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| Anda que no es bobo el "tibupulpo" ni ná. Puestos a comerse a alguien, mejor una rubia semidesnuda que un turista gordo en calcetines y sandalias. |
La semana pasada os hablaba
en este post de esas cosas un pelín molestas que nos solemos
encontrar en determinadas pelis o series.
Obviamente, dependiendo del
género, podemos tomarnos esas pequeñas inconveniencias como un
aliciente extra a la hora de disfrutar de una buena peli. O una mala
peli; porque, aunque no os lo creáis, las pelis malas también proporcionan placer. De hecho, existen festivales dedicados exclusivamente a la serie B, e incluso
a la serie Z. Por la letra ya os podéis hacer una idea de lo malas
malísimas que son. Y porque no hay más letras en el abecedario, ya que hay algunas que se merecerían un abecedario para ellas solas
(Sharknados, Castores zombies y Tibupulpos aparte).
Pero este post no va de
pelis malas, no. Va de pelis supuestamente serias en las que se
suelen observar “lugares comunes” que consiguen desvirtuar un
pelín su calidad.
Y no me refiero a que se
cuele un micro en mitad del plano, o que a un soldado de la Roma
Imperial se le vea exhibiendo sin el más mínimo pudor un reloj de
pulsera; por cierto, memorable la escena de Peter Sellers haciendo de
extra patoso en esa maravilla del séptimo arte titulada The
party, que en este bendito país nuestro (España) se tradujo
como El guateque, escrita y dirigida por ese grandísimo
maestro de la comedia que fue Blake Edwards. Ni sé la de veces que
habré visto esa película, y nunca falla: siempre acabo bebiéndome
las lágrimas de los ataques de risa que me provoca.
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| El enorme Peter Sellers en una de sus más excelsas interpretaciones: Hrundi V. Bakshi, posiblemente el extra cinematográfico más desastroso (y desquiciante) de la Historia del Séptimo Arte. |
Cuando hablaba de “lugares comunes” me refería más bien a esas “cagadas” que se les suelen colar a los montadores (ejem), y que, de tantas veces que las hemos visto, ya ni nos llaman la atención y hasta las damos como válidas —como a aquel colega fatiga del anuncio que se empeñaba en que sus amigos aceptasen “pulpo” como “animal de compañía”, so amenaza de llevarse consigo el dichoso juego de mesa y dejarlos a todos con un palmo de narices cual Sheldon Cooper del tres al cuarto—.
Así pues, os dejo con la
segunda parte de este pequeño recorrido por esos “lugares comunes”
que tantas y tantas tardes de gloria nos ha brindado.
9 ) Peinados de mármol y
maquillajes imperecederos.
¿Cuántas veces hemos visto
a una actriz recién despertada en la cama, se supone que tras una
noche durmiendo y/o retozando entre las sábanas, y la tía está
perfectamente peinada y maquillada?
Y yo me pregunto: ¿es que
el maquillaje del cine va con una capa de barniz encima para que no
se corra ni se estropee, ni tampoco manche las sábanas o la
almohada?
Y esas permanentes que se
gastan algunas deben ser la leche. En serio. Más de una pagaría por
un peinado así, anti-almohadas, ¿a que sí?
10 ) ¿Para qué usar las
llaves si tienes una tarjeta de crédito?
¡La de veces que hemos visto
abrir una cerradura con una tarjeta de crédito! Intentadlo en la
vida real. Ya veréis, ya. Os vais a enterar.
¡Cuánto daño ha hecho
McGiver, carajo!
11 ) Las peleas con
orden, seamos civilizados.
Situación: un protagonista
se enfrenta a un pelotón de malotes. Él es uno. Ellos son siete;
por lo menos. Se pelean. ¿Atacan los malos malotes todos juntos?
¡No, por Dios! ¿Acaso somos salvajes? De uno en uno y en fila. Que
el bueno tenga tiempo de patearles el culo y recuperar la posición.
¡Siguiente!
(Esto va por ti, Chuck
Norris. Y por ti, Steven Seagal. Ya me gustaría veros peleando con
una banda de siete tíos atacando a la vez. A los dos se os caería
el peluquín que lleváis clavado con remaches a la calva. ¡Steven, hijo mío, si resulta que tienes más pelo ahora con sesenta tacos que
cuando tenías veinticinco!).
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| Lo de este tío no es normal: provoca tanto miedo allí por donde pasa que hasta su pelo ha decidido regresar a su cabeza por temor a que se enfade. Atila al lado de este tío, un mindundi. |
12 ) Setenta y dos ojos,
por lo menos.
Dos personajes subidos en un
coche en marcha. Uno de ellos conduce. Los dos mantienen una
conversación. El conductor se pasa el 99% de la conversación mirando a su interlocutor. Aún así no se salta ni un stop, ni un
semáforo en rojo, ni atropella a nadie, ni sufre un accidente.
¿Será un coche de esos de
atracción de feria que van sujetos a un rail? Porque, de lo
contrario, no se entiende.
Ni una ardilla pillan, los tíos.
A esta gente les sobran los puntos del carnet, fijo. Tienen pa' dar y regalar.
A esta gente les sobran los puntos del carnet, fijo. Tienen pa' dar y regalar.
13 ) Pon la tele, por
favor.
Yo no sé en otros países
pero aquí, en España, hay en abierto como unos veintidós o
veintitrés canales. Eso sin contar los canales autonómicos y las
plataformas de pago.
¿Cuántas veces hemos visto
en una peli que alguien llama por teléfono a otro y le dice: «Pon
la televisión. Te interesará ver lo que dicen»?
Y el tío va, pone la tele, y justo sale el canal que decía el de la
llamada de teléfono. Y no sólo eso, sino que, además, la noticia
empieza justo en el punto interesante del asunto, como si el
presentador del programa de noticias estuviese esperando a que el
interesado de turno haya encendido la tele. Sólo le falta decir:
«¿Qué? ¿Ya? ¿Empiezo? Ok.
Hoy en Pasadena han matado a un hombre...».
14 ) Hablando de
westerns (las pelis del "oeste" de toda la vida).
Cuando un cowboy llega adonde quieren
llegar deja el caballo atado a un poste en mitad de la calle. Ojo,
la misma brida rodeando con un par de vueltas un simple poste de
madera. ¿Y ya está? ¿Nadie roba el caballo? ¿Acaso tienen alarma antirrobo? ¿Será que el caballo, si ve que alguien que no es su dueño intenta llevárselo, avisará a su legítimo propietario con relinchos? ¿O ahuyentará al ladrón a base de pedos?
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| "¡Eh, Johnny, que se te lleva el caballo la grúa!" |
15 ) Y esos sombreros de
vaquero, oiga...
Cabalgan a toda leche con
esos sombreros y no se les salen disparados con la fuerza del viento.
¿Es que los tienen pegados con cola a la cabeza o qué?
El que inventó esos
sombreros se haría de oro fabricando peluquines para Chuck Norris y
Steven Seagal, ya te lo digo yo.
Ahora bien, como digo una
cosa digo la otra: la mayoría de las veces, cuando una película me
gusta, me meto tanto en ella que estos pequeños fallitos ni me
llegan a molestar. Es más, no es hasta la tercera o cuarta
visualizada cuando empiezo a darme cuenta de estas “deliciosas
cagadas”. Y es que, aún sabiendo que lo que ocurre en la pantalla
es todo mentira, ¿quién no es capaz de emocionarse ante una intensa
historia de amor o un drama de esos que te dejan hecho mierda por
unas horas, incluso por unos días o semanas? Porque, y esto es una
teoría mía, todos, quien más quien menos, necesita emocionarse de
vez en cuando, soltar lastre, echar fuera ese sentimiento que te
oprime el pecho y no te deja respirar. ¿O no?
En fin, seguro que vosotros
tenéis algunos ejemplos más de esas pequeñas cosas bastante
irritantes que suelen suceder en vuestras pelis favoritas. Me
encantará conocerlas a través de los comentarios.
Un abrazo.
Ah, ¡y viva el cine!, aunque sea mentira.







