sábado, 30 de mayo de 2015

PUES SÍ QUE ESTABA OSCURO



Todo estaba oscuro. Muy oscuro. Muy pero que muy oscuro. Oscurisísimo. Vamos, que no se veía una mierda.
Virgil avanzaba temeroso a través de aquellos escalofriantes corredores donde reinaba el silencio más aterrador. Aquel silencio era únicamente interrumpido por los intensos latidos de su propio corazón desbocado, los cuales rebotaban en sus sienes simulando un solo de batería del gran Billy Cobham.
De repente, en mitad de aquella densa oscuridad, Virgil vislumbró un punto de luz que parecía invitarle a seguirla. Virgil cogió la invitación y se la metió en el bolsillo derecho de su chaqueta. No. En el izquierdo. Tampoco. Quizás la introdujese en el bolsillo interior. Uhm, no sé. No estoy seguro. Lo siento. Ya he dicho que no se veía una mierda.
De manera instintiva, Virgil siguió aquel punto de luz. Previniendo cualquier posible imprevisto, Virgil mantenía sus cinco sentidos en un constante estado de alerta. De este modo Virgil notó en su brazo izquierdo el contacto de una suave brisa. Eso le hizo suponer que había cambiado de estancia. Pero se equivocó. En realidad se trataba de un enano asmático que justo en ese instante pasaba a su lado.
Buenas —dijo el enano asmático. Y diciendo esto, el enano asmático se fue por dónde había venido.


 
(El resto de la entrada estará próximamente disponible a la venta en un nuevo libro de la colección ABSURDAMENTE).


sábado, 23 de mayo de 2015

PONIÉNDONOS AL DÍA



Oye tío, ¿cómo va tu libro?
Mi blog me pregunta que cómo va mi lib...
Ya te lo he dicho, tío. Saben leer.
¿Qué?
Me refiero a que tus lectores, los que entran aquí cada semana, saben leer. Eso quiere decir que cuando leen las frases en azul saben perfectamente que soy yo, tu blog, quien les habla.
Sí, pero, ¿y qué pasa con los lectores nuevos? ¿o con los no habituales? ¿no crees que ellos merecen saber de qué va la cosa?
Vale. Yo me encargo. A ver, lectores nuevos, la cosa es ésta. Pedro Fabelo es escritor, ya sabéis, uno de esos tíos que escriben cosas. ¿Veis la cabecera del blog? ¿y veis lo que reza el subtítulo? Ahí lo pone claramente. «El blog de uno de esos tíos que escriben cosas». ¿Original, eh? Fue idea mía, por cierto...
De eso nada.
¿Cómo que de eso nada?
Lo que oyes. Tú no eres escritor. Yo soy escritor. Tú sólo eres un blog.
Así que un blog, eh. Sólo soy eso. Un blog. Un simple blog. ¿Sabes? Eres cruel, tío. Muy cruel.
Déjalo ya, ¿quieres? Te conozco bien y sé que...¡por el amor de Dios!, ¿estás llorando?
No.
No me lo puedo creer. ¡Estás llorando!
Sí. ¿Qué pasa? Estoy llorando. ¿Acaso un blog no puede llorar o qué?
¡Pero qué melodramático eres! Eres como La Dama de las Camelias de los blogs. Hay que joderse. Déjalo ya. Vas a poner perdida la configuración de la HTML con tus lágrimas de cocodrilo. ¿Quieres dejar de hacer pucheros? Yo no he dicho que seas un simple blog. Eres un blog. Mi blog. Y estoy orgulloso de ti. De lo que hemos construido juntos.
Sí, ya...
¿No me crees?
Vale. Te creo.
No lo dices muy convencido.
Está bien. Mírame a los ojos. O mejor, mira fijamente al código fuente de Blogger. ¿Ya?
Ya.
Te creo, ¿vale?
Ok.
Perfecto. Y ahora, ¿quieres decirme cómo va tu libro? Parece que se demora el asunto de la publicación, ¿no?
Vale. Te cuento. Escribir un libro es una tarea harto difícil. Sobre todo si lo haces con vistas a ser comercializado. No basta con escribir y publicar cualquier cosa. No soy un Premio Planeta. Yo soy un escritor de verdad, y no un advenedizo mediático. Con esto te quiero decir que, al menos en mi caso, considero innegociable poner corazón, alma y talento al servicio de aquello que quiero contar y, a partir de aquí, echarle horas y más horas de duro trabajo de corrección. Y cuando al final lo tienes todo perfectamente corregido, viene el siguiente paso: la maquetación. Maquetar un libro no es sencillo. Tienes que estar atento a los detalles: cuidar los márgenes, las tabulaciones, el control de líneas viudas, mantener los párrafos juntos, tener mucho cuidado con la división de palabras, mantener un aspecto homogéneo...
Perdona, estaba viendo un blog de bloggers femeninas en pelotas. ¿Decías...?
¿Qué?
El sexo, macho. Ya sabes que me tira mucho.
De verdad, no veas la paciencia que he de tener contigo. No sé ni para qué me molesto en darte explicaciones. Eres zafio, vulgar, irrespetuoso...
Venga, tío. No te enfades.
No, si no me enfado.
Sí que estás enfadado. Te conozco muy bien, y sé que estás enfadado. Admítelo.
Pues sí. Estoy enfadado.
¿Quieres hablar de ello?
¿Me estás vacilando? Porque si es eso te advierto que no está el horno para bollos.
No. De verdad que no. Venga, va. Háblame de tu libro. ¿En qué fase se encuentra?
En la última.
¿Puedes ser más específico? Por favor...
Está bien. Ya está todo terminado. El texto ha sido corregido hasta la extenuación, convenientemente maquetado y editado según el formato de edición elegido. La portada ya ha sido diseñada, enviada y aprobada...
¿La portada? ¿de veras? ¿y quién la ha hecho?
Yo.
¿Tú?
Sí. Yo.
¿Cómo?
Con un dibujo que he hecho yo mismo a mano y que luego he digitalizado.
Wow. ¿Puedo verla?
¿Te refieres a la portada?
Sí. Quiero verla.
Vale. Mira. Échale un vistazo. Pero ni se te ocurra subirla todavía. Aún me queda una última prueba por hacer.
¡Joder, qué guapo te ha quedado! ¿En serio has hecho tú ese dibujo tan chulo?
Sí. No sé por qué te extrañas. Yo antes dibujaba. De pibe.
¡Vaya, en realidad sabemos tan poco el uno del otro!
¿Se puede saber de qué demonios hablas? Yo lo sé todo sobre ti. Yo soy tu creador.
Vale Frankenstein. No te emociones. Es cierto. Tú me creaste. Pero yo apenas sé nada sobre ti. Dime Pedro, ¿eres feliz?
Vete a la mierda.
¿A qué viene eso? Yo sólo quería ser amable.
Sí, ya. Tú, amable.
Oye, y volviendo a tu dibujo. ¿Por qué no se lo enseñas a tus lectores?
Aún no. Quiero mostrarlo cuando esté totalmente seguro de que ésa es “la portada”. Pienso anunciarlo a bombo y platillo.
¿De veras?
Sí. Ya me he comprado un bombo, un platillo y un par de baquetas. Será como volver a los viejos tiempos cuando tocaba la batería en un grupo de rock.
¿Tú tocabas la batería en un grupo de rock?
Sí. Y la guitarra, y el bajo, y los teclados. Y componía canciones.
Wow. Eres increíble.
Sí, el increíble Hulk, no te jode.
Oye, ¿y para cuando piensas anunciar lo del libro y todo eso? Es decir, ¿cuándo estará a la venta?
La semana pasada recibí confirmación de la imprenta diciéndome que los archivos que les envié cumplían todos los requisitos, que estaban listos para imprimir; así que he encargado un libro de prueba para mi. Me han dicho que tardará entre una y dos semanas en llegarme a mi casa. Quiero toquetearlo, olisquearlo, abrirlo y pasar las páginas. Quiero estar completamente seguro de que quien decida pagar por él se lleve un producto de calidad testada. Respeto mucho a los lectores, ¿sabes? Y quiero que se lleven algo que les merezca la pena el dinero invertido.
¿Te harás una foto con tu libro cuando te llegue a tu casa?
Ya veremos.
Sí, tío. Hazlo. Seguro que a tus lectores les gustará verte con tu libro en las manos.
¿Y a ti? ¿Te gustará verme con mi libro en las manos?
¿Salen tías en pelotas en tu libro?
No.
Pues entonces me es indiferente. Haz lo que te salga...
Desde luego, tú no te andas por las ramas.
¿Y por qué habría de hacerlo? ¿Acaso me has tomado por un blog de jardinería?
En fin. Querías saber cómo iba mi libro y ya te he contestado. Y ahora, ¿me dejarás seguir trabajando en paz?
Sí, claro. Yo voy a echar un vistazo al blog de Marie Calloway. ¿Has visto las tetas de esa tía? ¡Son espectaculares!
¡Lárgate de una maldita vez!
Vale, vale. Ya me voy. ¡Hay que ver qué mal humor tienes por las mañanas, tío...!




sábado, 16 de mayo de 2015

MANGO CARAJO



Estoy pensando en dar el salto a la televisión. Para ello se me ha ocurrido escribir el episodio piloto de un culebrón o telenovela con intención de ofrecerlo luego a diferentes productoras de televisión.
Lo primero que necesito es idear un reparto acorde a este tipo de producto. Vamos allá.
Gloria Bendita Camila
Julio Servando Alejandro
Roberto Luis Mamerto
Filomena Anastasia Gervasia
Enrique Braulio Gustavo
Marta Zoraida Belinda

Vale. Ya tengo el reparto principal. Ahora necesito un escenario donde desarrollar la trama y un argumento que, con un poco de ingenio, lograré estirar a lo largo de doce mil doscientos capítulos.
Pensemos un poco. No demasiado. Con un poco será más que suficiente. No conviene pensar demasiado en la trama. No creo que los creadores de este tipo de series de mierda piensen demasiado en la trama. Tal vez ahí radique el secreto de su éxito, en no pensar demasiado en lo que escribes para lograr enganchar a un espectador que tampoco piensa demasiado acerca de lo que ve. Empatía imbécil. Esa es la fórmula secreta de los culebrones.
Pero no nos desviemos del tema. Pensemos —aunque no demasiado— en una trama.
Uhm, veamos qué tal ésto.
La acción se desarrolla en el año 2178, en una colonia espacial instalada en Marte. En dicha colonia espacial conviven seis personas: tres hombres y tres mujeres, cuyas edades oscilan entre los 19 y los 64 años. Sin embargo, todos en la serie aparentan tener la misma edad. Sobre todo ellas. Eso es debido a que las tres actrices han pasado por las manos del mismo cirujano plástico, el doctor Andrade. Debido a una sobredosis de bótox que les impide mover los músculos del rostro, las tres mujeres parece que siempre estén sorprendidas por algo; como Nicole Kidman en sus últimos trabajos.
Los seis personajes fueron lanzados al espacio un año antes con intención de colonizar Marte. Desde entonces viven en el interior de una estación espacial.
Ninguno de ellos recuerda nada de su vida anterior en la Tierra. Y no es porque hayan sido víctimas de algún procedimiento especial por parte del gobierno para borrarles la memoria antes de ser lanzados al espacio exterior. Si no recuerdan nada es simplemente porque los seis son modelos profesionales de ropa interior y su cerebro no da para mucho.

(El resto de la entrada estará pronto disponible a la venta en un nuevo libro de la colección ABSURDAMENTE).

sábado, 9 de mayo de 2015

PROFESIONALISMO


El atracador entra en el estanco y amenaza con una pistola al estanquero.
Deme todo el dinero que tenga en la caja o te disparo —amenaza el atracador.
Un momento. Eso está mal —contesta el estanquero. Su voz suena extrañamente tranquila y sosegada.
¿El qué está mal? —dice el atracador.
La construcción de esa frase. Carece de lógica.
Al atracador, la reacción del estanquero consigue desorientarle. Y confundirle. Y es que, dadas las circunstancias, la forma de abordar aquella situación por parte del estanquero le resulta cuanto menos desconcertante. 
«¿Cuál es la razón por la que el estanquero se muestra tan sereno y relajado?» —se pregunta el atracador en silencio—. «¿No sería más lógico ceder a la histeria por cuanto está siendo amenazado por un tipo que porta un arma de fuego? Y más aún, ¿no sería lo normal y lo deseable mostrarse asustado, intimidado, temeroso incluso, ante la perspectiva de acabar siendo herido o muerto por dicha arma? Un disparo fortuito, y adiós. ¿A qué viene aquella actitud tan serena? ¿Por qué no grita pidiendo auxilio? ¿O por qué no implora?».
Disculpe, ¿le quedan aún muchas preguntas por hacerse? —dice el estanquero—. Es que, verá, resulta un poco incómodo tenerle ahí, de pie y en silencio, haciéndose preguntas mentalmente.
¿Qué? —dice el atracador regresando de su abstracción.
Decía que...
Ya le he oído —ataja el atracador—. Dígame, ¿qué está mal? Antes ha dicho que la construcción de mi frase está mal. ¿Qué está mal?
Verá —dice el estanquero—. Usted ha dicho, «deme todo el dinero o te disparo». ¿Correcto?
Sí. Eso he dicho —confirma el atracador.
Pues bien, le diré exactamente lo que está mal en esa frase. Primero me trata de usted, «deme», y a continuación, sin venir a cuento, me tutea, «te disparo».
El atracador no tarda en percatarse de que el estanquero lleva razón. Está claro que los nervios le han jugado una mala pasada. A partir de aquí, como hombre de principios que es, no muestra reparo alguno en reconocer abiertamente su error.
Tiene usted toda la razón —dice el atracador apartando la pistola y dejando de apuntar con ella al estanquero—. Menuda metedura de pata la mía. Lo siento. De verdad. Lo siento mucho.
Bah, no se preocupe —dice el estanquero mostrándose afable y hasta comprensivo con el atracador—. No pasa nada.
No. Sí que pasa. Lo que acabo de hacer es de una falta de profesionalidad que tira de espaldas. Algo impropio de un profesional como yo.
Tampoco hace falta que se castigue usted.
Al contrario. Sí que hace falta. Un profesional que se precie ha de observar sus errores, analizarlos y aprender de ellos para evitar cometerlos de nuevo.
Cierto —dice el estanquero.
Le diré lo que vamos a hacer. Como muestra de mi enorme arrepentimiento le voy a dejar que me atraque usted a mí. Tenga —el atracador le ofrece la pistola al estanquero.


 (El resto de la entrada estará próximamente disponible en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)


domingo, 3 de mayo de 2015

PRECOCIDAD MANIFIESTA



El pequeño Bobbi tiene 6 años, aunque no los aparenta. En ese sentido es como Madonna, que tiene como 100 años y aparenta 35. O eso cree ella.
En el caso de Bobbi ocurre justo lo contrario que con Madonna; Bobbi tiene 6 años, aunque mentalmente aparenta 47. ¿Y por qué 47? ¿Por qué no 45 ó 50? ¡Y yo qué sé!, yo no soy Bobbi. Preguntádselo a él cuando lo veáis.
Helen, la madre de Bobbi, tiene 43. Helen es madre soltera. Y lo es por decisión propia. Cuando cumplió los 37, harta de relaciones fallidas con hombres fallidos, decidió que había llegado el momento de ser madre. Acudió sola a una Clínica de Fertilidad, se inseminó, y nueve meses más tarde tuvo a Bobbi.
Desde edad muy temprana Bobbi se reveló como un niño distinto, mucho más despierto e inteligente que los otros niños de su edad. En cierto modo era un prodigio.
Hoy, a sus 6 años, Bobbi es un niño sano, intelectualmente inquieto y curioso hasta la extenuación.

Aquella noche de martes, siendo ya muy tarde, Bobbi y su madre estaban cómodamente instalados en el sofá de su casa siguiendo un programa de libros por televisión.
Helen consultó su reloj de pulsera.
Vamos Bobbi, hora de dormir... —anunció.
No tengo sueño —dijo Bobbi.
Ya son casi las 10. Y mañana has de levantarte temprano para ir al cole —razonó la madre.
Déjame media hora más, por favor —solicitó Bobbi en tono de ruego —. Sólo media hora más. Estoy sumamente interesado en saber hasta qué punto Karl Barth tenía razón cuando afirmaba aquello de que la literatura posmodernista se muestra especialmente propensa a cultivar una estética apocalíptica derivada de la amenaza nuclear.
No, Bobbi. Ya es tarde. Y lo sabes.
Pero madre...
Mira, haremos una cosa. Te meteré en la cama y te contaré un cuento para que te duermas.
Bobbi miró fijamente a su madre con aquella mirada suya tan penetrante.
Madre, hay que ver lo agobiante que resulta a veces tu insistencia.

 (El resto de la entrada estará próximamente disponible en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)