sábado, 26 de marzo de 2016

UNA DESGRACIA COMO OTRA CUALQUIERA


En el grupo de amigos de la adolescencia teníamos a un tipo al que llamábamos Duck. En realidad se llamaba Alfred, pero todos en el grupo le apodamos Duck. Le llamábamos así porque su andar recordaba al de un pato, con la planta de los pies ligeramente desviadas hacia afuera, como si quisieran tomar direcciones opuestas.
A veces bromeábamos con esto diciendo que los pies de Duck eran como una pareja mal avenida, con cada uno de ellos intentando alejarse lo más posible del otro. Para rematar, el bueno de Duck, al caminar, aplicaba la mayor parte del peso sobre sus talones, por lo que daba la sensación de que tuviese una tabla de planchar incrustada en la espalda. Era —y aún sigue siendo— bastante cómico, os lo aseguro.
Así pues, Duck y yo nos conocemos desde la adolescencia. Hubo un tiempo en que fuimos inseparables. Luego, con el transcurrir de los años, ocurrió lo típico: él conoció a una chica y yo conocí a otra, y ambos acabamos abducidos por los grupos de amigos de nuestras respectivas parejas, por lo que Duck y yo acabamos distanciándonos entre nosotros, más o menos como sus pies.
Sin embargo, a pesar de no vernos con la misma frecuencia que antaño, Duck y yo continuamos manteniendo la amistad a través de encuentros esporádicos surgidos aquí y allá.
Precisamente en uno de esos encuentros casuales, Duck me habló del reciente fallecimiento de un antiguo conocido que teníamos en común.
¿Te acuerdas de Kevin? —dijo Duck.
¿Costner? —dije yo algo despistado.
No, hombre —dijo Duck.
¿Se puede saber qué pasa con Kevin Costner? ¿Por qué ya nadie se acuerda de él?
¿Es que no has visto Waterworld o Mensajero del futuro?
Tienes razón.
Pero olvida al dichoso Kevin Costner. Yo de quien te quería hablar era de Kevin Banister —dijo Duck.
¿Quién?
Kevin Banister. Estudió con nosotros. Rostro serio, mirada ausente, poco sociable. Un muermo, vamos. Se sentaba en la última fila de la clase, junto a Leo Ekhard. ¿No te acuerdas?
¡Ostras, Kevin Banister! Ya me acuerdo de él. Le apodábamos «nuestro enterrador favorito», porque siempre estaba serio y casi nunca hablaba con nadie. Parecía un empleado de una funeraria. Kevin Banister. ¿Qué ha sido de él?
Murió. La semana pasada —dijo Duck.
Oh, vaya. Lo siento —dije yo, sin sentirlo realmente. Pero así es el curioso mundo de las convenciones sociales. Vivimos supeditados a sus absurdas normas no escritas, y eso hace que muchas veces no sepamos lo que los demás piensan realmente, ni que los demás sepan lo que nosotros pensamos realmente. Son como eficaces máscaras que nos sirven para ocultar nuestro verdadero «yo», ése que queremos mantener oculto por miedo al rechazo social.


(El resto de la entrada estará próximamente disponible a la venta en un nuevo libro recopilatorio de la colección ABSURDAMENTE).

12 comentarios:

  1. Menudo encuentro entre amigos. La verdad es que nunca se sabe donde encuentran la felicidad algunas personas. A lo mejor para él ser contable era su sueño de toda la vida. Es como al que le gusta viajar y no para en una ciudad tres días seguidos y el qeu no sae de su pequeño pueblo.
    La felicidad es muy relativa...
    Me has dado que pensar.
    Un besillo.

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    1. Hola María. : ) Tienes razón en lo que dices: nunca se sabe a ciencia cierta dónde encontrar la felicidad. Hay quienes necesitan gastarse grandes sumas de dinero para "comprar" un poquito de felicidad y quienes se contentan con los pequeños placeres que te concede la vida, como contemplar un amanecer, solo o acompañado, o disfrutar del olor a café recién hecho mientras lees un buen libro en tu rincón favorito de la casa.

      En cuanto a mi pequeño relato de hoy hay que tener en cuenta lo que digo siempre: el humor muchas veces reside en el hecho de exagerar una situación aparentemente normal y estirarla como un chicle. A partir de aquí, al igual que ocurre con la felicidad, que cada uno extraiga de él lo que mayor satisfacción le provoque.

      Un beso, María; y gracias por pasarte una vez más por aquí. : )

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  2. El relato me trasladó a mi época de adolescente. buena oportunidad para reflexionar sobre la felicidad.
    Un saludo.

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    1. Bienvenida, Liliana Del Rosso. Celebro que mi relato te haya hecho evocar tu adolescencia. Ése es precisamente uno de los fines que persigo cuando escribo algo: que consiga provocar algo en el lector, ya sea una reflexión o algún tipo de emoción.

      Confío en que te haya gustado la pieza.

      Un saludo. : )

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  3. Me ha gustado mucho Pedro. La conversación es muy fluida, la sientes natural entre los dos personajes. Y replanteas una cuestión tan abierta como infinito es el universo. ¿Donde reside la felicidad? Solo puedo contestar que no tengo ni puñetera idea, jaja. Si alguien encuentra la respuesta que la comparta, hay que ser generoso –cachondeo total aparte–. Creo que la felicidad es completamente subjetiva y su ideal o idea varía según el individuo; en fin, que me ha gustado mucho el relato, jeje ; )

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    1. Gracias, Ramón. Celebro que pongas el foco en la fluidez del texto. Considero que lo más difícil a la hora de escribir literatura es contar de forma sencilla hasta el pensamiento más complejo. De ahí que invierta muchísimas horas de corrección y adecuación de mis textos hasta pulirlos y dejarlos limpios de polvo y paja. Si hay algo que tengo claro es que leer debe ser siempre un placer y no una pesada carga para el lector, obligado a buscar las intenciones del autor entre montañas y montañas de retórica absurda y artificiosa. Mi intención es contar algo de manera amena y entretenida, y que el lector se sienta absolutamente libre de ir más allá si el texto le sugiere hacerlo.

      Me preguntas que dónde reside la felicidad. Imposible contestar a esa pregunta sin caer en la cursilería. Así que me limitaré a decirte que la felicidad, tal y como yo la entiendo, sí que existe, y está en... (La respuesta la encontrarás en mi próximo libro: PROXIMAMENTE A LA VENTA EN LAS PEORES LIBRERÍAS DE MI BARRIO). ; )

      Un saludo, Ramón, y gracias por pasarte por aquí, por leer y por comentar. : )

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  4. Como siempre, traes la risa y las carcajadas allá a donde tus posts llegan.

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    1. ¡Perla! ¡Cuánto tiempo, mujer! : ) Confieso que te había perdido la pista. Mi vida está patas arriba desde hace unos meses y eso me ha obligado a distanciarme de las redes. Me alegra volver a saber de ti. Espero y deseo que todo te vaya fenomenal en esa búsqueda constante de ti misma. De verdad.

      Muchas gracias por tu visita y por tu comentario, Perla. Te envío un beso que "versa imposible". ; )

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  5. Al menos presumo que Kevin Costner, por muermo que sea él y sus películas, seguro que tiene una vida mucho más placentera. Supongo que es mucho mejor ser actor, por soso que sea, que contable.
    Un relato lleno de humor e ironía, al más puro estilo "Fabeliano".
    Un abrazo.

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    1. Recuerdo que hace algunos años llegó a ser tal el éxito del bueno de Costner entre la población femenina de nuestro país, que se puso de moda bautizar a los varones recièn nacidos como "Kevin Costner de Jesús" y similares (ya sabemos todos que "Spain is different"). Imagino que esas mismas madres se habrán arrepentido de su decisión al ver bodrios tales como "Waterworld" o "Mensajero del futuro". O no. ¡Quién sabe!

      Amigo Josep, a este paso me vas a hacer mundialmente famoso. Acabas de bautizar un nuevo género literario: "Fabeliano". Toma ya. ; )

      Un abrazo. Y, una vez más: muchas gracias por todo. : ))

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  6. Todas las desgracias pueden ser justificables y afrontadas con humor, menos ser contable jaja Y pensar que hay gente que tiene esa profesión por vocación, por verdadero gusto! No sé cómo lo hacen, realmente son seres excepcionales, iluminados. Casos de estudio para la ciencia.

    Saludos, Pedro!

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    1. Amigo Julio David: "Los caminos de la contabilidad son inescrutables". ; )

      Saludos, Julio David. : )

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