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miércoles, 6 de mayo de 2020

NOTAS DESDE EL CONFINAMIENTO 3



Otra semanita más seguimos confinados... pero menos. Ahora, además de para salir a comprar y pasear al perro y sacar a los niños a que les de el aire, ya podemos salir a la calle a hacer ejercicio. De 6:00 a 10:00 de la mañana. Pues, ¿sabéis qué?, ahora no me da la gana salir de casa para hacer ejercicio. Hala. :P

Hace años, en referencia a los sanatorios mentales o manicomios, mucha gente solía decirme: «Tío, hay más locos fuera que dentro». Viendo los “daños colaterales” que la actual situación de confinamiento está provocando en nuestra sociedad, no puedo por menos que dar fe de ello. Hace unos días se daba cuenta en televisión de cómo una mujer mordía a un policía que intentaba detenerla por saltarse el confinamiento, a un pureta liándose a tiros con una escopeta de caza en mitad de la calle y a otro amenazando con tirarse desde el balcón de su ático agobiado porque no lo dejaban salir de su casa —supongo que para ir al parque a echarse unas partiditas de petanca con sus colegas viejunos—.
La gente está muy mal, ¿no? Lo dicho: «Hay más locos fuera que dentro».

Y hablando de gente que no anda muy bien de la azotea, ¿os habéis dado cuenta del número de zotes que están al frente de las supuestas naciones más poderosas del planeta?
Por un lado tenemos a Donald Trump en EE. UU. Al lumbreras éste no se le ha ocurrido otra gilipollez mejor que recomendar a sus conciudadanos que se inyecten desinfectante en su organismo para acabar con el Covid19. Y este menda es el presidente de la nación más poderosa del mundo. Agüita colega.
Por otro lado tenemos a Vladimir Putin en Rusia. Este tío sí que da yuyu de cojones, con esa cara de asesino en serie que trae de fábrica. Desde luego, el tipo es un digno heredero de Stalin, otro elemento de cuidado. Da miedo pensar lo que les pasa a estos mendas por esas cabecitas.
Aquí cerquita tenemos a Boris Johnson en Gran Bretaña. Creo que jamás he visto a nadie al que le quede peor un traje. Parece el típico cuñado que te encuentras en una boda y que sabes que no se ha puesto un traje ni una corbata en su puta vida. Y esos pelos, por Dios. Me recuerda a Worzel el espantapájaros, el protagonista de una serie de los 80 que veíamos los pibes de la generación de EGB.

Este es Worzel, el espantapájaros. Cualquier parecido con Boris Johnson no es coincidencia.
 
El amigo Boris, pieza clave del brexit, a juzgar por sus pintas y su manera de actuar no se diferencia demasiado de sus jóvenes compatriotas descerebrados que vienen a España a hacer el gamba bebiéndose hasta el agua de los jarrones y tirándose desde los balcones de los hoteles a las piscinas, haya agua o no en ellas.
Por el lado asiático tenemos al Kim Jong-Un, un tipo que, cada mañana al levantarse de la cama, no debe tener muchos problemas a la hora de decidir qué ponerse. No me cuesta mucho imaginar un vestidor de la leche instalado en su dormitorio provisto con centenares de trajes idénticos, todos perfectamente planchados y listos para que un ugier venga y le vista, no vaya a ser que el figura se hernie al atarse los cordones de sus zapatos.
La vida, en ocasiones, resulta mucho más absurda en sí misma de lo que pudiera imaginar una mente tan retorcida como la mía.
En España tampoco podemos quejarnos. Lo que tenemos aquí no es moco de pavo. Y lo mejor de todo es que, por si no teníamos suficiente con un presidente zote, tenemos la gran suerte de tener 17 presidentes zotes más al frente de las 17 autonomías en que se divide nuestro maravilloso y estupendo país. Y es que en España nos encanta duplicarlo todo: administraciones, impuestos, cuerpos de seguridad, incompetencias. No me extraña que estemos siempre a la cabeza en el ranking de piratería a nivel mundial, ¡con lo que nos gusta duplicarlo todo!

La tele sigue siendo una mierda; cuando no son las Campos —menuda saga—, son los supervivientes de esa isla en la que se supone que sobreviven a casi todo menos a su propia estupidez, el supuesto "periodista" que ni es periodista ni es na, que se dedica a estafar a la peña y a vivir del cuento —como la mayoría de los que salen en la tele, por cierto, que tampoco son periodistas ni son na—, o la Marta y el meapilas de su ex, que con el rollo ese que se trae de «yo, la verdad, es que de ese tema no quiero hablar; por favor, no me hagáis hablar; yo es que no quiero decir nada más, de verdad», la pájara esta lleva dos semanitas que no ha librado ni un solo día de salir en la tele —y cobrando, por supuesto, que aquí los cuernos y las miserias no se exponen de manera gratuita. Aquí hay que pasar por caja, ¡tchin!—.

Menos mal que gracias a Internet y a mi insaciable curiosidad me puedo hacer una tele a medida. Desde el viernes, por ejemplo, llevo viéndome un montón de conciertos y documentales que me he ido pillando en Internet de música rock de los 60 y 70.
El viernes empecé con el Festival de Monterey de 1967, con Jefferson Airplane, Grateful Dead, Country Joe And The Fish, y las explosivas actuaciones de Jimi Hendrix y The Who. Aluciné de nuevo con Janis Joplin, que se marcó una actuación absolutamente memorable. Me emocionó ver la cara de asombro de Mama Cass Elliot, de Mamas & The Papas, alucinando con Janis. Me la imaginé pensando: «¿Cómo demonios consigue esa chica tan menuda y de apariencia tan frágil sacar ese torrente de voz tan poderoso y sensual?». Se me eriza la piel al escuchar a Janis ejecutando esa impresionante versión del Ball and chain. Podéis verla en Youtube. Es alucinante.

Janis Joplin está inmensa en el Festival de Monterey de 1967. Ya no nacen estrellas así. Lo sé, me hago viejo.
El sábado me pasé al Woodstock del 69. Tengo la película en DVD y dura casi cuatro horas. La putada de esa peli es que faltan algunas actuaciones, como las de la Creedence, Johnny Winter o el concierto que dieron Crosby, Stills, Nash & Young, y que por problemas de derechos entre compañías discográficas y representantes no se pudo incluir ningún metraje en la cinta.
De ahí pasé al Festival de la Isla de Wight en 1970. Conseguí hacerme con varias actuaciones de Jimi Hendrix, Emerson, Lake & Palmer, Free, Taste, Ten Years After, The Who y Jethro Tull. Incluso desempolvé una vieja cinta en VHS que tenía guardada por ahí con la peli que se hizo recopilando algunas de esas actuaciones. La peli se llama Message to love: The Isle of Wight Festival 1970.

Peter Townshend de The Who, ofreciendo uno de sus memorables conciertos en los 70's

Lo cierto es que, gracias a todo este material, el rollo del confinamiento se me está haciendo mucho más llevadero.
Todo sea por escapar del tedio y la estupidez —la propia y la ajena—.