sábado, 31 de enero de 2015

CUESTIÓN DE PRIORIDADES



Yo la amaba con locura. Estaba locamente enamorado de ella. Pero ella no sentía lo mismo por mí. Ni de lejos.
En su lista de prioridades yo ocupaba el último lugar. Por delante de mí estaban sus padres, sus hermanos y hermanas, sus tíos y tías, sus primos y primas, sus abuelos y abuelas, sus amigos y amigas de la Universidad, sus amigos y amigas de la infancia, sus compañeros y compañeras del trabajo, incluso sus jefes y jefas; Chris Martin de Coldplay, el bajista de Coldplay, el guitarrista de Coldplay, el batería de Coldplay, el mánager de Coldplay, hasta los tíos que montan y desmontan los escenarios donde tocan Coldplay; Bill Murray el actor, el gordo ese que escribe los libros de Juego de Tronos, su psicóloga –me refiero a la psicóloga de mi novia no a la psicóloga del gordo ese que escribe los libros de Juego de Tronos, pues ignoro si ese tío visita o no a una psicóloga–.
En fin, la lista sería interminable.
Un día mi novia y yo fuimos juntos de compras. Ella quería comprarse un bolso y unos zapatos a juego. Matizo, en realidad ella SIEMPRE quiere comprarse un bolso y unos zapatos a juego. Todos los días del mundo quiere comprarse un bolso y unos zapatos a juego. Haga frío o haga calor, esté próximo su cumpleaños o no, estemos cerca de las Navidades o de San Valentín o del Día de la Compra Compulsiva e Inmotivada auspiciada por un Centro Comercial cualquiera, ella SIEMPRE, insisto, SIEMPRE, quiere comprarse un bolso o unos zapatos a juego.
Así que entramos en aquella tienda enorme situada en la planta baja de uno de los setecientos mil Centros Comerciales que siembran nuestra ciudad. Para ser sincero, de un tiempo a esta parte tengo la extraña sensación de que nuestra ciudad ha dejado de ser una ciudad para acabar reconvertida en un Gran Centro Comercial que acoge a una ciudad en su seno.

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)

 

domingo, 25 de enero de 2015

RALPHIE EL PLASTA


Hola. Mi nombre es Ralph Stonebridge, aunque todos los que me conocen me suelen llamar Ralphie. Actualmente vivo en Chester, capital del condado de Cheshire, en el Noroeste de Inglaterra. Vivo con mi madre. Mi padre no vive con nosotros. Se marchó un día y desde entonces no hemos vuelto a saber nada más de él. Mi madre dice que mi padre tuvo mucha más suerte que ella, que fue más listo. Aunque siempre que dice eso no sé a qué se refiere exactamente. Mi madre a veces es muy difícil de entender. Ya os hablaré de ella más adelante.
No tengo hermanos. Ni hermanas. Supongo que esa y no otra es la razón por la que soy hijo único. Y primogénito, además.
Mis aficiones favoritas son escuchar música heavy a todo volumen y ver porno en Internet. Me encanta ver porno en Internet. ¿Y a quién no? Yo creo que a todo el mundo le gusta ver porno en Internet. Hasta los que dicen que no suelen ver porno en Internet en realidad sí que ven porno en Internet. Esos sobre todo.
Otra de mis aficiones favoritas consiste en gastarle bromas a la gente. Todo el mundo en Chester lo sabe. Aunque están tan acostumbrados a ellas que ya ni se ríen. Una de mis bromas favoritas consiste en tirarle huevos podridos a la gente mientras yo me escondo, detrás de un árbol, o de un coche aparcado, o de Bubbles “la gorda adicta a los pasteles de carne”. ¡Resulta tan divertido!
Pero no os vayáis a creer que yo soy el único bromista que hay en Chester. De hecho, creo que Chester es uno de los sitios del mundo donde más bromistas hay. Sin ir más lejos, todos los que me conocen intentan jugar al escondite conmigo cada vez que me ven. Bob “Milk” el lechero, Diane “Postcard” la cartera, incluso Chuki “el yonqui adicto al crack y a la heroína con tres dientes y cara de zumbado”. Todos ellos no dudan en esconderse cada vez que me ven. 
Recuerdo aquella vez en que Tom Wilkins, el carnicero, se subió a un árbol para esconderse de mí. El pobre hombre perdió el equilibrio y cayó de espaldas. ¡Menudo mamporro se dio contra el suelo! Pero, ¿queréis saber lo más curioso? Pues que cuando el bueno de Tom salió del hospital lo primero que me dijo nada más verme fue que romperse todos los huesos del cuerpo era lo mejor que le podía haber pasado, pues se pasó doce semanas sin verme el careto. Yo sé que el bueno de Tom dijo eso para que yo no me sintiese culpable de su caída. Y es que todos en Chester me adoran. Y yo a ellos. 

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)

  

sábado, 17 de enero de 2015

EL (OTRO) PROCESO



La sala estaba llena a rebosar. Aquel juicio había creado tanta expectación entre la ciudadanía que hasta hubo codazos para asistir al recinto. Nunca antes se había visto un juicio como aquel. Por primera vez en la historia se juzgaba a un funcionario público acusado de atender correctamente al público.
El juez Atkins entró en la sala. Su presencia era mayestática, como la de un rey absolutista del XVIII o un crítico culinario actual. Con la barbilla alzada miraba a todo el mundo por encima del hombro; lo hacía así porque la noche anterior había dormido en mala posición y sufría de tortícolis. Por este mismo motivo caminaba de lado, como un cangrejo. Resultaba esperpéntico.
En pie –anunció el alguacil–. El juez Atkins preside la sala.
Todos los presentes se pusieron en pie. El juez Atkins ocupó su asiento en lo alto del estrado.
Pueden sentarse –dijo el juez del cuello torcido.
Todos los presentes volvieron a ocupar sus asientos.
Póngase en pie el acusado –dijo el juez.
George Clemens hizo lo que se le pedía. George, de 32 años, llevaba 5 años trabajando como funcionario público en la Agencia Tributaria Estatal. Desde el primer día en que ocupó su plaza de funcionario su comportamiento no había pasado en modo alguno desapercibido ni entre sus compañeros ni entre sus superiores.
George no era un funcionario normal. Al contrario. Siempre llegaba a su hora, sus pausas para el desayuno jamás sobrepasaban los límites fijados por la ley, y nunca, jamás, dejaba una gestión a medias. Además de eso se mostraba siempre dispuesto a echar una mano a algún compañero en apuros, lo cual, en vez de granjearle las simpatías de sus colegas, alimentaban sus recelos. Todos recelaban de él. Sus compañeros de sección recelaban de él, sus jefes de sección recelaban de él. Hasta la mujer de la limpieza recelaba de él, pues George era el único que jamás se quejaba cuando la limpiadora le vaciaba la papelera o le pedía que apagase el monitor para pasarle el paño de microfibra antiestático y poder ver mejor las manchas de polvo y suciedad adheridas a la pantalla.
Por si todo esto no fuese suficiente, George tenía la mala costumbre de saludar siempre con corrección a todo el mundo, de mostrar una amplia sonrisa cuando atendía al público y de buscar soluciones a los problemas que los contribuyentes le planteaban.
En definitiva, George Clemens era un mal funcionario. De los peores.

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)


 

martes, 13 de enero de 2015

PREMIO "ME QUEDO CONTIGO"


Casi nunca lo hago, pero este año me dio por hacer una lista de propósitos de Año Nuevo. Entre esos propósitos había uno que consistía en: «Ser nominado a un premio por una blogger guapa, pelirroja y de ojos azules y que encima escriba bien». Y mira tú por dónde que gracias a Isabel P. Salas hoy puedo tachar ese propósito de mi lista. Increíble.
Mi siguiente propósito consiste en vender un millón de ejemplares de mi próximo libro (¿Has oído eso “azar”, “destino”, “karma” o “conciencia cósmica”? Pues ve tomando nota).

Ahora en serio –o al menos eso intentaré–. Muchas gracias a Isabel P. Salas y su blog EL CANARIO Y LA MÁQUINA DE COSER por este premio. Considero un placer que me hayas distinguido con este galardón. Te estoy agradecido.

Las normas de aceptación del premio incluyen las siguientes condiciones:

SER SEGUIDOR DEL BLOG QUE TE HAYA NOMINADO.
Desde hace unos pocos meses sigo el blog de Isabel. De sus muchos y variados posts mi favorito es éste, titulado EUSKAL HERRIA.
NOMBRAR EL BLOG DE LA INICIATIVA Y DECIR QUE ES LA CREADORA DE ESTE PREMIO.
CROCHET Y DEMOS, cuya autora es Soraya, es la creadora de este premio. Y esta es su dirección: http://crochetydemos.blogspot.com.es/
NOMINAR 4 BLOGS CON LOS QUE TE QUEDARÍAS Y NOMINAR UN BLOG NUEVO O QUE TENGA POCOS SEGUIDORES.
Mis 5 nominados (por orden alfabético) son:

ALEJANDRA SANDERS y su blog CUENTOS DE TERROR Y PROFECÍA.
En el blog de Alejandra podéis encontrar de todo, desde cuentos oscuros y siniestros hasta sentidos poemas de amor. Por cierto, no os asustéis si al entrar en su blog os recibe una voz que no sabéis muy bien de dónde sale. Se trata de un espíritu que, dependiendo del día, unas veces adopta apariencia masculina y otras femenina. Un cachondo, el espíritu.
ANA LÍA RODRÍGUEZ y su blog CUENTOSNSK.
Leonesa de pura cepa, ella asegura que olvida pero no perdona. No sé si eso es cierto o no, pero yo, por si acaso, procuro no enfadarla.
JULIA C. y su blog PALABRAS Y LATIDOS.
En su presentación asegura ser "sólo una persona, que ya es mucho". Yo añado que, además de eso, es una buena persona. Sólo tenéis que leer lo que le sale del corazón para daros cuenta de ello.
JOSEP Mª PANADÉS y su blog CUADERNO DE BITÁCORA.
Conocí a Josep Mª a raíz de un elogioso comentario que dejó en mi blog. A partir de aquí entré en su blog, me gustó lo que leí y allí me quedé.
JOTAPÉ REFLEXIONA y su blog REFLEXIONES JOTAPENIANAS.
Al igual que Josep Mª, a Jotapé lo conocí a través de un comentario que dejó en mi blog. Cuando entré en su blog y leí algunos de sus posts lo primero que me llamó la atención fue la sencillez y sinceridad con la que narraba vivencias y reflexiones sacadas de su propia vida. Y además, lo suele hacer con humor. Vale la pena leerle. En serio.
REALIZAR UN POST CON LA INICIATIVA Y COMPARTIR EN SUS BLOGS Y REDES SOCIALES.
Pues eso.


En fin, que muchas gracias Isabel. Siempre es motivo de orgullo recibir un premio como reconocimiento a tu labor. Y eso, para un escritor en ciernes como yo, es motivo más que suficiente para sentirse honrado y agradecido.

Por mi parte lo único que me queda por decir es que os agradezco vuestra fidelidad a todos y cada uno de los que me visitáis cada semana. A todos vosotros, GRACIAS.

domingo, 11 de enero de 2015

SPAM



Todas las mañanas, al encender su PC y acceder a Internet, Aldoux Coleman mantenía viva la esperanza de que la pantalla de su ordenador se llenase por completo de spam.
Sin embargo, desde hacía unas cuantas semanas nada de eso ocurría. El spam había desaparecido por completo. Para su desesperación, en su pantalla ya no aparecían esos llamativos y parpadeantes banners de casinos online, premios de sorteos en los que ni siquiera sabía que participaba, acceso a webcams de contenido pornográfico o políticos corruptos solicitando su voto.
A partir de aquí, confuso y ofuscado, Coleman accedía a la bandeja de entrada de su cuenta de correo electrónico con la esperanza de hallar toneladas de mensajes de correo basura o con remitente desconocido; pero, al no encontrar nada de eso, entraba en una profunda decepción.
Empujado por la desesperación, Coleman hizo sus averiguaciones. Consultó decenas de páginas en Internet que hablaban de este tema, e incluso probó a entrar en foros abiertos consultando la manera de volver a recibir spam. De este modo consiguió que, al cabo de unas semanas coronadas por la ansiedad, alguien le facilitase la dirección de un chat exclusivo con el que contactar con spammers.
Preso de la excitación –aunque sin pagar rescate por ello–, Aldoux Coleman entró en el citado chat.
¿Hola? Mi nombre es Aldoux Coleman. Soy un usuario de Internet –escribió.
Hola, Aldoux Coleman. ¿Cuál es su duda? –le respondió el spammer contactado.
Disculpe, ¿es usted spammer? –escribió Aldoux.
Señor Spammer, si no le importa. El respeto es muy bonito –obtuvo como respuesta.
Desde luego, tiene usted razón –escribió Coleman–. Le ruego que me disculpe, señor Spammer.
Eso está mejor. A ver, ¿qué desea Mr. Coleman? –escribió el señor Spammer.
Deseo spam.
¿Desea spam?
Sí. Deseo spam.
¿Está seguro que desea spam?
Absolutamente seguro. Deseo spam.
¿Por qué? Nadie quiere spam. Todo el mundo odia el spam.
Yo no –escribió Aldoux.
Bueno, vale. Todo el mundo odia el spam menos usted. Pero, ¿por qué? ¿Cuál es la razón? –escribió el señor Spammer.
Me gusta el spam. Adoro el spam. Necesito el spam. Ansío el spam. Joder, ni siquiera tengo un cortafuegos instalado en el ordenador. Ni antivirus. Ni filtros anti-spam. Por favor, se lo ruego, lléneme de spam, ínfleme a spam, sature mi equipo de spam. Lo pido, lo reclamo, lo solicito, lo imploro. Por favor, señor Spammer, ¡spanéeme!...

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)


 

sábado, 3 de enero de 2015

NOCHE DE REYES



Debían ser alrededor de las dos de la madrugada. Yo estaba dormido, hasta que unos ruidos procedentes del salón me despertaron. Entré en pánico. A mis cuarenta y nueve años aquella era la primera vez que sufría un atraco. Matizo; aquella era la primera vez que sufría un atraco sin mediar la Agencia Tributaria de por medio.
Me levanté de la cama con sigilo. Pero resultó que sigilo era mucho más cobarde que yo, y enseguida corrió a esconderse debajo de la cama. Maldito traidor.
Opté por no encender la luz del dormitorio. No quería delatar mi presencia a los ladrones. Sabía que eran varios porque los había oído susurrarse cosas entre ellos. Así que busqué a tientas algo con lo que defenderme antes de salir al salón a enfrentarme a esa gente.
Recordé que en uno de los cajones de mi cómoda aún guardaba un ejemplar de El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon. «Perfecto –pensé–. Si esos tipos se ponen chulos amenazaré con leerles las primeras páginas de este tocho infumable de más de 700 páginas de insulsez posmodernista. Eso conseguirá persuadirles».
Armado con Pynchon salí al salón. Encendí la luz y, ¡oh, sorpresa! Al igual que las entidades bancarias durante la crisis, tampoco yo podía dar crédito a mis ojos. Ante mí había tres tipos ataviados con ostentosos trajes de armiño y terciopelo, relucientes coronas dispuestas sobre sus cabezas y guantes blancos cubriendo sus manos. Portaban enormes sacos a sus espaldas.
¿Quiénes son ustedes? ¿Y qué hacen aquí, en mi apartamento? –inquirí.
Hola Michael –dijo uno de aquellos tipos erigiéndose en portavoz del grupo–. ¿Es que no nos reconoces? Somos los Reyes Magos de Oriente. Yo soy Melchor, este es Gaspar y aquel de allí que se parece a James Earl Jones es Baltasar.
Cierto, Michael. Somos los tres Reyes Magos –dijo Baltasar. Vaya, pues sí que se parecía a James Earl Jones, ¡hasta tenía su mismo timbre de voz! Aquella voz era impresionante. De poderosa que era retumbaba en las paredes de mi salón y regresaba a mí envuelta en una perfecta y maravillosa dicción.
Disculpe, ¿puede hacerme usted un favor? –dije dirigiéndome a aquel tipo.
Sí, claro. ¿Qué deseas? –dijo él.
¿Puede decir: «Luke, yo soy tu padre»? –sugerí.
Sí, claro. Ejem...Luke, yo soy tu padre.
¡La leche! –exclamé.

 (El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)