sábado, 30 de julio de 2016

BREAK

Pintura de Wladimir Kush. Artista ruso contemporáneo.

Voy a tomarme un pequeño descanso del blog.
¿Otra vez?
¿Cómo que otra vez?
Sí. Otra vez. Te pasas media vida tomándote descansos.
¡De eso nada! La última vez que me tomé un pequeño descanso fue el verano pasado. Y ha llovido mucho desde entonces. Bueno, no literalmente. Ya sabes que aquí llueve más bien poco. En fin, que seguro que has entendido perfectamente lo que he querido decir.
¿Y a qué viene lo del descanso? ¿Cuál es la justificación?
Necesito desconectar, para recargar pilas. Y para centrarme en mis otros proyectos.
¿Otros proyectos? ¿Qué otros proyectos? No irás a dejarme tirado, ¿no?
No. Por ese lado puedes estar tranquilo. De momento.
¿Y cuáles son esos “otros proyectos” de los que hablas?
Ya sabes, mi novela, diseñar una campaña de marketing para relanzar mis libros publicados, ir planificando el tercer volumen de la colección de relatos Absurdamente, y otras cosillas que tengo por ahí y que no dependen única y exclusivamente de mí para que vean la luz.
Uhm, interesante.
Gracias.
¿Eh?
Te doy las gracias por considerar interesantes mis proyectos.
¿De qué leches me hablas?
Acabas de decir —y cito textualmente—: “Uhm, interesante”.
Ah, eso. Sí. Verás. Es que acabo de entrar en el blog de una bloguera que...
Joder, tú siempre pensando en lo mismo.
No es lo que piensas.
¿Ah, no? ¿No se trata de una bloguera joven, guapa, sexy...?
Pues no. Se trata de una bloguera sensible, inteligente, y con un enorme talento para describir emociones. Me ha impactado su manera de escribir. En ocasiones se muestra cruda y muy visceral, y en otras es dulce y extremadamente sensible. Se nota que es una mujer en permanente conflicto interior, como si aún no tuviese muy claro quién es en realidad. Es como si al escribir pretendiese encontrarse consigo misma en sus textos, entenderse y finalmente aceptarse.
¡Wow!, me has dejado realmente impresionado. No sabía que...
Y además tiene un buen par de tetas.
Estupendo. No has tardado ni un minuto en cargarte toda la magia. Creo que has establecido un nuevo récord de capullez. Eres un imbécil, un inmaduro y un superficial. Y yo siempre caigo en tu trampa, como un ratón incauto atraído por el queso.
¿Y qué querías? Me gustan las mujeres. Y me gusta el sexo. ¿Qué tiene de malo? Además, antes de que digas nada, permíteme recordarte algo. Si estamos aquí, tú y yo, aquí y ahora, es gracias al sexo y las mujeres. No lo olvides. Jamás lo olvides. Ellas son la razón y el origen de nuestro existir.
¡Venga ya! ¿Y ahora te me pones filosófico? Como si no te conociera. Tú lo que eres es un jodido salido de mierda.
Te equivocas. Yo soy un enamorado de la mujer. Mi admiración hacia el sexo femenino es inabarcable. Mi última relación ha cambiado completamente mi forma de pensar, tío. En serio. Las mujeres son diosas, y como tales hay que tratarlas.
No sé si creerte. De ti me cuesta creerlo casi todo. Sobre todo cuando es algo que, al menos en apariencia, suena positivo.
Cree lo que quieras. Me importa un bledo lo que creas o dejes de creer.
Pues vale.
Pues vale.
Pues eso.
Pues eso.
Estupendo. ¿Ahora vas a repetir todo lo que yo digo, como los niños chicos?
Como los blogs chicos, querrás decir. Porque te recuerdo que soy un blog, no un niño.
Lo que tú digas.
Pues eso. Que te vaya bonito en tu “descanso”.
¿A qué viene lo de entrecomillar la palabra “descanso”?
¿Qué pasa? ¿Acaso no puedo poner comillas donde yo quiera? Pues para que lo sepas: yo pongo comillas donde me sale del código HTML.
No sé ni porqué te aguanto.
Muy sencillo: porque me necesitas. Ambos nos necesitamos. Tú me necesitas para llegar a tus lectores y yo necesito de tus contenidos para seguir existiendo. Así de simple.
Odio a los listillos. De siempre. Así que déjame decirte una cosa, listillo. Si quisiera, podría cerrar este blog ya mismo y abrir otro nuevo. Así de simple.
Podrías. Pero no lo harás.
No estés tan seguro de eso.
Pues lo estoy.
Detesto tu autosuficiencia.
Lo sé. Por eso incido en ella. Me gusta sacarte de tus casillas. Me divierte. Me hace sentir vivo, útil; como aquel personaje del abuelo que incluiste en un relato tuyo y que publicaste hace unos meses en el blog. Por cierto, me encantó ese relato. De lo mejorcito que he leído tuyo.
Gracias.
A ti. Cuando leo me gusta que me sorprendan. Y contigo aún no he agotado mi capacidad de sorpresa ante las cosas que escribes. Tienes un algo que consigue engancharme a tu prosa.
Oye, ¿crees que se notará mucho este autobombo promocional?
¿Y qué si se nota? ¿Acaso estamos mintiendo? A mí me gusta como escribes, y por ahí fuera hay mucha gente a la que también le gusta lo que escribes y cómo lo escribes. Lo sé porque controlo las visitas al blog. Y las visitas no mienten. Son datos objetivos. Datos 100% fiables. No es algo inventado. Es algo real. Están ahí.
En eso llevas razón.
¡Pues claro que llevo razón! Y eso debería servirte de acicate para seguir escribiendo.
Precisamente.
Precisamente qué.
Pues precisamente por eso necesito un descanso, para poder seguir creando historias y personajes que consigan atraer el interés de la gente que me lee. Crear no es fácil. Se necesita abstracción, y dedicación, y mucho trabajo de corrección y exploración para conseguir atrapar al lector en tu atrayente tela de araña. Al lector hay que hipnotizarlo con la palabra, conseguir hacer que se abstraiga del entorno, que escape del “mundo real”, y sumergirlo en tu “mundo imaginario”, hacer que entre en tu “universo”, ese que has creado expresamente para escapar de la realidad. Hecho esto, de ti depende mantener su nivel de curiosidad hasta acabar de leer el texto que le estás ofreciendo. De este modo se completa el círculo. Es la única manera de darle sentido a todo esto.
¡Hay qué ver qué tetas tiene esa tía! ¿Decías...?
Nada. No decía nada.
Pues nada, hombre. Disfrute usted de su merecido descanso.
Gracias.
¿Has visto? No he puesto comillas.
Ya.
Hasta la vista. Y que usted lo escriba bien.
Lo intentaré. Siempre lo intento.


sábado, 23 de julio de 2016

BREVES BIOGRAFIAS DE MIERDA

Mansión de Luxury Manor (Massachusetts)


Los libros de Historia están plagados de letras. Y palabras. Y frases. Y signos de puntuación. Y hasta algunas fotos he visto en ellos, también. Y dibujos e ilustraciones.
También están plagados de grandes personajes. Nombres ilustres que, gracias a sus gestas, han conseguido ganarse con todo merecimiento un lugar en la Historia.
Sin embargo, yo siempre me he preguntado; porque, a veces, yo me pregunto cosas a mí mismo. Sí, amigos, soy un preguntón. Y, dependiendo de mi humor en el momento de formularme la pregunta, o bien me contesto o bien me mando directamente a la mierda. Por lo general suelo hacer esto último siempre que estoy a punto de echarme una siesta. Y es que, para mí, la siesta es sagrada.
Así pues, yo siempre me he preguntado; bueno, no siempre. A ver. Me refiero a que muchas veces, con carácter recurrente, me he formulado esta pregunta. No vayan a pensar ustedes que me paso el santo día haciéndome la misma pregunta, porque no es así. En ocasiones me hago otras preguntas. Y, a veces, ni siquiera me hago preguntas. No sólo de preguntas vive el hombre. O la mujer. En fin, espero haberlo dejado suficientemente claro.
Como iba diciendo, muchas veces me he preguntado: ¿qué pasa con esos otros personajes, esos millones de seres anónimos que, en mayor o menor medida, también han contribuido con su granito de arena a que este compendio que llamamos Civilización haya seguido avanzando hasta convertirse en lo que es hoy día?
Por desgracia, mi pregunta carecía de respuesta. Hasta hace unos días.
¿Y qué ha ocurrido para que mi pregunta, la misma que llevo haciéndome un porrón de años a mí mismo y para la que no tenía respuesta, de repente sí que tuviese una?
¿Veis cómo no miento cuando digo que soy un preguntón? No acabo de responder a una pregunta y ya me estoy haciendo otra. Si es que soy un caso.
Pero mejor vuelvo a la primera pregunta.
Lo que ocurrió fue que, al entrar en una librería de viejo —para los que no lo sepan diré que una «librería de viejo» es un lugar donde se venden libros únicamente a mayores de 67 años. Es decir, que si no tienes esa edad, no te despachan. Es más, si no tienes 67 años ni siquiera te dejan entrar. Las únicas maneras de acceder a una librería de viejo son: o bien tener 67 años o más, o bien acudir acompañado de un señor o señora de 67 años en adelante. No hay otra—.
Aclarada esta cuestión, diré que al entrar en aquella librería de viejo...


En la foto: John Hoover (a la izquierda) vestido con traje de mujer, Solomon H. Erskinnear (a la derecha) con traje y sombrero, y un julay haciendo el gamba al fondo.




(El resto de la entrada estará próximamente disponible a la venta en un nuevo libro recopilatorio de la colección ABSURDAMENTE).


sábado, 9 de julio de 2016

GRACIAS, EDITORIAL ARGONAUTAS


Érase una vez tres amigos, Elena, Santi y Juancho, que un buen día decidieron hacer realidad una inquietud que hacía tiempo les rondaba por la cabeza: crear una revista digital donde dar cabida única y exclusivamente a autores noveles.
El 1 de junio de 2014 nació la Revista Argonautas.
«La revista surgió de comentarios en nuestros blogs. Un día Elena me dijo que se le había ocurrido un disparate y empezamos a trabajar en ello. De hecho, no nos conocimos en persona hasta poco antes de que saliese el primer número de la revista», confiesa Santi, uno de los fundadores del proyecto, en una entrevista publicada en el número de Abril de 2016 de la propia Revista Argonautas.

Mosaico con diversos números de la Revista Argonautas

Al año de dar a luz la revista, los tres socios fundadores del proyecto Argonautas decidieron ir un paso más allá y crear juntos su propia editorial, sustentada sobre los mismos principios que los impulsaron a crear un año antes la revista, es decir, dar cabida única y exclusivamente a autores noveles y desconocidos al gran público lector.

Imagen de la web de la Editorial Argonautas. Una preciosidad.
Pronto los primeros fichajes de la recién creada editorial comenzaron a ver publicados sus trabajos: Luis Cano Ruiz, Oscar Sejas, Sofía Krysiak, Keiko McCartney y Joaquín Rosado Martel.
Los tres amigos veían así su sueño cumplido, que no era otro sino ayudar a otros a alcanzar sus propios sueños de ver sus obras publicadas por una editorial.

Catálogo completo de la Editorial Argonautas

Un día, siguiendo el consejo de mi amigo Jaume Vicent Bernat, compañero mío en la revista MOON MAGAZINE, alma mater del blog Excentrya y un tío estupendo, decidí contactar con Elena Álvarez solicitándole una reseña de mi primer libro de relatos Absurdamente. Antología del absurdo Vol. I.

Portada de mi primer libro de relatos ABSURDAMENTE

Lo cierto es que aunque la pillé en un momento de muchísimo trabajo, Elena se mostró encantadora y muy receptiva ante mi propuesta de lectura, y me emplazó a un par de meses más tarde para leer y valorar mi libro.
Y un día, para mi sorpresa, llegó la reseña de mi libro que Elena publicó en su blog Nihil Omnis Veritas Est, y en el que ella misma escribía lo siguiente:
«Por motivos de trabajo, pospuse durante meses la lectura de Absurdamente, hasta que, sin comerlo ni beberlo, cuando finalmente pude ponerme con él, tuvo lugar un efecto dominó: En cuanto leí la primera página, todas las demás cayeron una detrás de otra. Entonces, no pude sino preguntarme: ¿Por qué demonios no he leído esto antes? ¡Cuántos dolores de cabeza me hubieran aliviado estas historias!».

Podéis leer la reseña completa aquí.

A partir de entonces, entre Elena y yo se estableció una relación de camaradería basada en el respeto y la admiración mutuos, lo que nos llevó a que un día, de manera sorpresiva por mi parte, Elena me propusiese prologar el libro de uno de los autores de su editorial. El libro en cuestión se titula Cómo sobrevivir a Carla, escrito por Luis Cano Ruiz.

 
Portada del libro de Luis "Cómo sobrevivir a Carla".

Mi reacción inicial, aparte de la lógica sorpresa, fue de temor, ya que, como le dije a Elena: «¡Pero si a mí no me conoce ni Dios! ¿Cómo pretendes que prologue el libro de uno de tus autores?».
El que no me conociese ni Dios no menguó en modo alguno el desbordante y contagioso entusiasmo de Elena, lo cual no hizo sino aumentar mi admiración hacia ella, hasta el punto de acabar diciéndole: «Vale, Elena. Tú ganas. Lo haré».
Y lo hice.
Y aquí está la prueba.



Así pues, amigos, os lo digo en serio: si queréis disfrutar de una lectura amena, entretenida, divertida y refrescante para este verano, no lo dudéis, haceros con un ejemplar de Cómo sobrevivir a Carla de Luis Cano Ruiz, editado por la buena gente de Editorial Argonautas.

Podéis comprarla aquí.

Y para concluir este post, quisiera dar las gracias una vez más a Elena Álvarez y a todo el equipo de Argonautas, por la confianza depositada en este autor que, a pesar de los pesares, aún sigue sin que lo conozca ni Dios. Tiempo al tiempo.

Un abrazo.