jueves, 2 de noviembre de 2017

ARBITRARY TOWN (EL PLENO)



Arbitrary Town está situado en el condado de Essex (Inglaterra), entre los distritos de Brentwood y Basildon.
En Arbitrary Town las cosas se hacen por puro azar. Cuando digo «cosas» me refiero a cualquier evento, efeméride o celebración que implique el concurso no ya sólo de las instituciones, sino de cualquier arbitrario —pues tal es el gentilicio aplicado a los habitantes de la ciudad—.
Este hecho, además de otorgarle una idiosincrasia propia a los arbitrarios, hace que todo en Arbitrary Town resulte mucho más interesante, incluso más excitante, al haberse cargado de un plumazo la monótona dictadura del calendario.
Desde el mismo día en que se adoptó tan inusual proceder, cualquier celebración, fuese cual fuese su naturaleza, quedó envuelta en un halo de espontaneidad y misterio que a todos agradaba, hasta el punto de renovar la ilusión por las celebraciones.
Hubo un año —no recuerdo ahora mismo cuál exactamente—, en que el Fin de Año cayó un 14 de abril, lo cual dio como resultado el que en Arbitrary Town se celebrase el año más corto de la historia.
Un día cualquiera —como era preceptivo— todos los arbitrarios quedaron citados en la sala de plenos del ayuntamiento.
El problema —o, en este caso, la peculiaridad—, es que mientras una parte de la población fue citada para un día concreto la otra parte fue citada para un día inconcreto, y claro, ocurrió lo que tenía que ocurrir: que acudieron unos y otros no.
Alfred Jones, que sí acudió, fue el primero en tomar la palabra.
Queridos arbitrarios...¿sí, Philip?
Philip Smarty había levantado la mano solicitando la palabra.
Philip era el tipo más leído de Arbitrary Town. Doctorado summa cum laude en Filología Inglesa por la Universidad de Oxford, Smarty era asimismo autor de catorce libros de dos mil páginas cada uno explicando al detalle el Ulises de James Joyce, autor por el que profesaba una devoción sin límites y al que no dudaba en calificar como «el mejor escritor de habla inglesa de todos los tiempos habidos y por haber».
Como es bien sabido por todos, yo no soy querido en este pueblo —pronunció, solemne, Smarty.
Cierto. Te ruego que me perdones este error imperdonable, Philip.
Disculpa, Alfred. Por mi posición de doctor en filología, escritor, y fanático de Joyce, «el mejor escritor de habla inglesa de todos los tiempos habidos y por haber», me permito corregirte. No se puede pedir perdón por algo imperdonable. Suena a todas luces contradictorio, a la par que incoherente, paradójico, absurdo, ilógico, disparatado y/o discordante.
¿Y aún te preguntas porqué no te queremos, Philip?
Lo siento si caigo antipático. Pero debo velar por la corrección lingüística de ésta, nuestra comunidad. Si yo no cumpliese con mi deber caeríamos en la desidia y el abandono, y acabaríamos maltratando la lengua y hablando como vulgares analfabetos. O peor, como periodistas deportivos.
Vale. Lo que tú digas —cedió finalmente Alfred Jones—. En fin, ¿por dónde íbamos? Ah, sí. Ejem. Queridos arbitrarios, menos uno, nos hemos reunido aquí, en este pleno extraordinario del ayuntamiento, para decidir algo. Pero antes debemos establecer los roles. A ver, tú, Jeffrey Campbell. Por hoy serás el alcalde.
Pero, ¡yo no quiero ser el alcalde! —se quejó Jeffrey Campbell.
¿Porqué no?
Porque ser alcalde es una mierda. Es mejor ser oposición; quedarte en un segundo plano, apuntar lo mal que lo hace el gobierno de turno y llevártelo calentito a final de mes. Y todo eso sin aportar soluciones. Además, ¿a quién no le gusta criticar el trabajo de los demás?
En eso debo darle la razón —apuntó Philip Smarty, el filólogo fanático de Joyce.
¡Tú cállate, Philip! A ver, Jeffrey. Entiendo que todo el mundo prefiere ver los toros desde la barrera, pero alguien debe ejercer las tareas de gobierno. De lo contrario, esto sería un caos. Y bastante caos tenemos ya con haber decretado la Navidad el 5 de agosto. Con el calor que hizo este año. El pobre Melvin Sturridge casi se muere de una insolación bajo aquel grueso traje de Papá Noel y aquellas almohadas simulando su barrigón.
Bueno, vale —accedió Jeffrey Campbell—. Pero la próxima vez que nos reunamos quiero ejercer de oposición.
Hecho. Y ahora, si eres tan amable, sube al estrado y lee la Orden del Día.
Jeffrey Campbell hizo lo que se le pedía; accedió al estrado por un lateral y ocupó el sillón de alcalde. Ante él, sobre la mesa, había una carpeta. La abrió y extrajo de ella un documento, que entonces leyó.
Orden del día. Se hace saber a los arbitrarios presentes que vivimos en una época de la historia en que no hay día en que no se celebre algo. Por ejemplo, el 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, el 21 de marzo el Día de la Poesía, el 30 de julio el Día Internacional de la Amistad, el 8 de septiembre el Día Internacional de la Alfabetización...
Ahí, ahí... —prorrumpió Philip Smarty.
Joder, qué brasas —dejó caer Alfred Jones con hastío—. Por favor, Jeffrey, continúa...
En fin, con estos breves ejemplos que acabamos de exponer se pretende celebrar un acontecimiento o hecho relevante en la sociedad, pero también sensibilizar, concienciar o llamar la atención sobre un problema sin resolver por el que se insta a los gobiernos y los estados a que tomen medidas...
¿Qué tomen medidas? ¿Y cómo se hace eso? —dijo uno de entre el público.
En la ONU tienen un metro especial para estas cosas —precisó Alfred Jones.
Ah, vale. Perdón.
¡Por el alma de Joyce, lo que hay que oír! —bufó Philip Smarty tras estrellar la palma de su diestra contra su frente.
Prosigo —dijo Campbell—. No obstante, a pesar de haber días mundiales para casi todo, a nadie se le ha ocurrido celebrar el Día del Día.
Es cierto —dijo uno.
Tiene razón —dijo otro.
Es cierto y además tiene razón —dijo un tercero.
Por eso —prosiguió Campbell—, yo, como alcalde vuestro, y también como alcalde de los que no están, propongo que el próximo 1 de septiembre quede oficialmente establecido en Arbitrary Town como el Día Internacional del Día. ¿Sí, Graham?
Graham Tree había alzado el dedo solicitando la palabra.
¿Y qué pasa con la noche? —dijo Graham—. ¿No se merece un día internacional?
De acuerdo. ¿Qué tal si el 1 de septiembre celebramos el Día Internacional del Día y la Noche?
Todos asintieron. Excepto Elizabeth Perkins.
¿Sí, Elizabeth?
¿Y el amanecer? ¿No merece el amanecer también un día internacional de esos?
Perfecto. ¿Qué tal si el 1 de septiembre celebramos el Día Internacional del Día, la Noche y el Amanecer?
Una vez más, el público asistente pareció mostrar su aprobación. A excepción de Kathleen Whitehead.
¿Sí, Kathleen?
¿Y el crepúsculo? Si celebramos el amanecer también deberíamos celebrar el crepúsculo.
Cierto —convino el alcalde en funciones—. Visto el recurso de Kathleen Whitehead, yo propongo lo siguiente: que el 1 de septiembre sea el Día Internacional del Día, la Noche, el Amanecer y el Crepúsculo. ¿Qué pasa, Jonathan? ¿No estás de acuerdo?
Somos ingleses. Y como tal, no podemos olvidar la hora del té.
Cierto, cierto —murmuraban todos.
Está bien. ¿Qué os parece que el 1 de septiembre sea el Día Internacional del Día, la Noche, el Amanecer, el Crepúsculo y la Hora del Té?
Todos aplaudieron satisfechos.
Aprobado pues.
Y así fue como en pleno extraordinario celebrado en el Ayuntamiento de Arbitrary Town se aprobó por unanimidad —de los que estaban— fijar el 1 de septiembre como el Día Internacional del Día, la Noche, el Amanecer, el Crepúsculo y la Hora del Té.
Por desgracia, dada la particular idiosincrasia de los arbitrarios, por más que lo intentaron jamás lograron ponerse acuerdo acerca de cuándo caía exactamente el 1 de septiembre.


Foto del pobre Melvin Sturridge haciendo de Santa Claus el Día de Navidad (5 de agosto)




8 comentarios:

  1. Creo que mis próximas vacaciones las pasaré en Arbitrary Town. Además de tener muy buena pinta, seguro que resulta muy económico, pues adivino que uno paga por lo que sea lo que le da la realísima gana, jajaja
    Un alocado relato de un no menos alocado lugar.
    Un abrazo.

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    1. Saludos, Josep.

      No sé, a mí como experiencia para salir un poco de la rutina y la dictadura del calendario no me importaría vivir una temporada allí. Imagino que a los arbitrarios eso del cambio de hora se la traerá al pairo. Ojalá el resto del mundo tomase nota. Igual no son tan tontos como parece.
      Además, si decides pasar una temporadita por allí, igual hasta puedes acabar siendo
      elegido alcalde sin necesidad de pasar por las urnas. Aunque, como bien dice uno de los personajes de mi relato, mejor estar en la oposición, ¿no? :P

      Un abrazo, Josep. Y gracias por la visita.

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  2. Tan arbitrario, que hasta incluyeron el Día de la Hora del Té dentro del Día Internacional del Día. Podrían haber incluido cualquier cosa en verdad, nunca se sabe, es para volverse loco en este pueblo. O quizá no. Ya ni sé de qué depende jaja

    Saludos salados.

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    1. Saludos, Julio David.

      Y da gracias que no les dio por incluir el Minuto o el Segundo en la celebración. ¿Te imaginas? "Día Internacional del Día, la Noche, el Crepúsculo, el Amanecer, la Hora del Té, el Minuto y el Segundo". De locos. O no. :P

      Saludos, Julio David. Y gracias por la visita y el comentario. Un abrazo.

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  3. Claro que sí, los festivos siempre son bien acogidos, jeje
    Yo también quiero un día de la Hora del té, ;)
    Divertido y disparatado relato Pedro.
    Un beso.

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    1. Saludos, Irene.

      ¡Vivan los festivos! ¡Aquí y en Pekín! Bueno, en Pekín no sé si serán tan bien acogidos como aquí. Los asiáticos son un poco "especiales" con eso de disfrutar de días de asueto. Tengo entendido que los japoneses lo pasan fatal cada vez que les dan un día libre en el curro. Increíble, pero cierto.

      Pues nada, tus deseos son órdenes. Busca una fecha en el calendario y la instauramos ya mismo a tu gusto y conveniencia. Faltaría más. Usted se merece eso y más.

      Muchas gracias, Irene. Saber de primera mano que mi relato os ha hecho pasar un rato agradable de lectura es maná para mis oídos. ¡Más maná, más maná! ; )

      Un beso, Irene. Y gracias.

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  4. Me has encantado al conocerte
    Me gusta lo que tan bien describes.
    Me he deleitado con tu texto.Jamas iria aun lugar asi pero tus letras son todo un acierto

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    1. Muchas gracias, Recomenzar.

      Celebro que mi texto te haya hecho pasar un agradable rato de lectura. No se me ocurre mayor aspiración para un escritor que hacer pasar un buen rato a un lector.

      Un saludo. Y gracias por leer y por comentar.

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