martes, 19 de marzo de 2019

LA ÉPICA DEL ESCRITOR (Parte 11 - Final-)

Ilustración: "Wise man revisited" de Jim Warren

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Espada en mano cubrí el tramo que conducía hasta la gruta y, una vez allí, accedí a su interior.
El viejo Pensar Para Mis Adentros me había hablado de un hombre sabio de milenario aspecto. El hombre sabio, de nombre Umo, tenía como dos mil años de edad.
Cuando al fin me vi ante él no tardé en confirmar que, a juzgar por el pestazo que emanaba de su podrido cuerpo, efectivamente aquel tipo hacía como dos mil años que no se bañaba. Aquel sudor no era nuevo. Aquel sudor era de varios siglos. Como mínimo.
¿Quién eres? —dijo el hombre sabio con olor a cebollas milenarias.
Le dije mi nombre.
¿Y a qué has venido?
Soy escritor. Y he perdido la inspiración —contesté.
¿Y qué quieres que te haga? —respondió el hombre sabio.
Pensé que usted podría ayudarme.
Sí, ya. Por eso te estás quedando calvo, de tanto pensar.
Es posible. Oiga, ¿le ha hablado alguien alguna vez del desodorante?
¿Y a ti, te han hablado de una buena hostia?
Oiga, hombre sabio, no quiero pelear con usted. Sólo quiero que me ayude a recuperar mi inspiración para poder seguir escribiendo. Sólo eso.
Enséñame algo que hayas escrito.
Revolví en mi mochila y extraje uno de mis últimos manuscritos. Me acerqué hasta el hombre sabio y le hice entrega de aquel mamotreto de casi cuatrocientas páginas. El hombre sabio se puso sus gafas y comenzó a leer.
Mientras el hombre sabio leía me entretuve midiendo el tiempo transcurrido fijando mi vista en el gran reloj de arena que había instalado en uno de los muros de piedra de la gruta.
¡Ya está! —anunció el hombre sabio.
Según mis cálculos habían transcurrido trece minutos con dieciséis segundos y catorce centésimas, grano más grano menos.
¿Y bien? ¿Cuál es su veredicto?
El título es demasiado largo.
He de señalar que mi novela se titulaba Ante las Puertas del Delirio de la Ciudad Sin Nombre incrustada en la Montaña Profana del Abismo de La Ignorancia Supina.
Vale. ¿Algo más?
De momento, eso es todo —dijo el hombre sabio.
¿Cómo que eso es todo? ¿Qué le ha parecido el primer capítulo? ¿Qué opinión le merece el arranque? ¿Tiene suficiente fuerza narrativa?
Aún no he llegado hasta ahí.
Entonces, ¿qué ha hecho en los trece minutos con dieciséis segundos y catorce centésimas, grano más grano menos?
Ya te lo he dicho: leer el título. Y me parece demasiado largo.
¿Y ha necesitado casi un cuarto de hora sólo para leer el maldito título?
Me tomo mi trabajo muy en serio, hijo.
No quiero ni imaginar el tiempo que le llevaría leer las mil setecientas setenta y cuatro páginas de El hombre sin atributos de Robert Musil.
¡Ya sé quién escribió El hombre sin atributos! No necesito que un sabelotodo como tú me lo recuerde.
Vale, vale. No se ponga usted así. Admito que ha podido sonar descortés; si bien no ha sido esa mi intención. Le pido disculpas.
En respuesta a tu duda, te diré que tiempo es lo que me sobra. Soy eterno. Por lo tanto, no tengo prisa. Para mí el «tiempo» como unidad de medida carece de importancia...
Se nota. Apuesto a que no recuerda la última vez que se dio un baño —dije por lo bajini.
...no es lo mismo «ojear» que «leer» un texto. Para leer un texto se requiere tiempo, abstracción, concentración, conocimientos y pasión. No concibo la literatura sin pasión. Si un texto no me provoca nada, desde lo más sublime a lo más abyecto, lo considero un texto malo, sin sustancia, sin contenido, sin alma. Un buen texto ha de provocarme algo, remover algo en mí, permitirme dudar, hacer que me cuestione hasta la más firme de mis convicciones. Eso es lo que diferencia la buena literatura de la mala.
¿Y cómo se hace eso, maestro?
Mamando de la teta de la literatura como un bebé hambriento, jurándole amor eterno a tus musas como un amante dispuesto y entregado, respetando a los clásicos, excepto a Joyce que era un fatiga y un babas; pero, por encima de todo, dispensándole todos los mimos y atenciones a tus queridos lectores, pues en ellos reside el verdadero valor de tu obra. Sin lectores los escritores no son nadie, no son nada. No olvides jamás eso.
¡Qué inspirador! ¿Puedo anotarlo?
No. Está protegido por copyright —dijo el hombre sabio.
De acuerdo. Lo respeto. ¿Puedo apelar a su condición de hombre sabio y solicitar, con toda la humildad y el respeto que me merece, que se digne ayudarme a encontrar la inspiración?
El viejo señaló con la mirada un punto determinado ubicado a su derecha.
¿Ves esos estantes de ahí? Es mi biblioteca privada. Busca en ellos mi ejemplar de El ruido y la furia de William Faulkner. Sus analepsis y prolepsis me ponen más que a un crítico literario despedazar un bestseller.
Hice lo que el hombre sabio me pidió; me acerqué a los estantes y busqué el volumen solicitado. Luego volví sobre mis pasos e hice entrega del libro a su legítimo propietario.
Bien. Atiende, pues sólo lo diré una vez. Para llegar al centro de la Sagrada Montaña de la Creación Literaria Chachi Piruli, allí donde se halla el Gran Secreto para Escribir de Puta Madre, tendrás que atravesar un desierto, un valle, un ancho y caudaloso río, una pradera, luego otra, y luego otras más, rodear una montaña, volver a atravesar otro desierto aún más árido y extenso que el anterior, e incluso más árido y extenso que el que te ha traído hasta aquí; de hecho, este desierto del que te hablo es el más árido y extenso de cuantos hayan visto tus ojos, y los ojos de cualquiera, incluidos los míos; y mira que he visto desiertos áridos y extensos en mi vida, ¡un montón!; he visto más desiertos áridos y extensos que fallos en un manuscrito hayan podido ver los ojos de un corrector de estilo, así que imagínate. Bueno, a lo que iba; una vez atravesado el desierto, suponiendo que lo atravieses, penetrarás en un oscuro y frondoso bosque encantado de conocerse; sí, así es, se trata de un bosque muy presumido y algo creído. Una vez consigas dejar atrás el bosque tendrás que atravesar una vasta cordillera, donde al otro lado vendrás a parar a una oscura ciénaga sembrada de peligros y trampas mortales, y donde vive un ogro mariquita. Si logras sobrevivir a la ciénaga, tomarás un camino que te llevará al Desfiladero de las Dos Esfinges cabreadas, que lanzan puyas a tutiplén, y, después de eso, entrarás en la Boca del Lobo, que está llena de sarro y bacterias chungas, para acabar penetrando en la Garganta del Gigante adicto a la comida hindú. Por cierto, ¡cuidado con sus eructos!, son mortales de necesidad, y un tanto asquerosos. Una vez atravieses la Garganta del Gigante, encontrarás la entrada a un piso en propiedad, con una hipoteca sin comisión de apertura ni comisión por subrogación, exenta de gastos de notaría, gestoría, registro y tasación, y con una tasa del 0,97 % TAE sobre euríbor. Pulsa el botón del telefonillo y pregunta por Paco. Y ya está.
¿ Ya está?
Sí.
¿Seguro?
Que sí, coño.
¿Sabe qué le digo? Que se pueden ir todos ustedes a la mierda. Por turnos o en bloque. Me da igual —dije furioso.
Pero...¿cómo osas?
¡Y tanto que oso! Me tenéis hasta los mismísimos; con tantas pruebas, retos, dificultades, a cual más cruel y retorcida, con tal de saliros con la vuestra. ¡Anda y que os den! Escribiré a mi manera, como he hecho toda la vida, sin importarme lo que opinen un puñado de elitistas capullos y arrogantes incapaces de ver la literatura como lo que realmente es: un vehículo para la imaginación, para compartir y transmitir ideas, pensamientos y opiniones, y no un arma para machacar y despreciar al que piensa o siente distinto. Así que, por mi parte, pueden irse todos ustedes a la mierda. Ah, y usted, ¡báñese, carajo! ¡Apesta que tira de espaldas!
Y ahí lo dejé, con dos palmos de narices, a aquel viejo asqueroso y desagradable cuyo putrefacto olor no se me borrará de la memoria mientras viva.
En mi camino de vuelta a casa —con una paradita en el Valle de la Procrastinación para fumarme unos porritos con los colegas beduinos y mi camello habitual—, fui madurando una idea: aprovechar lo vivido en mi infructuosa búsqueda de la inspiración literaria y escribir un relato con todo ello.
No sé, igual cuando lo acabe y lo publique habrá alguien por ahí fuera dispuesto a leerlo. ¿O no?

FIN


Nota del autor: Gracias a todos los que os habéis ido pasando por aquí en estas últimas once semanas con intención de seguir esta historia. En tiempos de la inmediatez extrema en la que vivimos actualmente, en la que todo lo queremos ya, ahora, resulta reconfortante comprobar que aún quedan lectores dispuestos a interesarse por una historia contada a plazos, como solía hacerse en los albores de la literatura.
Mención especial merecen Josep Mª Panadés, Ana Palacios y Kirke Buscapina. Vuestros comentarios en cada una de las partes han ido alimentando esta historia semana a semana. Ahora puedo decir que no necesité llegar hasta la Sagrada Montaña de la Creación Literaria Chachi Piruli para encontrar la inspiración, pues, en este caso, mi inspiración habéis sido vosotros.
Gracias a todos.



6 comentarios:

  1. Pedrooo!!!
    No sé qué me ha pasado. Tus escritos siempre me hacen reír y con este he terminado casi llorando de emoción. Uf!
    Amigo, sigue escribiendo a tu manera y como quieras. Lo hagas como lo hagas siempre te sale bien.
    Por cierto, casi he llegado a oler el tufillo que desprendía el viejo. Jeje.
    Me ha encantado!
    Hoy he sido la primera, algo es algo.
    Recibe como siempre dos abrazos, uno de esta humilde seguidora, otro de Vilma y arrumacos de Sol y Luna.

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    1. ¡Vilmaaaaaaaaaa!

      Te confesaré algo: yo también me he emocionado con vuestra lealtad y vuestra constancia en estos dos meses y pico que llevo con esta historia. Para serte sincero, esta pieza la he ido escribiendo semana a semana siguiendo los impulsos creativos provocados por vuestros comentarios. Cuando subí las dos primeras partes, eso era (casi) todo lo que tenía. Sin embargo, a medida que iba leyendo vuestros comentarios -siempre amables y generosos- me empujaba a mí mismo a remover la coctelera de ideas que anidan en mi cabeza confiando en sacar algo de provecho. Y así ha sido. Por ese motivo he querido reconoceros vuestro apoyo; porque, como digo en un párrafo concreto de mi texto: "Sin lectores los escritores no son nadie, no son nada".

      Para allá van de vuelta otros dos abrazos, para ti y para Vilma. Y no me olvido de Sol y Luna, no vaya a ser que se enfaden con este humilde "tío que escribe cosas". Cuidaos.

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  2. No hay mal que por bien no venga, jeje. Tanto esfuerzo y paciencia tenía que verse recompensados, y así ha sido, aunque no como el protagonista esperaba. Su propia experiencia y determinación han sido finalmente la clave para saber cómo obrar de ahora en adelante. Haciéndose caso a sí mismo y siguiendo sus propias reglas. Hace tiempo que llegué a hartarme de tanto consejo ajeno: que si no hagas esto, que si no hagas aquello, evita lo de más allá. Y luego ves cómo quienes dictan esas normas se las saltan a la torera sin contemplaciones y acaban ecribiendo como les sale de la pluma. Entiendo que tu protagonista llegara a desesperarse al notar un vacío de ideas. Todos hemos creído alguna vez en la existencia de las musas y de la fuente de la inspiración. Ante ello, creo que lo mejor es no hacer absolutamente nada más que tranquilizarse, respirar hondo, dejar pasar el tiempo y leer mucho. El milagro, que no es tal, llegará algún día por sí solo. Y de paso, nos ahorraremos tan largo camino en busca de lo que no existe, jeje. Pero, bueno, siempre puede considerarse que esa búsqueda es como el camino de Santiago: hay a quien le resulta revitalizador y santificador. Cada maestrillo tiene su librillo, dijo un sabio maestro de escuela cuyo nombre nadie recuerda.
    De todos modos, ese viaje en busca de la inspiración me ha tenido en vilo durante esas once semanas y me ha hecho pasar un rato mucho más agradable que al propio protagonista, me temo.
    Se agradece tu mención a mi participación como espectador y comentarista. En el fondo, la curiosidad me corroía y menos mal que la historia ha llegado a su fin, pues, de lo contrario, habría acabado corroído hasta la médula, jajaja.
    Un fuerte abrazo. Y ahora, manos a la obra, pero a la obra literaria, que te conozco e igual te vas a trabajar al edificio en construcción que hay en la esquina.

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    1. Pues mira, como estoy totalmente de acuerdo contigo en eso de los "aconsejadores oficiales del Reino" que dicen cómo hay que escribir y luego ellos escriben como les sale del bolo, voy a empezar por el final. Ea, con un par. :P

      Me temo que ya no estoy para subir bloques de cemento ni llevar la carretilla hasta arriba de arena y mortero. Y no te digo nada de cargar sobre mis espaldas sacos de escombros de 30 kilos. Me temo que ya estoy retirado de eso. Mi querida espalda me retiró de eso; y yo, como un amante juicioso, he decidido hacerle caso, y procurar no abusar de su sostén, pues conozco bien lo que se sufre cuando la espalda te da la idem.

      En cuanto a lo que dices del "maestrillo", lo suscribo al cien por cien. Cada uno de nosotros tiene un método, una manera de hacer las cosas, que podrá estar equivocada o no, pero es la manera en la que mejor nos desenvolvemos, y a la que debemos fidelidad a tenor de los resultados obtenidos. Cierto es que se necesitan unas bases, unos conocimientos mínimos, unos mimbres sólidos sobre los que ir construyendo todo lo demás, pero la forma de colocar las piezas que conformarán el puzzle de nuestra obra debe ser algo parecido a una tarjeta de crédito: personal e intransferible.

      Aún no tengo muy claro que se pueda enseñar a escribir de manera literaria. No le tengo mucha fe a los talleres literarios, la verdad. Doy por hecho que habrá de todo: grandes profesionales que sepan lo que se hacen y vendehumos sacacuartos con más cara que espalda. Internet está inundado de estos últimos. No tienes más que echar un vistazo a cualquiera de las redes sociales en las que solemos coincidir para ver cómo se promocionan día sí y día también, vendiendo obviedades como si fuesen gemas de un valor incalculable. Eso sí, son más listos que el hambre. Si al acabar sus enseñanzas resulta que no has aprendido nada, o que sus trucos del almendruco no te funcionan, eso no será culpa de ellos sino culpa del alumno, que es un negado y carece de talento o capacidad de trabajo. Me conozco el paño.

      Yo, como cualquier creador, también he pasado por temporadas de sequía creativa. Y he hecho exactamente lo que sabiamente apuntas en tu comentario: desconectar, tomarme un descanso, leer mucho, ver mucho cine, escuchar mucha música y dar largos paseos. Cuando menos te lo esperes, las historias volverán a ti.

      Como le decía a Ana, vuestros comentarios en estas diez semanas han sido un motor importante para mí, de ahí que considere justo dejar constancia de ese hecho. Sin vuestros comentarios y vuestras reacciones, esta historia se habría quedado en una cuarta parte de lo que al final ha sido. Así que: gracias.

      Un fuerte abrazo, amigo Josep.

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  3. Jo, iba a poner un comentario chulo como colofón a esta serie tan buena y al leer la nota final y ver mi nombre me has descolocado tanto que me he quedado sin palabras. A ver si me recupero.
    Que digo que tu protagonista ha hecho muy requetebien en mandarlos a todos a hacer puñetas. Ya se lo avisé, que se quedara en el Valle de la Procrastinación.
    Me ha encantado esta serie, porque además de hacer gala de un fino humor no has dejado títere con cabeza. La crítica implícita (a veces era muy explícita) al mundo editorial y a tanto fariseo de las publicaciones me ha parecido fantástica.
    Por un lado me gusta que tu protagonista (tú) haya tomado una determinación y deje de vagar perdido por esos mundos oscuros y frustrantes, pero por otro me da pena que se haya acabado la historia. En fin, nada es eterno y todas las historias se tienen que terminar (menos las que escribe George R.R. Martin, claro).
    Un beso y gracias a ti por tan buena manera de enganchar al lector, al menos conmigo lo has conseguido más que de sobra.

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    1. Saludos, Kirke.

      ¿Ibas a poner un comentario más chulo que un ocho? Jajaja Lamento haberte estropeado el plan. Mecachis. :(

      Creía (y sigo creyendo) necesario dejar constancia de quienes me han acompañado en esta singular aventura que empecé como un "salto al vacío" y que, poco a poco, y animado por vuestros generosos comentarios, fue creciendo y animándome a darle continuidad.

      Celebro que os haya gustado la historia. No resulta fácil hoy día enganchar con un relato ofrecido en pequeñas dosis semanales. Era algo arriesgado, lo sé. Y, a pesar de ello, decidí ir a por todas. Al fin y al cabo, uno escribe para divertirse y sorprenderse a sí mismo (yo aún lo consigo); y si, de paso, consigues hacer que otros se diviertan y se sorprendan con lo que escribes, pues "miel sobre hojuelas". Como decían Faemino y Cansado (a los que adoro): "Lo importante es tener salud". Jajajaja

      Coincido contigo en el pesar que se siente cuando algo que te ha proporcionado tantos buenos momentos de placer lector llega a su fin. A mí me sigue pasando como lector y como escritor. Pero no te preocupes, el mundo está lleno de historias esperando que alguien las lea. O que las escriba. Así que, en nosotros está...

      Recibe otro beso de vuelta, Kirke. Y gracias a vosotros por vuestra fidelidad y constancia. Han sido un bálsamo en tiempos inciertos.

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