lunes, 13 de julio de 2015

GAZPACHO, EL ALIMENTO DE LOS DIOSES

"El triunfo de la civilización", óleo de Jacques Réattu (1793)

MONTE OLIMPO (Verano del 398 a.C.)
Se cumplía un año de la muerte de Sócrates, considerado por muchos como uno de los más grandes filósofos de la historia.
Desde el momento de su óbito, en el 399 a.C., Sócrates residía en el Olimpo por una mínima cuota de alquiler que sufragaba haciendo labores de mayordomo y secretario. Resulta que una vez muerto acabó habitando entre los dioses a los que negó en vida y por lo que fue condenado a morir con cicuta. Irónico, ¿no?
Sócrates, bañado en sudor, intentaba refrescarse con un abanico de plumas de ganso.
¡Por todos los dioses, qué calor! —proclamó al borde de la insolación—. Y digo yo, ¿no tenéis algún remedio que ayude a paliar este sofocante calor?
Yo estoy con Sócrates —dijo Eolo, dios del viento—. La verdad es que estoy cansado de resoplar.
¿Tú no podrías hacer algo? —propuso Artemisa a su hermano Apolo—. Al fin y al cabo tú eres el dios del sol.
¿Y qué te piensas, que tengo un interruptor con el que puedo encender y apagar el sol a voluntad? —respondió Apolo de muy malos modos.
En esto que llegó Hermes, el mensajero de los dioses.
Escuchad chicos, tengo una importante noticia que daros.
Los dioses miraron a Hermes con sudorosa indiferencia.
Vengo de la Tierra. Resulta que una cocinera de Hispania acaba de crear una receta que, según cuentan quienes la han probado, es capaz de combatir los rigores del verano.
Sí, ya —dijo Poseidón.
Lo digo en serio —prosiguió Hermes—. Esta buena mujer se llama Macarena, y os aseguro que su receta dará mucho que hablar.
¿Y cómo dices que se llama la receta? —dijo Sócrates.
Gazpacho —confirmó Hermes.
¿Gazpacho? —dijo Sócrates.
¿Y en qué consiste esa receta? —intervino Atenea mostrando un repentino interés.
Ésa es la cuestión. Que nadie lo sabe con certeza. La muy pilla quiere mantener en secreto su descubrimiento y hacerse rica a su costa —dijo Hermes.
¡Nadie está por encima de los dioses! —bramó Zeus provocando que un poderoso trueno saliese de su cetro y rasgase los cielos.
¿Y qué podemos hacer para robarle la receta? —dijo Eolo.
Se me ocurre que podríamos matarla y luego hacerla venir aquí, al Olimpo —propuso Hera, esposa de Zeus, la cual, debido a las constantes infidelidades de su donjuanesco marido, odiaba por definición a todas las mujeres.
No seamos drásticos. Mejor que vaya Hades a negociar con esa mujer —ordenó Zeus.

Y así fue como Hades, dios del inframundo, adoptó apariencia humana y bajó a la Tierra, concretamente a un pequeño pueblo situado al sur de Hispania.
Siguiendo las indicaciones de Hermes, el dios Hades no tuvo problemas en dar con la casa de Macarena, la cocinera inventora del gazpacho.
Hades golpeó la puerta con los nudillos.
¿Quién es? —se oyó decir a una mujer desde el interior de la casa.
Vengo en busca de Macarena.
¡Eeeeh, Macarena...aaahe! —apuntaron un par de tipos apostados a la sombra de un toldo situado justo en la acera de enfrente.
Hades se dio la vuelta.
Y vosotros, ¿quiénes sois?
Yo soy Antonio. Y éste es mi compadre Rafael. Somos Los del Río. Y se nos ha ocurrido que podríamos hacer una canción con ese estribillo tan pegadizo. Luego inventaremos un bailecito chorra y, ¡hala!, a ganar dinerito. ¡Eeeeh, Macarena...aaahe!
Pues vale —dijo Hades con indiferencia.
En esto que Hades notó que la puerta de la casa se abría a sus espaldas. Ante él emergió aquella mujer, de edad intermedia. La mujer llevaba puesto un vestido cubierto por un delantal de cocinera. En el delantal tenía bordada la siguiente leyenda: «I love gazpacho».
¿Es usted Mararena? —dijo Hades.
Digo. ¿Y usted quién es? —dijo la mujer.
Mi nombre es Hades. Y vengo del Olimpo.
Pues hay que ver lo pálido que estás, hijo.
Sí, bueno. Un poco.
¿Un poco? Chiquillo, ¡pero si pareces un miembro del reparto de The Walking Dead!
Verá, hasta mis oídos ha llegado que es usted la mejor cocinera de toda Hispania, y he venido hasta aquí atraído por sus guisos. Concretamente por su famoso gazpacho.
No serás jurado de Masterchef, ¿no? —dijo Macarena con desconfianza.
¿Quién? ¿yo? ¡No, por los dioses! —se defendió Hades.
Pues entonces vale. Pase. Le vendrá bien un tazón de gazpacho para cojer color; que parece usted la baronesa Thyssen imitando al payaso de It.
Hades entró en la casa y siguió a Macarena hasta el comedor.
Aguarde aquí. Enseguida vuelvo —dijo Macarena.
Hades se sentó a la mesa. Al cabo, la mujer regresó al comedor con un tazón de gazpacho y una cuchara.
Aquí tiene, miarma. Pruebe usted.
Los ojos de Hades se volvieron del revés al probar aquella deliciosa receta. Nunca, en sus millones de vidas anteriores, había degustado algo ni remotamente parecido. El sabor, la textura, el aroma de aquel delicioso manjar le hizo ver lo extraordinario de aquella receta.
¡Por todos los dioses del Olimpo, esto está divino de la muerte! —dijo Hades—. Y mire que yo de muerte sé un rato.
Gracias, miarma —dijo Macarena con orgullo.
¡Quiero la receta del gazpacho! —dijo Hades—. Le daré lo que me pida por ella.
De eso nada —fue la respuesta de Macarena.
¿Por qué no?
Porque si le diese a usted mi receta, adiós negocio. Lo que sí puedo hacer es venderle cuanta cantidad de gazpacho esté dispuesto a pagar.
De acuerdo —pensó Hades con rapidez. Mejor eso que nada.
Pero antes, una cosita —dijo Macarena. Nada de dinero griego. Que la cosa está bastante jodía ahora mismo en Grecia. Yo quiero oro, que eso siempre se revaloriza.
Hecho.
Macarena llenó como doce ánforas de gazpacho. Hades pagó en monedas de oro el precio convenido y se volvió al monte Olimpo, junto al resto de divinidades.
Chicos, ya estoy de vuelta —saludó Hades.
¿Has traído la receta del gazpacho? —preguntó Zeus.
No. Esa mujer es un hueso duro de roer. Lo que sí he traído es cantidad suficiente de gazpacho para degustar. A partir de aquí debemos hacer un esfuerzo entre todos para averiguar uno a uno los ingredientes gracias a nuestro privilegiado paladar.
Dicho y hecho. Hades sirvió suficientes platos de gazpacho para todos. Y cada uno fue diciendo en voz alta lo que su paladar le dictaba.
¡Tomate! —gritó Hera.
¡Pimiento verde! —gritó Eolo.
¡Vinagre! —gritó Poseidón.
¡Ajo! —gritó Afrofita.
¡Sal! —gritó Atenea.
¡Pepino! —gritó Apolo.
¡Aceite de oliva! —gritó Zeus.
Y mientras los dioses desgranaban uno a uno los ingredientes del gazpacho, el bueno de Sócrates iba anotándolo todo en unas tablillas de piedra, al tiempo que refunfuñaba para sus adentros:
¡Hay que joderse! En vida no llegué a escribir ni una sola línea de mis pensamientos filosóficos y ahora, después de muerto, aquí me tienes, anotando la receta del gazpacho como un cocinillas cualquiera.

Y después de aquel día los dioses del Olimpo fueron felices, pero no comieron perdices. En vez de eso bebieron litros y litros de gazpacho por los siglos de los siglos. ¡Eureka!

Nota del autor:
Este cuento está especialmente dedicado al DÍA MUNDIAL DEL GAZPACHO, el cual se conmemora el 21 de Julio. Más información:
#DIAMUNDIALDELGAZPACHO






18 comentarios:

  1. Me ha encantado tu homenaje al gazpacho. ¡Ay que ver con Macarena! Una andaluza dura de roer. Pero bueno, si te gusta el gazpacho, el salmorejo te tiene que encantar también. No es por desmejorar al gazpacho. Son mis recetas estrellas del verano para acabar con la calor que nos está invadiendo.
    Me ha encantado el toque de lo actual en la época griega de los Dioses del Olimpo.
    Un besillo.

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    1. Hola, María. Gracias por pasarte por aquí. ¿Puedes creer que yo nunca he probado el gazpacho? Como lo oyes. O más bien, como lo lees. No obstante, me había comprometido con una compañera a escribirle algo relacionado con el Día Mundial del Gazpacho y aquí me tienes. Bueno, no a mí sino a mis letras. Tampoco he probado el salmorejo. Y eso que soy de buen comer. En fin, supongo que más temprano que tarde tendré que poner remedio a eso, ¿no crees? : )
      Un beso, María. : )

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    2. ¡Madre mía! ¡No sabes lo que te pierdes! A mi me pirran los dos. Sobre todo en verano. NO hay nada como abrir la nevera y darle un traguito a ese gazpacho fresquito ummm. Tienes que remediarlo enseguida.
      Un beso, Pedro.

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    3. Vale. Te haré caso. Pero porque me lo dices tú, ¿eh? Que conste. : )

      Un beso, María. :D

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  2. ¡Bravo maestro! Tu arte no conoce fronteras: ni geográficas, ni culinarias, ni humanas, infrahumanas o sobrehumanas. Te has superado amigo Pedro!

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    1. Vale. Veo que te llegó mi cheque por correo. Esto, una cosa, si te lo pagan me avisas. Porque igual hay dinero en la cuenta y yo no me he enterado. Jajajaja.

      ¿Qué puedo decir, Fallera Mayor del Reino, Princesa del optimismo, Alcaldesa de Ciudad Esmeralda? Pues que es usted un encanto. Y su señor marido, un tío con mucha suerte. Y seguro que buena gente también. Si es que lo tenéis tó, miarma.

      Un abrazo, Evita. : )

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  3. Como que Macarena? jajaja genial y no tan absurdo.. muy divertido!

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    1. Ya sabes, Rosa, por aquello de: "Dale a tu cuerpo alegría, Macarena, que tu cuerpo es pa' darle gazpacho cosa buena". Si la propia canción lo dice. Oye, que no lo digo yo, que lo dicen Antonio y su compadre Rafael. :P

      Muchas gracias por la visita, compi MOON. Un beso. : )

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  4. Todo vale en el mundo imaginario de los dioses y en el humor, una mezcla de ingredientes desternillantes más allá de cualquier cronología fija, un gazpacho de gags que arrancan la carcajada y amenizan el calor, aplaudo el relato y al autor. Brillante, divertido y sumamente original. Bravo Favelo. Estoy seguro de que a Allen le encantarían tus textos de humor, absurdamente inteligente.
    Saludos, compañero.

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    1. Wow, gracias Edgar. Me has nombrado al dios Allen -ése sí que es un verdadero Dios, junto a Zappa y Groucho, por el que estaría dispuesto a abandonar mi ateísmo confeso-, y...wow. Me has dejado de piedra. Bueno, de cartón piedra para ser más exacto, como aquellas películas ambientadas en la roma Imperial y la Grecia clásica que se hacían en España a mediados de la década de los 60's.

      Te agradezco tus halagadoras palabras, Edgar. Me hace feliz saber que mis letras hallan eco en vosotros, lectores y compañeros de letras, quienes con vuestras visitas y vuestros comentarios hacéis que cada semana me siga exprimiendo los sesos para intentar sorprenderos.

      Saludos, compañero. Y gracias, una vez más. Un abrazo. : )

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    2. Y, por supuesto, estás perdonado. Faltaría plus. :P

      Un abrazo. : )

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  5. Pedro,
    me has dejado fascinada con la historia. Le he leído tres veces. Te has salido. Qué original y divertida.
    Lo de la Macarena ha sido el remate. ¡Gazpacho, caprice de deux!
    Por cierto ¿cómo que nunca has probado el gazpacho ni el salmorejo? ay, ahí me has dejado con los ojos como platos jajaja
    Un beso

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    1. Hola, Erika. ¿De verdad la has leído tres veces? ¡Wow! Lo cierto es que este post está siendo todo un éxito, ya que muchos compañeros míos en la revista MOON, y especialmente Judith Bosh y su blog IMGENIUZ, lo están moviendo mucho por las redes sociales. Me alegro un montón que te haya gustado. : )
      Ya ves, ni gazpacho ni salmorejo. Pero ya me han tirado tanto de las orejas en estos días que no me queda otra más que poner remedio a este lapsus gastronómico. :P

      Un beso, Erika. : ))

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  6. Me ha encantado!!qué dioses tan terrenales:)

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    1. Cierto, Eva. Por algo los creamos a nuestra imagen y semejanza, ¿no? ; )

      Bienvenida y gracias por pasarte por aquí, por leer y por comentar. Un saludo. : )

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  7. Pedro, por el amor de DIOS!!, qué bueno el toque final de Sócrates! jajajaja, en su vida no escribió nada y ahora escribiendo la receta del gazpacho!! jajaja, pa matarlo!! ah, no, que ya está "morido". jajajaja
    Me voy a beber un poquito de mi gazpacho que me ha entrado un capricho.. si quieres te paso mi receta que es muy rica también!! jejeje
    un abrazo, chavalín!

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    1. Bueno, al menos leer mi cuento te ha servido para algo: para abrirte el apetito. : ) La receta pásasela a Sócrates para que la anote en unas tablillas. O mejor no. El tipo está muy mosca últimamente. Desde aquella vez en que escribió para los dioses, aún tiene callos en las manos. Según tengo entendido, el tipo se plantó y se negó a escribir nada más hasta que le echasen un Ipod para los Reyes. Fíjate tú. : )

      Un abrazo, chavalote. Ah, también puedes subir tu receta al "feisbuc" ; )

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