Para un autor como yo,
autopublicado (sí, ¿qué pasa? ¿Algún problema? Pues eso), cada
venta de un libro mío es un pequeño triunfo, una pequeña victoria
que, si bien no sirve para ganar una guerra, sí que dota de munición
suficiente para seguir atrincherado con opciones de ganar la batalla
final por la supervivencia literaria.
Escribimos porque nos
apasiona, porque tenemos un montón de historias metidas en la cabeza
que necesitamos poner sobre el papel, o reflejar en la pantalla del
ordenador, y porque ansiamos, necesitamos publicarlas para que otros
las lean, y de este modo poder provocarles todo el torrente de
emociones que éstas encierran.
Cuando alguien compra un
libro tuyo, lo que más deseas es recibir su impresión acerca de lo
que ha leído: si le ha gustado, si ha disfrutado con tus escritos,
si le ha merecido la pena la inversión. Y cuando la respuesta es
positiva, no puedes evitar acordarte de las horas y horas que le has
dedicado a cada libro, la de horas que le has robado al sueño porque
una historia no terminaba de coger forma en tu cabeza, o porque
intuías que aún faltaba algo para redondear esa historia que te
traías entre manos y que se te resistía o que había cosas que no te
convencían del todo y que necesitabas pulir hasta quedar convencido
al cien por cien.
Y cuando una lectora,
alguien como Irene F. Garza, escribe cosas tan bonitas como
las que ha escrito en su blog La Quimera acerca de lo que le
ha parecido la lectura de mis libros, uno sólo puede estarle
agradecido por su generosidad, su honestidad, su apasionado carácter
y su valentía a la hora de apostar por un escritor autopublicado como yo.
Amigos, amigas, haceos un
favor y visitad el blog de Irene F. Garza. Se llama LaQuimera. En él encontraréis historias, cuentos, relatos o
piezas cortas, todo ello impregnado por el alma sensible de una mujer
que da lo mejor de sí en cada cosa que escribe.
Y además, he de
añadir, porque me consta, y quienes la conocéis y la tratáis
estaréis totalmente de acuerdo conmigo, que Irene es una de las
chicas más generosas que te podrás encontrar en la blogosfera,
siempre dispuesta a compartir y difundir no sólo sus letras sino la
de todos aquellos que llaman su atención.
Me siento afortunado de
ser uno de esos beneficiarios de su generosidad.
Por todo ello, sólo me nace
decir: ¡Gracias, Irene! ¡Gracias, chiquilla!
Si queréis leer adelantos
totalmente gratuitos de mis dos libros publicados, pinchad en los
siguientes enlaces:
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Un abrazo.
