miércoles, 28 de octubre de 2026

TIEMPOS VIEJUNOS

 

Ilustración tomada de Internet


Nada más concluir la reunión de la Comunidad de Propietarios salí disparado hacia mi casa. La reunión se había alargado más de la cuenta. Ya eran casi las nueve de la noche. Cené un plato de judías a la vinagreta con atún que me había sobrado del mediodía y, mientras me duchaba después de cenar, supe que había sido una muy mala idea llenar el buche con aquel mejunje. El dolor de estómago me estaba matando. Es lo que pasa cuando tragas demasiada quina, y no sueltas algún que otro exabrupto para rebajar la tensión y evitar que los ácidos se ceben con tu úlcera. Me tomé un vaso de agua con sal de frutas y me fui directo a la cama.

Ni siquiera abrí el libro que tenía sobre la mesilla de noche. Me sentía tan agotado que, nada más apagar la luz, los párpados bajaron el telón sobre mis ojos y caí en un sueño profundo.

Mi imaginación se disparó, y aquella noche retrocedí en el tiempo, a la época de las cavernas, miles de años atrás. De repente, me vi en una escena cotidiana acorde a aquellos tiempos. Se trataba de una cueva enorme, repleta de neandertales de ambos sexos conviviendo en comunidad. La cúpula de la tribu había convocado una reunión para tratar temas vitales. Junto al líder, sentados en cuclillas, le acompañaban su segundo, a la derecha, y el chamán de la tribu, a la izquierda. Al chamán era fácil rconocerlo, no ya sólo por la gran cabeza de oso de grandes fauces que llevaba puesta en el cráneo a modo de sombrero, con el resto de la piel del animal cubriéndole la espalda, sino por el suntuoso anillo de oro de 18 kilates adornado con un rubí en el centro que cubría el índice de su diestra, símbolo inequívoco de su pertenencia al clero.

—A ver, Urg —dijo el jefe Grok—, según tengo entendido deseas plantear una queja a este consejo de administración. Tienes la palabra.

Urg, hombre recio, tomó la palabra.

—Mi queja va dirigida a mi vecino, Erg. Más concretamente a su mujer. Según me cuenta mi prójima, la mujer de Erg no está barriendo su parte de las zonas comunes de la cueva. A mí personalmente lo que hagáis en vuestro loft me da exactamente igual, pero los accesos y zonas de tránsito comunes acordamos que debían ser limpiados y acondicionados por turnos, y tu mujer no está cumpliendo con lo pactado.

—¿Qué tienes que decir a eso, Erg? —dijo el jefe Grok.

—Ya que estamos poniendo las cartas sobre la mesa, me permito apuntar que, según se hace constar en la tabla de piedra expuesto a la entrada de la cueva comunitaria, tu familia no está al día en los pagos a la comunidad.

—¿Cómo que no? —respondió Urg, por alusiones.

—Hace setenta lunas se acordó fijar una cuota de un filete de rinoceronte lanudo al mes, y tú ya llevas tres filetes de retraso.

—Es que este mes la caza no se nos ha dado muy bien a los de mi grupo.

—Pues espabila, macho. Porque nosotros estamos haciendo un esfuerzo considerable. Hasta hemos tenido que ir a cazar más allá del valle. Y ahí están los resultados.

El jefe Grok tomó la palabra.

—A ver Urg, te impongo una multa de cuatro filetes de rinoceronte lanudo: tres para ponerte al día en tu cuota a la comunidad, y un filete extra en concepto de intereses por retraso en el pago. Y tú, Erg, debes pagarle a Urg dos filetes en concepto de indemnización por la dejadez de tu mujer a la hora de hacer frente a sus obligaciones comunales. ¿Estáis de acuerdo?

Ambos contendientes asintieron.

—El siguiente caso involucra a Org y Arg, vecinos del ala oeste de la cueva. ¿Cuál es tu queja, Arg?

—Que conste que yo no tengo nada en contra de Org. Al contrario. Somos colegas. Y hasta vamos a cazar juntos. Pero, dicho esto, no soporto los ronquidos de su suegra por las noches. No me dejan pegar ojo.

—¿Y crees que a mí me entusiasman? —se defendió Org—. Estoy hasta la frente de cromañón de aguantar a la tía petarda. Pero es la madre de mi mujer, y por más tirones de pelo que le propine a mi parienta, ella siempre se acaba poniendo del lado de su madre. No queráis saber lo mucho que he deseado que en una noche de tormenta el Dios del Rayo parta en dos a mi suegra.

—Cómo te entiendo, colega —agregó Arg—. Yo también estoy harto de mi suegro.

—Hablando de tu suegro. ¿No podrías decirle que deje de pavonearse por ahí semidesnudo, con esos calzoncillos de leopardo, intentando ligarse a las jovencitas de la tribu? Que no es un pibito, por el amor del Dios del Fuego. Que ya tiene treinta y dos años, coño.

—¿Y crees que a mí me hace gracia? Desde que se jubiló, a los veintisiete tacos, como marca la Ley, es como si estuviese viviendo una segunda juventud. Se pasa el día holgazaneando con sus colegas jubilados y fumando porros de hiedra secada al sol.

—Esa es otra. Hay que ver cómo apestan esos canutos, tío.

—Dice que le relajan, y que le hacen pasar de todo. Eso sí, cada vez que fuma le entra un hambre atroz, y el muy cabrito arrasa con las tiras de jamón ahumado que guardamos en la despensa.

—Y ya que estamos con los malos olores. ¿Qué me dices de sus pies? Apestan a queso francés. Tiene la cueva totalmente atufada con ese desagradable pestazo.

—A ver, Arg y Org —intervino el jefe de la tribu—. ¿Qué os reclamáis el uno al otro?

—¿Sabe qué, jefe? Org es mi colega, y entiendo por lo que está pasando con su suegra en casa. Así que no le reclamo nada.

—¿Y tú Org?

—Arg también es mi colega. Y me conformo con que le dé un toque de atención a su suegro. Yo haré lo propio con mi suegra. Por mi parte, no tengo nada que reclamar.

—De acuerdo —dijo el jefe Grok—. Siguiente orden del día. Uhm lleva meses reclamando la apertura de una salida de humos desde el techo de la cueva al exterior. Dice que cada vez que se enciende una fogata, bien sea para cocinar o para mantener calentita la cueva, todo esto se llena de humo, y que el aire se hace irrespirable. Ahora bien, si accedemos a su petición, la obra nos va a salir por un pico. Ya tengo sobre la mesa tres presupuestos y, aún aceptando el más barato, se hará necesaria una derrama.

—Por mí vale —dijo Urg.

—¿Cómo que vale? —intervino Ehm algo molesto—. ¡Pero si aún debes tres cuotas de la comunidad, más un filete extra con la que te acaba de sancionar el jefe como multa por tus retrasos! ¿Cómo puedes decir tan alegremente que aceptas la derrama si ni siquiera estás al tanto de las cuota de la comunidad?

—Una cosa es una cosa, y otra cosa es la otra. La apertura de una salida de humos es más que necesaria, si no queremos morir de asfixia.

—¡Pero si ya debes cuatro filetes de rinoceronte lanudo a la comunidad! —insistió Ehm—. ¿En serio quieres añadir una derrama a tu deuda?

—Pediré un crédito.

—¿Un crédito? ¿A quién?

—Al hechicero.

—¿El hechicero tiene género para prestar?

—Pues claro. ¿No ves que al ser un hombre religioso no paga impuestos?

—Esa es otra —intervino Ehm—. ¿Por qué los hombres religiosos no pagan impuestos, como todo quisque?

—Con la Iglesia hemos topado —ironizó Ahm.

—A ver, manos arriba a favor de la derrama para la acometida de obras de una salida de humos a través del techo al exterior de la cueva.

La comunidad hizo valer su voto. La moción quedó aprobada por mayoría absoluta.

—Siguiente punto del día —anunció el jefe Grok—. El viejo Gru, desde que tuvo aquel accidente con el mamut, ya sabéis, aquel que le destrozó la pierna, lleva meses solicitando una rampa de acceso a la cueva para cojos.

Hay que recordar que estamos en la Edad del Cobre, y que aún la cultura woke no había ejercido su enorme poder de condicionar la vida de los habitantes de la Tierra con su férrea imposición de lo “políticamente correcto”. Así que nadie en la tribu se sentía ofendido si alguien era señalado como “el cojo”, “el manco”, “el tuerto”, “el jorobado”, “el sarasa” o el “tonto de los cojones”, que era el apodo por el que era conocido el hijo de Ohm y su parienta, que eran hermanos.

—A ver —intervino Ohm—. Esta cuestión de Gru ya la hemos tratado en la anterior junta. No hay presupuesto en las arcas de la comunidad para acometer esa obra de una rampa para cojos.

—Ya se lo hemos dicho —dijo Ehm—. Pero él insiste. Dice que le cuesta un mundo salir de su cuevita, y otro mundo volver a subir la cuesta para acceder a su rinconcito, al fondo de la cueva.

—¿Y no le vale el bastón que le regalamos por su cumpleaños hecho con el fémur de una encebra ibérica?

—Se queja de que resbala cuando llueve.

—¿Y porqué quiere salir de casa cuando llueve? ¿A quién le apetece salir de casa cuando llueve, con lo a gustito que se está al abrigo del fuego, con una mantita de piel de oveja lanuda por encima y leyendo un libro de Bukowski?

—Argumenta en su defensa que por sus venas corre sangre inglesa, y ya sabéis lo que les gusta a los ingleses llevar la contraria al resto de las tribus.

—Malditos hijos de la pérfida Albión.

—¿Votos a favor de la petición? —dijo el jefe.

Nadie levantó la mano.

—Petición denegada —proclamó el jefe.

—Hijos de puta —se oyó rezongar a alguien desde el fondo de la cueva. Presumiblemente se trataba de Gru, quien, debido a su cojera, le había resultado imposible asistir a la reunión.

—Siguiente orden del día. El grupo de meapilas me ha hecho llegar sus quejas por las pinturas rupestres que cubren el ala norte de la cueva, ya sabéis, donde se muestran a esas hembras de grandes pechos y sin nada encima. A su modo de ver son ofensivamente obscenas, y denuncian que, desde que esas pinturas lucen en las paredes, el pervertido de Rum no para de masturbarse ante ellas.

—¿Y qué proponen? —intervino Uhm.

—Pintar encima unos bisontes o unos tíos con arcos y flechas cazando un ciervo o un mamut.

—Yo prefiero a las tías de grandes pechos desnudos. Estoy harto de los bisontes y los tíos con arcos y flechas cazando. Me recuerdan al curro. Y lo último que deseo al llegar a casa es acordarme del curro.

—Votemos —dijo el jefe.

Al final ganaron las tías en bolas por catorce votos a favor y siete en contra. Los meapilas amenazaron con abandonar la comunidad y crear su propia tribu Amish.

El jefe de la tribu, Grok, retomó el hilo de la reunión.

—Hay quejas de que a Meh, la hembra de Gru, le han desaparecido de su colada unas prendas de ropa interior hechas con piel de ardilla. Por favor, respetad la propiedad privada. No somos comunistas, coño.


Desperté sobre las cuatro de la madrugada bañado en un sudor frío. Mientras me preparaba en la cocina un segundo vaso de agua con sal de frutas, me juré a mí mismo no volver a comer nada pesado una vez pasadas las ocho de la noche. A mis cincuenta y seis tacos debería saber estas cosas.


Hasta el próximo miércoles.



miércoles, 21 de octubre de 2026

CIPOLLA Y LA COMUNIDAD DE VECINOS

 

Foto tomada de Internet.


Vivo en un bloque de pisos que conforman una amplia comunidad de vecinos. Cada cierto tiempo se convoca una reunión de propietarios, a fin de aprobar presupuestos, renovar la junta directiva o acometer alguna obra o reforma.

En el porrón de años que llevo viviendo aquí me he gozado en esas reuniones toda suerte de fricciones, exabruptos, amenazas físicas y verbales y encontronazos varios entre propietarios. En ese sentido, mi comunidad no se diferencia lo más mínimo de otras comunidades de similares características, es decir, bloques de pisos con más de trescientas viviendas distribuidas en diferentes portales, con patio interior, azoteas, ascensores y garaje subterráneo, con propietarios de todas las edades, nivel económico, nivel social, nivel incultural y nivel de mala hostia.

Odio las reuniones de la comunidad de vecinos. Siempre ocurre lo mismo: uno va con la intencion de no tomarse las cosas demasiado a pecho, procurar ser lo más razonable posible y adoptar una posicion de equidistancia para evitar enemistarse con unos o con otros, y, al final, acabas con una úlcera de estómago del tamaño de una ficha de dominó de tanto tragar quina.

Y es que siempre hay un gilipollas o una gilipollas, o varios gilipollas si la cosa se pone calentita, que al final consigue sacarte de tus casillas. Y por más que intentas distanciarte de él o de ella, o de ellos, y no caer en su trampa, al final acabas con el cuello atrapado bajo el cepo, como un ratón atraído por el irresistible olor del queso.

—Somos los del tercero izquierda del portal 8, y hemos decidido, mediante un referéndum vinculante, salirnos de la comunidad y crear nuestra propia república independiente.

Vaya, otro gilipollas que se piensa que en la democracia todo vale. Y hasta tienen una alfombra nueva del Ikea proclamando “la república independiente de su casa”.

“Ssstupendo”, como diría el añorado Forges.

—Todos en casa hemos votado. Ha sido algo democrático —insiste el tolai—. Y ha ganado el SÍ por cuatro votos a uno. Así que, a partir de ahora, somos independientes de la comunidad de propietarios.

—A ver cómo te lo explico para que lo entiendas —intervino el presidente tomando la palabra—. Para que sea algo democrático, como tú bien apuntas, deberían contarse los votos de “todas las partes implicadas”, y no únicamente los de la parte interesada en la escisión. ¿Lo entiendes?

—No.

—Pues si no lo entiendes, o no lo quieres entender, que para el caso es lo mismo, te recomiendo que vayas a una biblioteca y busques algún libro que trate de en qué consiste una democracia. Viajar también ayuda.

Otro lumbreras, tocado por la varita mágica de la estulticia, pidió la palabra. El presidente se la concedió. Y entonces el fenómeno nos salió con la siguiente idea de bombero:

—Resulta que nosotros también hemos votado en casa. Una persona un voto. El escrutinio fue el siguiente: cuatro votos a favor y dos en contra. Los dos en contra fueron los de mi padre y mi hija mayor, que está muy unida a su abuelo. O sea, que quedó aprobado por mayoría absoluta.

—¿Qué quedó aprobado por mayoría absoluta? —quiso saber el presidente de la comunidad, temiéndose lo peor.

—En casa todos sabemos latín, así que hemos decidido reivindicar nuestro derecho a adoptar este idioma para comunicarnos entre nosotros y con nuestros vecinos. Y como bandera vamos a utilizar la faja de mi suegra. Tiene 500 años de historia, ¿sabes?

—¿Quién tiene 500 años, tu suegra o su faja? —dijo un vecino guasón.

—Las dos —proclamó el comunero idiota, inmune a la ironía.

Al presidente se le empezaba a notar en la cara que aquello le estaba superando. Y no sólo en la cara, pues de repente sus piernas comenzaron a patalear nerviosamente el suelo, como Dave Lombardo tocando el doble bombo en el Angel of death de Slayer.

—Nosotros queremos pagar las cuotas de la comunidad en bitcoins —sugirió otro propietario.

—¡Una patada en los huevos te voy a dar como nos pagues en esa moneda de mierda! —saltó su vecino de al lado. Según pude saber ambos llevaban en pleitos desde el 2015, cuando descubrió que la hija del primero se había pasado semanas robándole la ropa interior a la hija del segundo desde el tendedero que ambos pisos compartían a través del patio interior.

—Los del 1º B se niegan a pagar la misma cuota de mantenimiento del ascensor, ya que argumentan que ellos apenas lo utilizan.

—Por esa misma regla de tres deberían pagar más por el desgaste de las escaleras, ya que son los que más uso le dan —razonó un vecino del mismo portal.

Otro propietario exigió que se instalase una rampa de acceso para discapacitados justo al lado de las escaleras que comunicaban el garaje con los portales.

—Pero si tú no eres discapacitado —apuntó el presidente.

—Cierto. Pero tengo un patinete eléctrico. Y exijo mi derecho a acceder al portal de mi escalera sin apearme del patinete.

—Y yo exijo mi derecho a patearte los huevos por gandul —dijo su mujer, que era de armas tomar.

—¿Y qué hay de mi derecho a bajar en calzoncillos a tirar la basura a los contenedores instalados a la entrada del edificio? —propuso el del 4º H.

—Ah, pues si a ése le conceden el derecho a moverse en calzoncillos por las zonas comunes del edificio, yo reivindicaré mi derecho a practicar el nudismo —apuntó el del 5º H, un gordo sudoroso del que emanaba con carácter permanente un pestazo insoportable, como a bolsas de basura con restos de pescado de tres días, que delataba su más que dudosa higiene. Ninguno de los presentes pudo evitar poner cara de asco ante la perspectiva de ver a aquel cerdaco paseando sus desagradables lorzas desnudas y sudorosas por las zonas comunes del edificio.

—Y yo mi derecho a mear en los maceteros de los portales. Tengo problemas de próstata y, en ocasiones, no me da tiempo entre meada y meada de pillar un inodoro —apuntó el del 2º M.

—Y yo mi derecho a deslizarme por una liana desde el balcón de mi casa, en plan Tarzán —dijo el del 6º L.

—¿Es que te has vuelto loco? ¿Cómo piensas deslizarte por una liana desde el balcón de tu casa?

—¡Es que aquí no se respetan los derechos de las personas! —se quejó el imitador de Tarzán.

—¿Derecho a qué, a ser idiota? Si quieres ejercer tu idiotez puedes hacerlo perfectamente de puertas adentro de tu casa. Mientras no perjudiques a ningún vecino, más que a ti mismo, puedes hacer el gamba sin tasa dentro de los límites de tu vivienda.

—Yo exijo mi derecho a pasear por el edificio con mi cocodrilo Teófilo —dijo el rarito del 12º K, denunciado hace tres años por tener una pitón de cinco metros y medio a la que alimentaba con ratones muertos.

—Y yo mi derecho a tirarme pedos silenciosos en el ascensor —aportó el guarro del 8º L.

—Yo reivindico mi derecho a escuchar Death Metal a todo volumen a la hora de la siesta —proclamó orgullosa la gorda sexagenaria del 5º D, doña Gertrudis, quien vestía una camiseta XXXXL de Cannibal Corpse, mostraba orgullosa la mano cornuta y sacaba la lengua.


Sostenía el historiador y economista Carlo Maria Cipolla en su célebre libro Las leyes fundamentales de la estupidez humana, que “nunca discutas con un idiota, porque te rebajará a su nivel y allí te ganará por experiencia”.

El presidente de nuestro edificio, hombre culto y leído, conocía perfectamente el libro de Cipolla. Así que se quitó las gafas de leer de cerca, las metió en su estuche, luego se puso las gafas para ver de lejos, cerró el libro de actas y, poniendo cara de circunstancias, se lo entregó a su secretario diciéndole lo siguiente: “Renuncio”.

Yo, que presencié toda la movida cómodamente instalado en mi silla plegable, situada junto a una columna, y cuya ubicación me permitía pasar prácticamente desapercibido, me incorporé decidido a abandonar la reunión. Y mientras me dirigía a la zona de los ascensores, me descubrí repitiéndome mentalmente: “A la próxima reunión de propietarios va a ir Rita la Cantaora”.


Hasta el próximo miércoles.



miércoles, 14 de octubre de 2026

NUEVA PROGRAMACIÓN TELEVISIVA OTOÑO 2026

 



Como cada año, las cadenas de televisión llevan tiempo trabajando en la programación que regirá su parrilla televisiva en los próximos meses.

A propósito, como dato anecdótico, ¿sabéis porqué se le llama “parrilla televisiva”? Muy sencillo: porque a los telespectadores nos tienen “fritos” con tantos programas, series y anuncios de mierda.

Cabe matizar que todos los programas que listaremos a continuación pertenecen a canales de la TDT en abierto, es decir, destinados a toda esa gente, entre la que me cuento, que considera un gasto inútil suscribirse a una plataforma de pago para que en esa plataforma de pago acabes pagando para que te pongan programas, series y anuncios de mierda.  Si de tragar mierda se trata, al menos que sea gratis, ¿no?


PROGRAMACIÓN OTOÑAL 2026


AL COJO VIVO

Programa centrado en el análisis y el debate político, ese sucio juego donde siempre acaban llevándoselo calentito unos pocos a costa del trabajo y el esfuerzo de la mayoría.

Al presentador —tamaño XXXXXL— no le quedan nada bien las chaquetas —me refiero, literalmente, a la prenda de vestir—, pues durante la emisión del programa amenaza con vérsele las costuras —y ahora sí que no me refiero a la prenda de vestir—.

El presentador tamaño XXXXXL se suele acompañar de una serie de colaboradores de distinto signo político, a los que basta con que abran la boca para que se les note a la legua de qué pie ideológico cojean, de ahí el nombre del programa: Al cojo vivo.


TODO ÉL ES MENTIRA

Un programa donde se analizan noticias falsas, los “clickbait” y bulos que inundan las páginas de actualidad.

Presentado y conducido por Evaristo Nomejodas, famoso por haberse dado a conocer en el mundo de la televisión como un auténtico capullo, ensañándose en ocasiones de forma sádica y excesivamente cruel con gente anónima e indefensa, y que de un tiempo a esta parte vive una especie de blanqueamiento de su imagen haciéndose el guay, el simpático, el enrollao, y hasta el chistoso.

Según cuenta él mismo en uno de sus libros autobiográficos, de pequeño sufrió acoso y bulling. Se ve que no aprendió nada de la experiencia, pues de mayor se comportó exactamente igual o peor que los capullos que le machacaban de niño. Puto imbécil.


EL BOCHORNO DIARIO DE JORGE

Programa de entretenimiento en el que a gente anónima se le brinda la oportunidad de hacer público asuntos que perfectamente se pueden tratar en privado, pero que mola más ir a la tele y contarlo, buscando esos 15 minutos de fama que ya profetizase el fatiga de Andy Warhol en una exposición de su ¿obra? que tuvo lugar en Estocolmo en 1968.

El presentador, en otros tiempos azote de famosos, se ha hecho tantas operaciones estéticas y su rostro se ha desfigurado de tal modo que me recuerda horrores a los extraterrestres de la serie ochentera “V”. Temo que en cualquier momento se tire de la cara dejando al descubierto el rostro de un lagarto extraterrestre. Eso sí, un lagarto extraterrestre gay, que también existen, y no tiene nada de malo.


FIRST DATES (PRIMERAS CITAS)

Un programa para emparejar a personas de todos los sexos que existen actualmente, unos catorce más o menos, y subiendo, y donde tiene cabida todo tipo de gente excepto la gente normal.

De vez en cuando ocurren cosas curiosas en ese programa, como tías que se autodenominan la hostia de feministas y autosuficientes y que se acaban mosqueando con su cita porque éstos se niegan a pagarles la cena. Feminismo a la carta, creo que se llama eso.


SIESTA

Un programa de cotilleos que se emite únicamente los fines de semana —gracias a Dios—, en el que suele colaborar gente que es famosa por haberse casado-arrejuntado-divorciado-separado-follado-enrollado-peleado-enemistado-enfrentado a/con/contra otra gente que también es famosa y que casi nadie sabe exactamente porqué son famosas, y cuyas gilipolleces a mí me la traen al pairo.

Como su mismo nombre indica, es un programa ideal para echarse una siesta mientras estos anormales se tiran mierda los unos a los otros.


LO DEL ÉVOLA

Un programa donde dan cabida a etarras chachi piruli, independentistas chachi piruli, expresidiarios chachi piruli, fiscales generales condenados en firme por prevaricación chachi piruli, cantantes de rock que no cantan un carajo y que hablan de su “legado artístico” sin haber compuesto una canción en su vida y que coleccionan guitarras sin tan siquiera saber tocar una nota chachi piruli, y... pues eso. Vamos, lo mejor de cada casa.


Y TÚ MÁS PLUS

Programa de debate político donde unos contertulios de derechas y otros contertulios de izquierdas se tirarán mierda los unos a los otros en una espiral de “y tú más”, sin que ningún bando admita o reconozca errores de su bancada. Más o menos lo mismo que ocurre en nuestro Parlamento pero sin las gilipolleces de Gabriel Rufián, ese gran “hombre de estado” que aspira a cargarse precisamente el estado del que cobra religiosamente un pastón mensualmente. Spain is different, sin duda.


EL SINREMEDIO

Programa presentado por el Gran Missouri, un tipo que siente como alguien de izquierdas, piensa como alguien de izquierdas, habla como alguien de izquierdas, pontifica como alguien de izquierdas, pero vive como alguien de derechas. Curioso personaje, desde luego. Y no es el único, aviso. La hipocresía es moneda de cambio frecuente en este sindiós en el que llevamos instalados desde hace demasiado tiempo.


GALA DE LOS PREMIOS OLLA (A PRESIÓN)

Soporífera ceremonia de intercambio de premios, y alguna que otra puñalada trapera, entre la gente del cine patrio. Por supuesto, la gran mayoría se consideran de izquierdas, aunque viven como gente de derechas. Ya he dicho que el Gran Missouri no es el único. Eso sí, para aliviar sus conciencias burguesas cada año se esfuerzan en reivindicar alguna causa noble, igualito a como hacen los grandes magnates estadounidenses con sus galas benéficas de 50.000 pavos el cubierto. Así pueden dormir como bebés.


EL HORMIGUERO, LA REVUELTA, CARA AL SHOW, AL CIELO CON ELLA, EL PERRO ANDALUZ, LA ROCA, MALAS LENGUAS, CODIGO 10, ETC.

Los he sufrido todos al menos una vez y, antes de repetir, prefiero mil veces ver por trigesimocuarta vez un episodio cualquiera de Friends o de Big Bang Theory. Incluso uno de los Simpson con sus acostumbrados cortes de publicidad cada ocho minutos.


PUBLICIDAD

Y ya que hablamos de publicidad, seguiremos fusilando tus pelis y series favoritas cortando la emisión cada ocho minutos para emitir catorce minutos de anuncios. Y nada de quejas, ¿eh?, que esto es un negocio, y los negocios se montan para ganar pasta. ¿Estamos?


OTROS PROGRAMAS

Los desinformativos seguirán desinformando como hasta ahora.

Las tertulias deportivas seguirán estando copadas por hooligans de diferentes equipos de fútbol haciéndose pasar por periodistas deportivos, y exfutbolistas y exentrenadores con currículums de pena opinando de todo sin tener ni puta idea de nada.

Los programas de previsión metereológica seguirán jugando a ser Nostradamus sin acertar ni una. Vamos, como el Nostradamus original.

¿Y la cultura, pa' cuando? Ni está ni se la espera.


En definitiva, que los sufridos espectadores seguiremos friéndonos como chuletones argentinos en la parrilla televisiva.

Haciendo mías las palabras del gran Groucho Marx, casi mejor apagar la tele y leerse un libro.


Hasta el miércoles que viene.