![]() |
| Día del Libro en Ourense (Foto tomada del periódico El Faro de Vigo) |
Para quien no lo sepa, todos los 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro y el Derecho de Autor (no así el Izquierdo de Autor. Ya se sabe que los zurdos están muy mal vistos en cualquier orden de la vida. Yo tenía un amigo que poseía la extraña particularidad de tener dos pies izquierdos, lo que le llevaba a ir siempre desencaminado por la vida).
La elección del 23 de abril como Día del Libro no obedece a un capricho, sino a la conmemoración de la muerte de tres escritores universales: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Por este motivo, la UNESCO estableció en 1995 esta fecha para fomentar la lectura, estimular la industria editorial y celebrar la protección de la propiedad intelectual.
Hace unos días se celebró el Día del Libro de 2026 en todo el mundo, y parte del extranjero. En Burundi, por ejemplo, la gente en masa salió a las calles de Buyumbura, la ciudad más poblada de Burundi, pidiendo a gritos libros por un tubo. Conviene matizar que, en el centro de Buyumbura, el gobierno tiene instalado un tubo de 2 metros de diámetro a través del cual se dejan caer un montón de libros que son un insulto a la literatura, como Premios Planeta o libros escritos por famosos de medio pelo que no tienen nada interesante que contar, pero como salen por la tele, va y les publican un puto libro (la hija de Terelu Campos o el chorra de Mario Vaquerizo son dos ejemplos perfectos de esta moda de mierda). También suelen caer por el tubo de Buyumbura libros de autores coñazo de los que llevan siglos promulgando a los cuatro vientos “la muerte de la novela”, mientras ellos, curiosamente, siguen publicando novelas que no interesan a nadie.
Como era de esperar, y por quinto año consecutivo, ninguno de mis libros estuvo en la lista de los Libros Más Vendidos. Tampoco estuvo, y esto sí que me duele, en la lista de los Libros Menos Vendidos. Sí estuvo, al menos, en la lista de los Libros Y Autores Que No Venden Un Carajo. Algo es algo. Sin embargo, mis libros duraron poco en esa lista, apenas unos minutos, ya que pronto desaparecieron para dar paso a otros libros y autores que tampoco venden un carajo. El mundo de la autopublicación es muy duro, amigos.
Una lástima, la verdad. Este año tenía la esperanza de vender al menos once mil setecientos cuarenta y seis ejemplares entre mis cuatro libros publicados hasta el momento, o como mínimo cinco mil trescientos veintidós, lo que me hubiese permitido quitarme de encima al pesado de mi casero por una buena temporada.
¿Y por qué albergaba esa esperanza? Bueno, como se suele decir: “la esperanza es lo último que se pierde”. Aunque, en mi caso, no estoy muy seguro de que esa máxima se cumpla a rajatabla. Esto lo digo porque mi estudio, el lugar donde trabajo, es una auténtica leonera, y lo más probable es que, de seguir la esperanza a mi lado, permanezca extraviada bajo una abultada pila de papeles, de libros leídos o a medio leer o blocs de notas con ideas y garabatos de todo tipo. Pobrecita; la esperanza, digo.
Y es que en mi estudio, o zona de trabajo, donde, como ocurre con el Universo, el caos se expande a sus anchas, he perdido de todo. He perdido apuntes, he perdido cómics, he perdido cedes, y hasta he perdido la paciencia. Lo único que no he perdido han sido los kilos que me sobran. Para eso tendría que reconvertir mi estudio en una sauna, y pasarme allí encerrado, sudando como un cerdo, un porrón de horas al día. Aunque, ahora que lo pienso, estos últimos veranos en mi estudio sí que han sido una sauna.
Volviendo al tema de lo poco que se venden mis libros; la verdad, no soy capaz de hallar una respuesta lo suficientemente consistente como para aclarar lo que pasa. El porqué mis libros no se venden un carajo sigue siendo un misterio para mí. Y eso que lo he intentado todo para darlos a conocer.
Hace poco, sin ir más lejos, aprovechando la inminente publicación de mi nueva novela, inserté así, como quien no quiere la cosa, unos enlaces directos a la web de Amazon de todos mis libros aplicándoles una sustancial bajada de precios, tanto en formato papel como digital, a golpe de click —y de tarjeta de crédito, claro—.
¿Y sabéis qué? Ni por ésas. A pesar de mis esfuerzos, no vendí ni un solo ejemplar.
Pero ahí no queda la cosa. En mi vida diaria también procuro sacar a colación el tema de mis libros. Por ejemplo, hace unos días mantuve la siguiente conversación con una chica la mar de simpática que acababa de conocer.
—Hola —dijo ella.
—Hola. Soy escritor.
—Muy bien —dijo ella, obviando mi patético intento por centrar la conversación en mi faceta artística.
—Tengo cuatro libros publicados —insistí.
—De acuerdo.
—Son muy divertidos.
—Vale.
—Y han cosechado muy buenas críticas. Incluso ha habido lectores que me han pedido dedicatorias y autógrafos.
—¿Quiere una bolsa o trae una de casa?
—Tengo bolsa, gracias. Y cuatro libros publicados.
—Son 17,85. ¿Efectivo o tarjeta?
—Efectivo. Se trata de una trilogía de cuentos y relatos y una novela. Todos ellos escritos con mucho humor y mucho...
—Gracias por su visita. Si es tan amable de retirar su compra. He de seguir atendiendo a los demás clientes.
—Señorita, ¿a cómo está el kilo de naranjas? —intervino una septuagenaria algo despistada que, justo en ese momento, se acercó hasta la caja del súper.
—Todos nuestros productos están etiquetados con su precio. Si tiene alguna duda sólo tiene que pasarlo por el escáner.
—¿Qué es un escáner? —dijo la señora.
—Si me permite —intervine yo, siempre dispuesto a ayudar—. Yo acompaño a la señora. Buenas, señora. Si tiene la amabilidad de acompañarme le enseñaré qué es un escáner y cómo funciona. Por cierto, soy escritor, ¿sabe? Y tengo cuatro libros publicados. ¡Y son la mar de divertidos!
Tranquilos. Quiero dejar claro que no le vendí ningún libro a la pobre mujer. ¿Me tomáis por un desalmado? Puede que no venda un carajo, pero uno tiene su corazoncito. A lo mejor ahí se encuentra la clave de porqué no vendo un carajo. En fin, habrá que seguir dando la brasa en redes.
A propósito, ¿os he dicho ya que soy escritor y que tengo cuatro libros publicados? Pues sí. Lo soy. Y mis libros están la mar de bien. Son muy entretenidos, con mucho humor y eso. Y además, están muy bien de precio, oiga. Por menos de lo que cuesta un kilo de aguacates hoy en día te puedes hacer con la trilogía al completo en digital. No me diréis que no es para pensárselo. Total, ¿qué son cinco euros hoy en día? Nada. Clickead en la sección MIS LIBROS y allí los veréis. Tenéis adelantos gratuitos de todos ellos. Podéis clickear sin problema. Tranquilos, no muerden. Todos mis libros están bien educados.



