viernes, 23 de septiembre de 2016

ENTREVISTA A ELENA ÁLVAREZ


Creo que ya os he hablado de Elena Álvarez, mi cómplice en esa absurda empresa de llevar a escena algunos de mis relatos.
Elena es un montón de cosas: escritora, dramaturga, fotógrafa, realizadora, editora, guionista...¡uff, dejadme que coja un poco de aire! O mejor, visitad su página en AFACTYS y echad un vistazo a su currículum profesional aquí.
Además de todo eso que he mencionado, Elena administra su propia web de servicios editoriales, publicidad, redacción de contenidos, talleres y cursos, bajo el sugerente nombre de EL PRIMER ACTO.

Una vez dicho todo esto, me gustaría que conozcáis un poquito mejor a Elena. Y para ello se me ha ocurrido entrevistarla. ¿Nos acompañáis?


Entrevista a Elena Álvarez




Como autora, ¿eres más de esperar a que las musas vengan a ti o de ir tú a buscarlas a ellas?
Depende del día, del momento, del estado anímico, de la alineación de los planetas. Pero por lo general, mi musa —Euterpe, más concretamente—, se porta bastante bien conmigo y me ofrece infinidad de ideas, más o menos locas, a través de la música.

¿Eres impulsiva creativamente hablando, es decir, te dejas llevar o eres más metódica y cerebral?
Estoy como una cabra. Para qué nos vamos a engañar. Por un lado, soy una auténtica maniática del orden y la organización, así que intento seguir siempre unas pautas y una serie de normas autoimpuestas. Pero, por otro lado, también soy impulsiva —de más, quizá— y tiendo a la procrastinación con bastante empeño. Así que mi proceso creativo se basa en una lucha constante contra mí misma, o entre mis dos partes, si se quiere.

¿Alguna vez alguno de tus personajes se te ha ido de las manos y ha logrado romperte los esquemas?
Siempre. Terminan haciendo lo que les da la gana, pero la verdad es que me gusta que tengan vida propia, de lo contrario terminarían todos pareciéndose demasiado a mí. De hecho, ahora que lo recuerdo, escribí un relato sobre esto mismo en mi blog personal; Henry.

¿Piensas en alguien cuando escribes, en un lector-tipo determinado, o te guías única y exclusivamente por tus gustos personales o por tu instinto?
No, no pienso en absolutamente nadie. Lo único que me preocupa es si se entiende bien la historia que cuento o lo que quiero expresar con ella. Lo demás es accesorio.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado, o el que más te haya marcado, en relación a la escritura?
Difícil pregunta. No es que me hayan regalado demasiados consejos, por desgracia, pero recuerdo siempre las palabras que Ramón Paso me regaló en una entrevista que le realicé hace unos meses: «No sé los demás, pero yo con veinte años era gilipollas. Con los años, la circunstancia se ha corregido favorablemente. A los veinte o los veintitantos todos creemos estar en posesión de la verdad absoluta y ser inmortales. Con el tiempo, descubres que eso es mentira. José Luis García Sánchez, con quien he tenido el placer de trabajar, me dijo un día que nadie escribe nada interesante hasta cumplir los cincuenta. La juventud es algo maravilloso que, por suerte, se pasa con los años.»

¿Qué autores consideras tu referencia, esos que te sirven de guía, de ejemplo o inspiración a la hora de abordar tus creaciones?
Murakami, Amèlie Nothomb o Palahniuk en narrativa. Alejandro Casona y Yasmina Reza en teatro.

¿Alguna manía confesable a la hora de sentarte a escribir? Porque supongo que escribes sentada, ¿no?
Más que una manía es un vicio; fumo como un carretero cuando estoy ante las teclas.

¿Qué opinas sobre la autocensura creativa? ¿Te has autocensurado alguna vez?
A menudo, sí. Trato de evitarlo, como supongo que haremos todos, pero pienso que es inevitable, una parte inherente al proceso mismo de creación. Escribes, cortas, te cortas, vuelves a escribir, y así hasta quedar lo más satisfecho posible.

¿Sobre qué no escribirías nunca? ¿Hay alguna temática que jamás abordarías?
Todo lo relacionado con la erótica festiva me da dolor de cabeza. No porque deteste el género, sino porque, simplemente, se me va de las manos. Soy incapaz de escribir una escena de sexo como Dios manda, así que las obvio y me quedo tan ancha.

Tanto en tu faceta como autora como en tu faceta como lectora, ¿hay algún género por el que sientas especial predilección?
Me gusta el realismo mágico, pero no el de Márquez precisamente, lo siento —no lo siento—. Me encanta el realismo pero no ese que es exacerbado, descriptivo hasta la extenuación. Y sobre todo, me gusta lo negro. Ya sea novela negra per sé, policiaca, humorística o costumbrista; lo que sea, pero negro, por favor.

Fotografías de Mar Argüello Arbe

Por tu experiencia como editora al frente de la Editorial Argonautas y la Revista Argonautas, ¿crees que se lee poco en nuestro país? En caso de que tu respuesta sea afirmativa, ¿qué medidas adoptarías o impulsarías para animar a la gente a leer más?
No creo que se lea poco. No se compran libros ni se dan oportunidades reales a pequeñas editoriales o a autores noveles, que no es lo mismo.
Es un tema complicado, para hablar largo y tendido, pero en resumen, creo que es una tara importante dentro de la sociedad de este país. Vivimos en una sociedad en la que todos somos especiales, todos somos importantes y geniales como individuos, pero en la que no se entiende el concepto de colectivo. Hoy en día, el gasto en cultura —tanto desde la administración como desde el bolsillo del ciudadano medio— es ínfimo. En vez de instar a comprar y consumir cultura a lo loco, igual habría que plantearse por qué no se está consumiendo y actuar en consecuencia. Porque, y a la vista está, no se va a resolver nada, pero nada de nada, si no se parte de una buena base, y esto no hay manera de abordarlo desde un punto de vista que no sea pura y llanamente educativo.
Se puede “parchear” con medidas extraordinarias a una sociedad inculta igual que se hace con una rueda pinchada, está claro, pero siempre perderá aire.

¿Por qué el humor están tan infravalorado en el mundo literario en general? Por ejemplo, no conozco a ningún escritor que escriba humor y que haya ganado algún premio literario de prestigio o que haya sido propuesto para un premio nobel de literatura. Tengo la impresión, por mi experiencia, que el humor no se toma demasiado en serio en el mundo académico. ¿Estás de acuerdo conmigo? ¿Por qué crees que ocurre esto?
No solo en el terreno literario; ¿cuántas comedias se han llevado un Goya o un Oscar? Déjame ayudarte: ninguna. Tampoco el género romántico/erótico está demasiado bien visto en los círculos académicos. Ni las tan de moda novelas Feelgood. Pero en fin, ¿qué le hacemos? Los círculos académicos son eso, académicos, y a menudo se encuentran bastante alejados de la realidad.
En cualquier caso, sí creo que existen autores humoristas de gran prestigio, que se lo han ganado a pulso y que han conseguido algún que otro premio además de la admiración del público lector. Por ejemplo, Tom Sharpe, uno de mis autores de humor preferido, se llevó a casa el premio Humor Negro en el ’86 y sus novelas se han adaptado en forma de obras de teatro y novela gráfica.

Ahora me gustaría abordar tu faceta como autora teatral. Sé que ya has estrenado un par de obras teatrales de tu autoría en los escenarios de Madrid. ¿Cómo definirías la experiencia?
Difícil, en todos los sentidos.

¿Qué sentiste el día del estreno de tu primera obra teatral? ¿Cumplió tus expectativas?
Estaba muy nerviosa, como es lógico. Por amor al arte era, desde un punto de vista escénico, bastante complicada y, para más inri, llevaba meses sin acercarme a los ensayos, así que no tenía ni idea de cómo iba a resultar aquella primera representación. Al final, me sorprendieron muchas cosas, algunas para bien y otras no tanto.

¿Tienes algún proyecto literario en el que estés trabajando al margen del teatro? ¿Alguna novela, quizás?
Tengo algunos proyectos de novela pendientes, una a medio escribir y otras dos en modo bosquejo, pero no tengo tiempo físico para ponerme a trabajar con ellas como merecen. También estoy escribiendo un par de obras de teatro de gran formato y terminando una de micro, pero lo mismo, se me va el tiempo de las manos.
De momento estoy centrada en un taller que imparto junto a Santiago Sánchez y JIGF para la asociación ADILAS y en el curso de microteatro de Ateneo Literario que comienza en octubre.

Hace muy poquito has estrenado un nuevo espacio en Internet dedicado única y exclusivamente al teatro y al que has bautizado como EL PRIMER ACTO. En ese espacio, además de hablar de estrenos, comentar noticias y entrevistar a gente relacionada con el teatro ofreces diversos servicios editoriales a autores noveles, talleres, cursos y consejos. ¿Qué tal está siendo la experiencia?
Bonita, muy bonita, la verdad. Gracias a El primer acto estoy conociendo a gente maravillosa; autores, jefes de sala y actores impresionantes y muy profesionales. Además, tener una página de este tipo me obliga a mantenerme más al día sobre estrenos y mover más el culo hacia cualquier teatro.
Por descontado, escribir sobre lo que a uno más le gusta siempre es mucho más gratificante, ¿no?

Ahora hablemos del proyecto ABSURDAMENTE TEATRAL. ¿Qué viste en los libros de Pedro Fabelo para querer embarcarte con él en un proyecto de esta envergadura? Sé que ya has hablado de ello en la página del proyecto, pero, ¡me resulta tan gratificante oírtelo decir! Dímelo una vez más, Sam. Perdón. Dímelo una vez más, Elena.
(Risas.) Vi, sobre todo, a un autor de calidad, inteligente, con buenas ideas y un estilo propio. Me sorprendió mucho en este sentido, porque pese a ser relatos frutos de un autor novel, estaban muy depurados y bien pensados. Además, tenían muchos diálogos, rápidos e interesantes, así que era imposible no imaginar cada relato sobre un escenario.

Por último, ¿crees que alguna vez podremos mantener una conversación como es debido por Skype? ; )
No caerá esa breva, ya verás. Aunque me mantengo optimista al respecto.


Nota del entrevistador: La última pregunta y su correspondiente respuesta obedecen a una memorable jornada en que Elena y yo intentamos, sin éxito, mantener una conversación por Skype. Al principio de la conexión yo podía verla a ella pero no podía escucharla. Luego podía escucharla pero no podía verla. Ella, mientras tanto, ni podía verme ni escucharme. Lo tomé como una señal. A lo largo de mi vida ha habido muchas mujeres que no podían verme ni escucharme. ; )