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jueves, 12 de diciembre de 2019

MIRANDO ATRÁS

Mi ejemplar de "Cuentos sin plumas" de Woody Allen.
 
En mayo de este año —2019— mi blog cumplió cinco años de andadura. ¿Por qué no hice un post especial celebrando la efeméride? Bueno, para ser honesto, en esos días andaba con la crisis subida a mi chepa y me debatía en si dar continuidad al blog o si cerrarlo definitivamente. Así estaban las cosas.
Dudé mucho por esos días. Se me habían juntado varios acontecimientos negativos: el cierre de Google Plus, la brutal pérdida de visitas al blog, el fallido intento de empezar de cero en MeWe, las ventas residuales de mis libros, etc.
Pero entonces surgieron un par de hechos fortuitos que me hicieron replantearme la situación.
Uno de esos hechos fue la inesperada petición de Ana Azuela, directora y coordinadora de la web LAO Laboratorio de Artes y Oficios de México, de escribirle un artículo para su web.
Aunque por aquellos días me hallaba «Fuera de Servicio», como los taxis que acaban su jornada laboral, accedí a tomarme unos días y madurar un texto para su web. La base de ese texto fue una pregunta que llevaba tiempo haciéndome en la intimidad de mi cabeza: ¿Por qué escribo?
Al intentar dar respuesta a esa pregunta, comencé a reflexionar sobre todos los pasos que me habían llevado al lugar donde me hallaba en ese momento de mi vida.
Eso me hizo echar la vista atrás y recordar al joven que fui. Fruto de ese ejercicio me reencontré con ese chaval tímido y con una imaginación desbordante, que veía películas, escuchaba discos y leía cómics para escapar de la realidad que tan poco le seducía, mientras en su cabeza barruntaba historias y personajes a los que ansiaba dar vida en papel, a través de los dibujos que hacía o de las historias que escribía, deseando en un futuro no muy lejano poder mostrarlos al mundo, con la esperanza de gustar y poder dedicarse a ello de manera profesional.
Terminar el artículo me llevó tres semanas. Y es que, aunque algo me salga del tirón, soy de los que revisa y reescriben todo como un millón de veces antes de darlo a leer a alguien. Ésa ha sido siempre mi manera de enfrentarme a este noble oficio, y soy demasiado viejo para cambiar hábitos.
Cuando al fin lo consideré «publicable», se lo hice llegar a Ana.
Por si no lo habéis leído aún, o lo habéis leído pero deseáis releerlo para recordar de qué iba, pincha aquí.

Aquel artículo generó varios comentarios, tanto en mi blog como a través de mis redes sociales, lo que me hizo recuperar sensaciones. Me alegró saber que, a pesar de mis repetidas ausencias por diferentes motivos, por ahí fuera aún había personas interesadas en las cosas que escribía. Agradable sensación, sin duda. Sobre todo cuando sientes que lo que haces cada vez interesa a menos gente.
Con el paso de los días llegó al blog un comentario de alguien anónimo. Aquel comentario me rompió por dentro.
Tras darle muchas vueltas al asunto he decidido no reproducir el comentario en su totalidad. Y no lo voy a hacer porque ese comentario encierra mucho dolor, el dolor de una pérdida irreemplazable e inasumible, y no quisiera que se malinterpretasen mis intenciones.
Lo que sí haré es, respetando al máximo a esa persona y su dolor, entresacar de su comentario lo siguiente:

«Pasó mucho tiempo antes de que algo o alguien me sacara una sonrisa, pero llegó.
Mr. Fabelo, si aún se pregunta porqué escribe, por favor, deje que yo conteste por usted: usted escribe para que yo sonría».

Aún hoy sigo sin saber a ciencia cierta quién es su autora. Lo que sí sé es lo que provocó en mí. Me hizo recordar que yo mismo, hace muchos años, atravesé una época bastante oscura de mi vida. La tristeza se había instalado en mi vida y no había manera de quitármela de encima. Un día, estando en una tienda que solía frecuentar, me puse a curiosear entre los libros que allí tenían expuestos, y mis ojos quedaron prendados de una portada y un autor. Tomé aquel libro entre las manos, lo abrí y comencé a hojearlo. De repente, me vi a mí mismo sonriendo. Ni recordaba la última vez que algo me había hecho sonreír. Al acabar de leer unas pocas frases más, ya había tomado una decisión: quería aquel libro. Así que lo llevé al mostrador de caja y lo compré. Aquella misma noche, antes de dormir, me puse a leerlo. Y volví a disfrutar de algo, apartando de mi lado esa tristeza que tanto me asfixiaba y me consumía por dentro.
Por suerte, aquel libro era bastante tocho: 402 páginas, pues en él se recopilaban tres libros de relatos del mismo autor. Eso hizo que mi disfrute se alargase durante muchas noches, hasta el punto de desear cada día que llegase la hora de la lectura para zambullirme entre sus páginas. Desde aquella primera lectura, he releído muchas veces aquel libro. Y aún hoy me sigue arrancando sonrisas cómplices, haciendo que la tristeza huya de mi lado.
Aquel libro es Cuentos sin plumas, de Woody Allen.
Aún hoy, me gusta pensar que aquel libro me salvó la vida.
Me emociona haber sabido, gracias a los correos y comentarios que generosamente algunos de vosotros me habéis hecho llegar a lo largo de estos cinco años de andadura, que alguno de mis libros o relatos ha conseguido haceros olvidar la tristeza. No conozco mejor objetivo que ese: hacer feliz a alguien haciendo lo que más me gusta.
Ojalá tarde en volver a preguntarme por qué escribo.


jueves, 21 de noviembre de 2019

GRACIAS, ROSA BERROS CANURIA

Cabecera del blog de Rosa Berros Canuria

Siguiendo con esta buena costumbre de agradecer de manera pública y notoria —es decir, bajo notario—, la compra de alguno de mis libros por parte de almas generosas, hoy me complace dar las gracias públicamente a Rosa Berros Canuria.
Nunca agradeceré lo suficiente el que personas como ella decidan rascarse el bolsillo —algo que no siempre resulta sencillo, habida cuenta de lo mal que anda la economía para los que no somos políticos ni formamos parte del Consejo de Administración de una eléctrica—, con intención de adquirir alguno de mis libros.
Para todas esas personas sólo tengo palabras de agradecimiento, y un único deseo: que mis letras les hagan olvidar, o aparcar por un rato, toda la fealdad del mundo que nos rodea a diario.
Obviamente no conozco a todas las personas que han adquirido y siguen adquiriendo alguno de mis libros. De muchos jamás llegaré a saber sus nombres, ni cómo llegaron a mí o a mis libros. Eso es algo que les pasa al 100% de los escritores, no sólo a mí. Tampoco sabré si, una vez leídos, les gustó lo que leyeron, si disfrutaron de mis historias, de mi manera tan particular de hacer humor, con el absurdo siempre presente. En definitiva: nunca sabré si a esos lectores anónimos les mereció la pena el tiempo y el dinero que generosamente me dedicaron.
Pero basta de hablar de mí. ¡Ni que me hubiese poseído el espíritu de Francisco Umbral, por Dios!
Aquí de lo que se trata es de agradecer públicamente a Rosa Berros Canuria su gesto. Y eso voy a hacer.
Realmente no tengo muy claro cómo nos conocimos Rosa y yo. Sé que ambos hemos colaborado para la misma revista, Moon Magazine, sabiamente dirigida por la gran Txaro Cárdenas. Rosa aún sigue colaborando allí. De lo que ya no estoy tan seguro es de si llegamos a coincidir en la misma etapa. Yo tuve que abandonar la revista a principios de 2016, a raíz de la grave enfermedad de mi abuelo.
Sea como fuere, el caso es que un buen día Rosa se dejó caer por mi blog, leyó una de mis entradas y la comentó. Con el tiempo, esas visitas se fueron repitiendo, hasta el punto de convertirse en una asidua, dejando amables y generosos comentarios a cada nueva entrada que subía.
Un día me escribió: «Acabo de comprarme tu primer libro de relatos. En cuanto lo lea, te haré una reseña en mi blog».
Dicho y hecho. A las pocas semanas, me hizo llegar un enlace a la citada reseña. Os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo:


Reseña de Absurdamente Vol. I por Rosa Berros Canuria. PINCHA AQUí

En cuanto a Rosa, sólo puedo hablar cosas buenas de ella. Por las conversaciones que hemos tenido sé que es una persona sencilla y cercana, que atesora un gran bagaje cultural, no en vano se dedicó a la enseñanza, y que una de las cosas que más disfruta en la vida es leer un buen libro. Me alegró saber por su reseña que mi libro no la defraudó.
Mientras me documentaba para la redacción de este post, me puse a curiosear por el blog de Rosa, de nombre Cuéntame una historia.
En él encontré una sección, llamada In memoriam, en la que Rosa rinde su particular homenaje a personas, principalmente relacionadas con el mundo de la cultura, que desgraciadamente nos van dejando. Me leí algunos de esos artículos —Tony Morrison, Philip Roth—, hasta que hubo uno que me llamó especialmente la atención. En él, Rosa hablaba de su padre, recientemente fallecido.
A través del emotivo recorrido vital que Rosa hace de su padre, y de su especial relación con él, conocí a la propia Rosa. Por sus letras supe que es una persona tímida —¡bienvenida al club!—, que se reconoce cabezota —como su padre—, y que de él no sólo heredó su cabezonería y su honradez, sino su curiosidad por los libros. Rosa nos habla de la colección de libros que su padre atesoraba desde su propia infancia y adolescencia, con Salgari, Burroughs y Verne a la cabeza, y de como esa colección despertó en ella su afición lectora, la cual, una vez adquirida, procuró contagiar a su hermana.
Porque ése es el verdadero poder de las letras: la capacidad de transmitir emociones, sensaciones, vivencias, anhelos y sueños; también miedos, decepciones, dolor e ira. Porque la vida no siempre es fácil vivirla. A veces se nos hace cuesta arriba enfrentarnos a lo que nos depara, desafiando nuestra comprensión y nuestra resiliencia. De ahí que, aquellos que tenemos la gran suerte de poder escapar de todo lo feo que nos rodea gracias al poder de las letras, agradezcamos infinitamente el que siempre haya un libro nuevo por descubrir, o uno que ya hemos leído para regresar a él y hallar cobijo entre sus páginas.
Yo, como autor autoeditado, sólo puedo darte las gracias, querida Rosa, por haber confiado en mí y en mis historias. Me alegra haber podido saber de primera mano, gracias a tu testimonio, que mis letras consiguieron contigo su principal objetivo: entretener, divertir e invitar a la reflexión.
Gracias, Rosa.

martes, 2 de abril de 2019

GRACIAS, MARIA CARMEN PIRIZ

Mis libros, a buen recaudo


Ya lo he dicho muchas veces: me encantan este tipo de posts de agradecimiento. En ellos, aprovecho para dar públicamente las gracias a aquellos lectores y lectoras que han adquirido alguno de mis libros y tienen blog propio.
En esta ocasión le llega el turno a María Del Carmen Piriz.
Ya tenía ganas, ya. ¿Por qué? Muy sencillo. Resulta que hace algún tiempo, tras haber comprado los dos primeros volúmenes de la colección ABSURDAMENTE, quise escribirle un post de agradecimiento, como Groucho manda.
—Gracias, Pedro.
—¡Groucho! ¿Por qué me da las gracias?
—Por tenerme en tan alta consideración.
—Debería ser yo quien le diese las gracias a usted.
—¿Y eso? ¿por qué?
—Por haberme hecho disfrutar tanto. Y por hacer que mi vida fuese menos aburrida. Su sentido del humor ha conseguido darle sentido a mi vida.
—Gracias, muchacho.

Como iba diciendo, mi intención con Mari Carmen era haber escrito un post de agradecimiento para luego subirlo al blog.
¿Y qué ocurrió? Pues que ella se me adelantó e hizo su propio post, que subió a su blog bajo el título «Dos libros “Absurdamente” de Pedro Fabelo».
Si os apetece leer su publicación, pinchad aquí.

Mari Carmen con mis libros (bueno, ahora suyos, ya que los pagó con su dinero)

A Mari Carmen seguro que muchos de vosotros ya la conocéis. Es una bloguera muy activa en las redes, pues es una ávida lectora que procura hacer visitas periódicas a los blogs que sigue.
Si os fijáis, en el margen izquierdo de su blog tiene incorporada una lista de los blogs que sigue, y, según he podido contar, la cifra alcanza los 85 blogs (¡Toma ya!).
Por cierto, yo estoy el último en la lista. Aunque, ya sabéis el dicho: «Los últimos serán los primeros…si le das la vuelta a la lista, claro».
¿Veis cómo no mentía cuándo os decía que Mari Carmen lee mucho? Y no sólo eso, sino que, además, comenta y comparte en las redes. Esta mujer es una todo terreno, oiga. Y no como alguien que yo me sé, que no tiene ni tiempo ni ganas para aprender a moverse en las redes sociales y no morir en el intento.

Mi relación con Mari Carmen empezó un día en que me dejó el siguiente comentario en el blog: «Pedro, acabo de comenzar a leer tu entrevista en Otros mundos, del blog de María Campra, y sólo con leer que te visitó la primera vez y le hiciste reír, eso es lo que necesito».
Pero como si de una cruel broma del Destino se tratase, quiso la casualidad que el primer relato mío que leyese Mari Carmen fuese un cuento de Navidad triste tristísimo que había subido al blog por aquellos días. ¡Qué gracioso el Destino!, ¿no? Tiene la gracia donde yo me sé.
Afortunadamente, este hecho no asustó a Mari Carmen. De hecho, escribió un comentario elogiando el estilo, y siguió leyéndome.
Con el tiempo, Mari Carmen se convirtió en una habitual de mi blog, al que acudía regularmente y dejaba su impronta en forma de comentario.
Un día, ella misma me informó que había decidido comprar mis dos libros de relatos (Absurdamente Vol. I y II), con intención de regalárselos a su marido por San Valentín.
Y cumplió…a medias.
¿Compró los libros? Sí. Pero no se los dio a su marido, sino que abrió el paquete y se los leyó a escondidas antes de envolverlos para regalo y entregárselos a su marido unos días más tarde de la fecha prevista, ya que, según me contó, a su marido le encanta el humor literario casi tanto como a ella.
Por cierto, tengo que decir que la compra de Mari Carmen ha sido una de las más “accidentadas” de cuántas hallan protagonizado mis libros. Resulta que, por alguna razón que desconozco, el sistema de Amazon no registró en mi cuenta la venta de los dos libros a Mari Carmen, por lo que yo no recibiría ningún dinero en concepto de derechos de autor —esto, amigos, es lo bueno de vender una mierda, que estás “al loro” y no se te escapa una (venta)—.
Detectado el error, solicité a Mari Carmen una copia de la factura, a fin de demostrar ante Amazon la existencia de la citada compra. Total, que tras catorce o quince correos de ida y vuelta entre Mari Carmen, Amazon y un servidor, al final los de Amazon subsanaron el error y yo pude terminar de pagar la última letra que me quedaba del deportivo que tengo apalancado en la entrada de mi casa (llamo “deportivo” a un chándal que tengo colgado en un perchero a la entrada de mi casa y que me costó 30 euros en una tienda outlet. Al chándal lo bauticé en su día como “el deportivo” porque tiene buen perder, ya que, a pesar de mis continuos desplantes, aún es capaz de esperarme con ilusiones renovadas cada vez que decido regresar al redil del ejercicio físico).

Pasado el tiempo, volví a tener noticias de Mari Carmen. Mediante comentarios en el blog me informaba que le habían encantado mis libros, que incluso se le habían hecho cortos de lo enganchada que estaba a mis relatos —cada uno de mis libros tiene unas 150 páginas de media y entre 27 y 30 piezas—, y que sabía que a su marido le estaban gustando mis historias porque escuchaba sus carcajadas que le llegaban de una habitación a otra de la casa.

Hace poco me escribió diciéndome que se había comprado el tercer volumen de la colección, y que lo estaba disfrutando muchísimo. Y yo, en agradecimiento a su fidelidad, le propuse —esta vez sí— escribirle un post personalizado de agradecimiento que luego subiría al blog.
Misión cumplida.

Querida Mari Carmen: espero que este post te haya hecho la misma ilusión a ti leerlo como a mí escribirlo.
Recibe un abrazo de mi parte.
—Y otro de la mía.
¡Groucho! ¿Usted también se suma al agradecimiento a Mari Carmen?
—Por supuesto. A las personas que son capaces de valorar el humor en lo que vale, hay que agradecerles todo lo que somos. ¿Tú qué opinas?
Totalmente de acuerdo.
—Pues eso.



martes, 25 de septiembre de 2018

GRACIAS, ALICIA GONZÁLEZ (Y A TU HIJO)



Este año (2018) me mantuve ausente del blog y las redes sociales durante casi cinco meses. Suficiente como para ganarme a pulso el olvido entre la gente que seguía mis publicaciones en el blog y que, de algún modo, se sintieron decepcionadas al no ver ninguna actualización en todo ese tiempo.
Lo confieso: temí que mi regreso fuese un sonoro fracaso, una especie de grito en el desierto ante una audiencia inexistente.
Sin embargo, he de decir que la respuesta de los lectores y visitantes del blog fue realmente esperanzadora. Muchos no sólo no me habían olvidado, sino que se alegraban de verdad por mi regreso.
Recibí muchos mensajes de apoyo y bienvenida. Algunos públicos, mediante comentarios en el blog; otros privados, a través de e-mails; y otros en mensajes insertados en alguna de las publicaciones que yo mismo había subido a las comunidades de Google Plus que tengo añadidas a mi perfil de usuario.
Uno de esos mensajes decía lo siguiente: «Un placer leerte de vuelta, Pedro Fabelo. Espero que tu libro entre pronto en aguas mediterráneas y tengamos noticias de él. Un abrazo fuerte».
El mensaje lo firmaba Alicia González.
Yo recordaba a una lectora del mismo nombre con la que había tenido mucho trato en los inicios del blog, allá por 2014 ó 2015, hasta el punto de que esa misma lectora acabó adquiriendo un ejemplar de mi primer libro de relatos.
Mi duda estaba en saber si se trataba de la misma Alicia o era otra persona. La duda venía a cuento porque había cambiado el avatar de su perfil, y eso me causaba confusión. Y como no me parecía justo limitarme a dar las gracias a alguien confundiéndola con otra persona, decidí asegurarme antes. Así que le escribí un mensaje preguntándole si era la Alicia que yo conocía de aquellos primeros tiempos del blog. Su respuesta no se hizo esperar: «Síiiiiiii. Soy yo».
Su confirmación dio pie a que le escribiese en privado, a fin de brindarle la oportunidad —como hago siempre— de, si lo deseaba, hacerme llegar sus impresiones acerca de la lectura de mi libro, además de una foto que colgaría en la galería de AMIGOS Y LECTORES que tengo habilitada en el blog.
Del intercambio de correos que vino después surgió su compromiso de hacerme llegar unas líneas y una foto.
A los pocos días, me llegó el texto prometido:

«Hola, Pedro.
Tuve tu libro más tiempo del que se merecía aguardando el momento propicio para leerlo, hasta que una frase en él me hizo ver que había estado equivocada. Tenía que haberlo metido en el bolso y llevarlo a todas partes para evitar esas “conversaciones de sala de espera”.
Por cierto, el relato de los abuelos por ver quién se moría más y mejor me acompaña en cada conversación —de abuelos y no tan abuelos— con toda esa gente que te encuentras en las salas de espera de los Centros de Salud o los hospitales, retándose los unos a los otros por ver quién tiene la “dolencia” más grave y está peor de lo suyo.
El de Tarzán ni te cuento; y el de la pareja que se “manda al fresco” después de discutir por ver quién de los dos quería más a quién, de verdad, no tiene precio.
Te digo más: tu libro está plagado de relatos que lees y te da el golpe de risa sin que lo puedas evitar. Pero quizás lo más interesante, y fascinante, es darte cuenta que a la vuelta de la esquina tienes a todos tus personajes cobrando vida ante tus narices. Increíble pero cierto.
¿Y qué me dices del cuento del “aterrizaje lunar”? Jajajajaja
Me gustó mucho tu libro, de verdad de la buena, y es cierto que te debo la foto. En cuanto mi fotógrafo personal —mi hijo de quince tacos— me haga un hueco en su apretada agenda —ayer le dije que tenía que currarse una foto para tu blog—, nos ponemos a ello y te la hago llegar.
Para mí también ha sido un placer leerte de nuevo, y saber por ti que sigues con tus proyectos.
Te deseo el mayor de los éxitos, y que algún día no muy lejano nos informes de tus firmas de libros por las librerías de muuuuchas ciudades”.

A los pocos días, recibí un nuevo correo con el siguiente texto:

«Hola, Pedro.
Te agradezco muchísimo el detalle de subir la foto al blog. Si te la hubiese enviado allá por 2015, seguro que no habría tenido ni la cuarta parte de disparate, ilusión y risas que lleva impresa en píxeles ocultos esta que te hago llegar adjunta al presente correo. Todo sucede por alguna razón, ¿no?
Ayer tuve la tarde libre y le dije a mi hijo: “Échate la cámara a cuestas que tenemos un trabajo importante que hacer”.
Se comió el coco un rato, hasta que dijo: “¡Lo tengo! El libro tiene que levitar”. A lo que yo respondí: “Ok. Levítalo pues. A ver cómo conseguimos hacer magia y que todos los personajes de Pedro no salgan volando con la “levantera” que está cayendo.
El caso es que aquí tienes el resultado. Los dos —modelo y fotógrafo— esperamos con mucha ilusión que te guste. Por cierto, para tu tranquilidad, te confirmo que todos tus personajes volvieron a casa sanos y salvos. Palabra».

Y aquí tenéis la foto que Alicia y su hijo me hicieron llegar:


Al verla, lo primero que pensé fue: «Mi libro está tan contento por la espectacular acogida que cosecha allá por donde va, que hasta levita de puro gozo».

Y ahora en serio.
Yo, ya lo he dicho muchas veces, no me canso de agradecer vuestra complicidad para con este proyecto que llevo años construyendo. Constatar de primera mano el cariño y la generosidad con la que acogéis mi trabajo es de lo mejorcito de este oficio, tan ingrato a veces.
Atrás, muy atrás, quedan las horas de soledad, de duro trabajo y dedicación casi enfermiza; la frustración que te provoca el hecho de no saber cómo continuar o rematar una historia o idea que llevas macerando en tu sesera durante semanas, cuando no meses, e incluso años.
Todo eso queda más que compensado cuando alguien que te ha leído te dice: «Tío, me encanta como escribes».
Por todo ello, sólo tengo palabras de agradecimiento y gratitud hacia todos los que, demostrando generosidad, adquirís cualquiera de mis libros.
Mil gracias.

Un abrazo, a todos y todas.



sábado, 6 de febrero de 2016

GRACIAS, SOLEDAD GUTIÉRREZ


A Soledad la conocí a través de su blog. En realidad ella visitó primero el mío, pero como estoy peleado con mi blog desde las navidades pasadas no quiero darle demasiado protagonismo. Capullo.
Su blog, el de Soledad, se llama Pampiroladas, y ésta es su dirección:


Aquella primera vez Soledad dejó un comentario a propósito de uno de mis posts y, a resultas de ello, entré en su blog. Recuerdo perfectamente aquel primer post suyo que leí. Se titulaba Mi sentencia, y era muy bueno. Francamente divertido. Y muy bien narrado.
A partir de aquel primer encuentro se estableció entre nosotros un diálogo, a ratos hilarante, en el que ambos dábamos rienda suelta a nuestra pasión por el humor absurdo y la ironía. Fue un flechazo humorístico en toda regla (tranquilo Antonio, lo nuestro es puro humor. Nada de lo que tengas que preocuparte).

Un día Soledad supo de mi libro. Y me encargó un ejemplar en papel. Pero lo quería firmado y dedicado. Yo le dije entonces que eso era algo que no solía hacer, y que además le iba a salir demasiado caro, ya que al no disponer de ejemplares para la venta tendría que pedir un ejemplar expresamente a EEUU, esperar a que me llegase a casa, ir a la Oficina de Correos y encargarme del envío al destinatario; y todo ello con el sobrecoste que eso conlleva.
Soledad lo tuvo claro desde el principio: «No me importa, Pedro. Quiero mi libro dedicado. Y esperaré lo que sea. Por el dinero no te preocupes. El precio que me has dado me parece razonable y lo acepto».
Quiso la casualidad que por aquellos días recibiese un par de encargos más de mi libro, por lo que, al pedir una mayor cantidad de libros a imprenta, se minimizaron los costes de recepción y envío.
Los libros tardaron unas tres semanas en llegar a mi casa, y un par de días más tarde Soledad ya tenía su ejemplar dedicado y autografiado en la suya.
Como es costumbre en mí, a Soledad también le propuse participar de este juego cómplice en el que invito a los lectores y compradores de mi libro a que, si lo desean, me hagan llegar una foto posando con su ejemplar de Absurdamente y unas líneas contándome sus impresiones acerca de su lectura. Soledad aceptó encantada mi propuesta. Y aquí tenéis el resultado. Os dejo con ella.
Adelante, Sole:

PADRE FABELO
por Soledad Gutiérrez

Soy una persona religiosa. Extremadamente religiosa. La hostia de religiosa. La hostia sagrada, digo. Aunque en la práctica, especialmente viendo cómo funciona el tema de los pecadillos, me pierdo un poco.
Os cuento esto que parece no venir a cuento pero viene. O no. Aunque, ¡coño, leedme, va a ser sólo un momento!, porque teniendo en mis manos Absurdamente. Antología del Absurdo Vol. I me inquieté bastante.
Concretamente mi incertidumbre llegó con el relato de Tarzán y Jane —lo que vienen siendo los antiguos Adán y Eva prehistóricos—, leyendo la palabra “tetas” en varias ocasiones. Al finalizar el relato me reí, y me descojoné (para qué negarlo). Mi duda surgió en aquel momento. Palabrotas, sensaciones placenteras y un tanto lujuriosas. Uhm, esto tenía que consultarlo con el cura de mi barrio.
Por tanto, me personé en aquel lugar sagrado, la hostia de sagrado, para hablar con uno de los encargados. El jefazo creo que no está disponible para estas minucias. El Padre Antonio me hizo inclinarme en el confesionario para iniciar la confesión, por más que insistí que lo mío sólo eran unas dudillas sin importancia.
—Cuéntame hija, ¿en qué puedo ayudarte?
Agradecí que se saltase el protocolo para ir directos al grano.
—Le cuento, Padre. He comprado un libro que no sé si es obra del Maligno.
—¡¡¿El Maligno?!! ¡Ave María Purísima!
—Sin pecado concebida —dije yo, por decir algo.
—Dime, hija mía, ¿de qué se trata? ¿Maldiciones, brujerías, blasfemias...? —preguntó el sacerdote en tono preocupado.
—No, Padre, peor aún. Humor. Y del peor de todos, absurdo.
—Pero ¿cómo? ¿No has podido resistir la tentación?
—Me ha resultado imposible, Padre. Además, confieso que he seguido leyendo el libro mientras lo esperaba a usted. Lo he acabado del tirón. Y admito que me he reído dentro de la casa del Señor. Se lo puede confirmar aquella señora que tiene las bolitas en la mano y que me mira rarísimo.
—A ver, hija, creo que lo mejor será que me dejes echar un vistazo al libro para confirmar si su lectura comulga con la Iglesia —dijo el sacerdote a regañadientes.
—Aquí tiene, Padre. ¡Tenga cuidado! —exclamé angustiada, extendiendo mis manos buscando un hueco para entregarle el objeto.
El cura estuvo leyendo fragmentos del libro durante un buen rato. Ya que la espera se prolongaba demasiado, le propuse que hiciese su lectura en voz alta. Así yo también participaría del goce de volver a leer a Pedro.
Y así, como quien no quiere la cosa, el padre Antonio comenzó a hablar de Robin Williams en su visita al cielo, y la señora de las canicas —que aún me observaba de arriba a abajo— se incorporó a nuestro improvisado grupo de lectura. Posteriormente, otras señoras y otros señores, que también oraban dispersos por la Casa del Señor, se sintieron identificados al mencionar un relato que hacía referencia a una Sala de Espera. A uno de los señores le salió disparada la dentadura postiza, escupiéndosela al cura en la cara. Otra señora se hizo pis encima. Fue un show, un espectáculo digno de colecta literaria. Incluso el cura bromeó con cobrarles «Comisiones por desgaste de rodillas» tras leer otra de las hilarantes piezas incluidas en el libro.
De pronto, me percaté que la Iglesia había cobrado vida. Juraría que hasta aquel Cristo crucificado que presidia el altar, ahora un tanto inclinado, se sujetaba su estómago mientras se partía la caja.
—Padre, entonces ¿esto es pecado o no?
—No lo tengo muy claro, hija mía. Por si acaso reza tres Padres Fabelos y un relato de su blog. Yo como penitencia también leeré episodios del mismo en mis horas de misa. Como dijo Jean Cocteau: «Dios no habría alcanzado nunca al gran público sin ayuda del diablo».
—Gracias, Padre. Me quedo más aliviada. Una última cosa, ¿puedo comprar el Volumen II? Me han comentado que en breve estará disponible.
—Sí, hija mía. Además, mantenme informado cuando esté a la venta. Mientras tanto me quedaré con éste primer volumen para que no caiga en manos equivocadas. Puedes ir en paz.
Y así es como perdí mi libro y ayudé al diablillo Fabelo a llegar al Reino de los Cielos. Dios bendiga a las risas. Amén.

«Padre, confieso que he pecado. Y lo peor de todo es que seguiré haciéndolo. Es que este Pedro Fabelo es la hostia. Ups, perdón».


¿Qué puedo decir? Pues que muchas gracias, Sole, por tu sentido del humor, por tu generosidad, por tu fidelidad y por tu apoyo.

Y gracias a todos los que habéis comprado el primer volumen de la Antología del absurdo y os habéis sumado a esta simpática iniciativa. Me hacéis muy feliz con vuestra complicidad.
Y a los que no lo habéis comprado aún ni tenéis intención de hacerlo: ¡Que Groucho Marx os coja confesados!

Un abrazo. ; )




miércoles, 20 de enero de 2016

GRACIAS, CLARA SERRANO

Clara Serrano es una artista con una sensibilidad a flor de piel. Tiene alma de poeta y de sus ojos emana una luz cálida y reconfortante.
Clara posee una voz seductora, que evoca a una de aquellas sirenas de canto irresistible que consiguieron seducir al bravo Ulises y sus hombres en su regreso a su amada Ítaca. Y esto no lo digo por decir. Al contrario, lo digo con conocimiento de causa. Y para que veáis que no os miento, aquí tenéis una foto mía posando con sus discos:

Yo con mis discos de Clara Serrano. Maravillosa voz (me refiero a la suya, no a la mía)

A Clara la podéis leer y escuchar en su blog:


Sé que a veces da la sensación de que vivimos en un mundo excesivamente mercantilizado, donde todo el mundo parece querer vender algo. Por cierto, ¿os he dicho ya que mi libro está a la venta en Amazon? Y muy bien de precio, la verdad. Por menos de lo que te piensas —sí amigos, sé lo que pensáis. Mi blog os tiene controlados. Muhahaha—, podéis haceros con un ejemplar de esa maravilla del humor absurdo titulada ABSURDAMENTE Antología del absurdo Vol.I.
Y si no me creéis —desconfiados, que sois unos desconfiados—, al menos creedla a ella, a Clara Serrano, que ya os digo yo que es muy buena gente. Leed lo que ella piensa de mi libro:

Recuerdo con una sonrisa la primera vez que me encontré con un relato de Pedro Fabelo en su blog ABSURDAMENTE. Me acababa de hacer un esguince de tobillo que me tenía postrada. Mis risotadas levantaron las miradas de los presentes en la habitación. Su texto de "Noche de Reyes", inteligente, irónico y tan divertido, me hizo sentir la necesidad de seguir leyéndole en ésa y el resto de entradas.
Ha sido una verdadera satisfacción ver publicado su libro que espero sea el inicio de una serie.
Os animo a leerlo y disfrutar como yo lo he hecho de un escritor apasionante que sin duda le queda mucho por contarnos en clave de humor y en otras. De todas ellas seguro que es y será merecedor de reconocimiento. ¡Que así sea!

¿Qué? ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? A que mola que hablen de uno así de bien. ¡Ya te digo! Y es que tengo unos lectores impresionantes. Tan impresionantes que hasta son capaces de recomendar mi libro entre sus amistades.
A Clara le gustó tanto mi libro que decidió comprar dos ejemplares, además del suyo, para poder regalarlo a personas de su entorno. Y aquí os dejo esta foto que ella misma me hizo llegar, posando con los dos ejemplares en papel de ABSURDAMENTE:

Clara muestra feliz sus ejemplares en papel de ABSURDAMENTE

Gracias, Clara. : )

Y gracias, una vez más, a todos los que habéis contribuido y seguís contribuyendo a que este sueño siga vivo y creciendo.

Un abrazo.