martes, 8 de enero de 2019

LA ÉPICA DEL ESCRITOR (Parte 1)

Foto: Pixabay  Licencia Creative Commons


De un lado: un folio en blanco.
Del otro lado: yo.
Entre ambos parece mediar un abismo insalvable.
O tal vez no. Tan sólo he de cerrar los ojos, aislarme del entorno y escuchar con los oídos de la mente.
Eso haré.
Uhm.
Nada.
Y así, un día tras otro.
Mierda. Estoy acabado.

Como escritor había perdido completamente la inspiración. Y eso, para alguien como yo, que vive absolutamente a su merced, es como dejar ciego a un pintor. Aunque, si lo pienso, viendo algunos de los cuadros que se exponen hoy día en las más prestigiosas galerías de arte de todo el mundo, igual lo de quedarse ciego y pintar cuadros no es algo tan incompatible como pensaba.
Decidido a recuperar el estímulo creador opté por ir en busca del Mago de las Siete Llaves del Éxito Editorial, que habita en la Sagrada Montaña de la Creación Literaria Chachi Piruli.
Conviene tener muy presente lo extremadamente sencillo que resulta caer víctima de la confusión y el engaño, pues los Dioses de la Literatura no lo ponen nada fácil en nuestra eterna búsqueda de la perfección. Si digo esto es porque, tal y como rezan los pergaminos del Gran Libro del arte literario y de cómo llegar a convertirte en un autor respetado por la crítica aunque seas un peñazo y escribas mierdas que no interesan a nadie, la Sagrada Montaña de la Creación Literaria Chachi Piruli tiene dos caras, como los tíos famosos de hoy día que se declaran feministas (#MeToo) y, al mismo tiempo, no dudan en engañar a sus parejas tirándose a todo lo que lleve faldas y se les ponga a tiro. ¡Bienvenidos a la Aldea Global de la Corrección Política y la Hipocresía Nivel Vergüenza Ajena!

Una de las caras de la Sangrada Montaña es conocida como Sabiduría, y la otra como Pedantería. El problema de las dos caras es que son prácticamente idénticas, hasta el punto de resultar indistinguibles la una de la otra. Se necesitan unas altas dosis de sentido común y suspicacia natural para no errar el camino y acabar convertido en un intelectual engreído; o peor aún, en un Doctor en Filología.
Por cierto, ¿Doctor en Filología? ¿En serio? ¿Y qué se supone que hace un doctor en filología, «curar» textos heridos a través de «transfusiones de letras»? ¡Lo que hay que leer!

Lo cierto es que aquella lúgubre mañana otoñal abandoné mi pequeña aldea, situada en el Ombligo del Mundo, y emprendí el camino largo del carajo que conduce a la amplia cordillera que acoge en su seno la Sagrada Montaña de la Creación Literaria Chachi Piruli.
He de decir que el camino se me antojó arduo y lleno de baches. Los capullos del Gobierno deberían invertir más fondos en mejorar los caminos que conducen a la sabiduría y el conocimiento, y dejarse de gastar tanto dinero de nuestros impuestos en dietas y sobresueldos para políticos y cargos de confianza que no lo necesitan, amén de programas de televisión basura manipula-mentes que no hacen sino idiotizar y alienar al pueblo llano. Claro, así nos va: nosotros cada vez más tontos y ellos cada vez más listos. Por los siglos de los siglos, amén.
Así que armado con mi diccionario, mi bloc de notas y mi espada, me interné en el Bosque de la Incertidumbre, que, como su nombre indica, es un bosque en el que la Incertidumbre campa a sus anchas.
 —Lo admito. De un tiempo a esta parte he engordado una barbaridad, ¿sabe usted? El aburrimiento y la vagancia extrema tienen la culpa, ya que eso incita a mi apetito. Me paso el día echada en el sofá, comiendo porquerías mientras leo novelas de P.G. Wodehouse.
Disculpe, ¿y usted quién es? —pregunté a aquella señora tan gorda.
Soy Incertidumbre. La propietaria del bosque.
¿El bosque es suyo?
¡Por supuesto que lo es! ¿A cuento de qué iba a llevar mi nombre?
¿Y cómo se hace uno propietario de un bosque?
En mi caso fue fruto de una herencia familiar. Lo heredé de mi tía abuela Duda. Murió soltera y sin hijos. Y claro, al ser yo su único familiar vivo, decidió nombrarme su heredera universal. Por cierto, no quiera saber la de impuestos que tuve que pagar como aceptación de herencia. Qué cabrones. ¡Malditos políticos del demonio! Son insaciables. No saben qué más sacarse de debajo de la manga para seguir exprimiendo al pueblo con nuevas tasas, tributos especiales, impuestos indirectos y demás parafernalia. Cada vez que pienso en ello se me hierve la sangre.
La Historia de la Humanidad resumida en un par de frases.
Luego, una vez formalizada la herencia ante notario y pasada por el Registro de la Propiedad, previo pago de minutas y tasas a tutiplén, decidí cambiar legalmente el nombre primigenio de Bosque de la Duda por el de Bosque de la Incertidumbre.
Pues vale —acerté a decir.
Y oiga, ¿esto en qué cadena lo ponen? —preguntó Incertidumbre—. Lo digo para estar pendiente y tener la oportunidad de grabarlo en vídeo. Bueno, en realidad le pediré a mi hija Recelo que me lo grabe. Es que a mí se me da fatal todo lo que tenga que ver con la tecnología. Claro que la culpa la tienen los fabricantes, ¿sabe usted? ¡A quién se le ocurre dejar la operatividad de los aparatos que fabrican en manos de los ingenieros! Esa gente tiene el cerebro a rebosar de fórmulas matemáticas, complejas operaciones aritméticas e intrincados dibujos técnicos. Con lo fácil que sería todo si el producto final dependiese de las directrices e indicaciones de gente de la calle.
 Exactamente lo mismo ocurre con el lenguaje: lo dejan en manos de catedráticos y académicos e intelectuales varios y claro, al final pasa lo que tiene que pasar, algo vivo y hermoso que sirve para comunicar ideas, pensamientos y emociones lo acaban convirtiendo en algo técnico y tremendamente aburrido, repleto de normas y reglas que lo pervierten y lo anquilosan y que, curiosamente, no dudan en cambiar y sustituir a su antojo cada cierto tiempo para justificar su sillón.
Bien traído —dijo Incertidumbre—. Entonces, si es tan amable, dígame el canal y el horario de emisión para que mi hija esté al tanto.
En realidad no es para televisión —advertí.
¿Ah, no?
No.
¿Y para qué es?
Para un cuento corto. O un relato. Aunque, si le soy sincero, aún no tengo muy clara la frontera que separa ambos conceptos. Igual son la misma cosa y yo dándomelas de listillo, como un vulgar Juan Manuel De Prada. Luego, una vez lo haya escrito en su totalidad y le haya aplicado las pertinentes correcciones, acabará formando parte de un libro.
¿Un libro? —dijo Incertidumbre.
Le noto sorprendida.
¡Cómo para no estarlo!
No entiendo.
Hoy día casi nadie lee libros. Y mucho menos los compra. Internet está saturado de autores que cuelgan sus escritos con la esperanza de ser leídos. Y lo hacen gratis, además. Pero ni por esas. Yo no entiendo mucho de edición, pero, ¿no cree que es un suicidio económico publicar hoy día un libro?
Es posible. Pero soy un romántico. Y mucho me temo que, a mi edad, eso ya no tiene remedio.
Lo siento por usted. Y dígame, ¿qué se le ofrece?
Verá. Mi intención es atravesar su bosque y llegar hasta las faldas de la Sagrada Montaña de la Creación Literaria Chachi Piruli. ¿Sabe qué camino he de tomar?
Huy, lo siento. Pero ésa es una decisión que deberá tomar usted, por su cuenta y riesgo. Así funciona esto. Yo no dicto las reglas. Ya me gustaría, ya. Y ya puestos, me encantaría cobrar un peaje por atravesar mi bosque, como hacen esas grandes corporaciones con las autopistas. Pero como no tengo conexiones políticas, me tengo que conformar con ver pasar a la gente sin pagar un céntimo por ello. Así son las cosas.
Siempre habrá un «ellos» y «nosotros» —dejé caer con melancólica rendición.
Usted lo ha dicho —convino conmigo Incertidumbre, dotando a su voz de una amarga resignación.

(Continuará...)



4 comentarios:

  1. Gracias, Pedro. Tu humor me ha encantado una vez más.
    Recibe dos abrazos en este año acabado de estrenar.
    Ana/Vilma

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    1. Gracias a ti, Ana. Vosotros sois los que le dais sentido a todo este trabajo que hay detrás del blog.

      Abrazo de vuelta, Ana/Vilma.

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  2. Tremenda travesía la que nos cuentas y me da que aún le queda a tu protagonista (a ti) un largo y penoso recorrido pues me temo que se ha de encontrar muchos impedimentos.
    Hasta lo que yo sé, el mundo editorial se parece mucho a esos hipócritas feministas del "metoo", se ponen a pedir (los editores, no los feministas hipócritas) a los autores noveles el oro y el moro, pero luego viene un autor consagrado y le publican cualquier tontería.
    Espero que el viaje de tu protagonista (tu viaje) llegue a buen puerto (al de la montaña esa).
    Un abrazo.

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    1. Saludos, Kirke.

      La casualidad ha querido que nos crucemos en el mismo día. Precisamente venía de dejar un comentario en tu blog a propósito de una entrada dedicada al libro de relatos de nuestro común amigo Josep Mª Panadés. Por cierto, me ha parecido un gesto muy bonito por tu parte el trabajo que te has tomado en hacer el vídeo promocional tomando el libro de Josep como referencia.

      En cuanto a mi relato, te confirmo que al protagonista de mi historia sí que le queda un largo camino por delante. De hecho, hoy mismo he publicado la segunda parte. Y te avanzo que aún quedan algunos capítulos más, que pretendo publicar en las próximas semanas.

      Lo de los editores es para darles de comer aparte. Como autor sistemáticamente rechazado por multitud de editores y editoriales a lo largo de casi 20 años, sólo puedo decir: ¡Gracias Amazon, por permitirme publicar mis libros a mi manera y poder llegar a lectores de todo el mundo sin que eso me cueste la vida!

      Un abrazo, Kirke, y gracias por la visita y el comentario. Lo agradezco.

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