimamente-, pero lo que sí sé es que tus comentarios consiguen hinchar como un pavo mi ego y el de mi blog. Así lucimos ambos. Parecemos dos budas rechonchos y bonachones. Bueno, él es más gruñón que yo. Ya le conoces.
      Con esto te quiero decir que tanto mi blog como yo te agradecemos tus palabras de aliento y de ánimo en todo este tiempo. Eres un buen tío, Josep. Y dentro de muy poquito serás un buen abuelo. Estoy absolutamente convencido de ello.

      Un abrazo, Josep. Y gracias por todo. : )

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