sábado, 27 de diciembre de 2014

CENA DE NAVIDAD

Como cada año, Lou y Theresa Abbott celebraban en su casa su tradicional cena de Navidad. Lou y Theresa llevaban 40 años de infeliz matrimonio, como Dios manda.
Los Abbott tenían dos hijos, un chico y una chica. El chico, de nombre Justin, acababa de cumplir los 35, mientras que Gina, que era la mayor, estaba a punto de cumplir los 39. Gina llevaba 9 años casada con Eddie.
Los Abbott eran propietarios de un precioso adosado situado en una confortable barriada de Portland (Maine).
El ambiente durante la cena era de calma tensa, como la calma que precede a la tormenta; algo normal por otra parte, ya que en este tipo de reuniones familiares cada uno de los participantes suele adoptar el más cauteloso distanciamiento a fin de evitar los típicos roces que, de producirse, conducirían al desastre de manera inexorable.
Sin embargo, en la mente de uno de los comensales hacía rato que bullía un pensamiento que pugnaba por salir a la superficie como el vapor de una olla a presión. La duda empujaba a su propietario al borde del ataque de nervios.
Finalmente aquel pensamiento logró salirse con la suya.
Justin Abbott hizo chocar su tenedor en el borde de su copa vacía. Con aquel leve tintineo consiguió reclamar para sí la atención de todos los presentes.
Familia. Tengo algo importante que anunciaros –dijo Justin. Su voz, ahogada por el pánico, sonaba temblorosa y entrecortada. Evidentemente no le resultaba nada fácil decir aquello que estaba a punto de decir. Si bien, tras un largo periodo colmado de dudas, consideraba que había llegado el momento de afrontar con decisión y valentía aquella verdad que, por miedo, llevaba tantos años ocultando a su familia.
¿Qué ocurre, hijo? –dijo Theresa Abbot, la madre, preocupada al ver la palidez en el rostro de su hijo–. Estás blanco como el mármol.
Estoy bien –dijo Justin.
¿Seguro?
Sí, mamá. Seguro –dicho ésto, Justin tomó aire y lo soltó así, sin más–. Familia, he de confesaros algo. Soy gay.
A partir de aquí la calma tensa dio paso a un tenso silencio, el cual se prolongó por unos pocos segundos; hasta que a la pobre madre, perdida en la confusión, le dio por romperlo.
Perdona hijo, ¿has dicho que eres qué? –dijo Theresa.
Gay, mamá. Soy gay –confirmó Justin.
¿Y eso qué es? –dijo la madre algo confusa–. ¿Acaso se trata de una nueva religión?
Sí, suegra. Ser gay es exactamente eso –dijo Eddie, su yerno, en ese tono suyo tan insidioso y burlón que tan bien le definía–. Los gais son una religión de nuevo cuño que tienen a Liza Minelli por diosa, disfrutan como nadie las películas de gladiadores y poseen un gusto exquisito para combinar la ropa. Ah, y adoran a sus madres. Por cierto Justin, ¿qué le has regalado a tu madre para estas navidades? Yo apuesto por un bonito fular. ¡Son tan divinos!

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)




martes, 23 de diciembre de 2014

¿FELIZ NAVIDAD? ¿EN SERIO?


Aquel tipo estaba tan gordo que casi no entraba por la puerta de la consulta. Más que caminar se tambaleaba; como Orson Welles en Sed de Mal.
Aunque con bastante esfuerzo, el tipo finalmente logró esparcir su oronda anatomía sobre el diván. Las patas del diván sudaban como los porteadores de la lectica de Nerón tras una copiosa cena en palacio.
Incapaz de aguantarse, el tipo gordo se tiró un sonoro pedo.
Perdón –dijo.
El doctor Emile Seveski, considerado uno de los más eminentes psiquiatras de todo Zúrich, censuró el comportamiento de su paciente dedicándole una severa mirada. Hecho esto, tomó asiento en su cómodo sillón de cuero rojo.
Dígame, ¿qué le ocurre? –dijo el doctor Seveski cruzando las piernas y abriendo su libreta de tomar notas.
Odio la Navidad –dijo el tipo.
¿Cómo ha dicho?
He dicho que odio la jodida Navidad. ¿Está sordo?
Pero eso...no tiene ningún sentido –dijo el doctor Seveski mostrándose sorprendido.
¿Por qué? –dijo el tipo.
¡Porque usted es Santa Claus! –exclamó el doctor.
 
(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)



domingo, 14 de diciembre de 2014

EL CUENTO DEL LUNÁTICO



Jack lo había dejado con Sarah, su novia. O más bien ella lo había dejado con él. Ocurrió de repente, sin que hasta ese momento Jack sospechase lo más mínimo lo que Sarah llevaba tiempo madurando en silencio.
Aquel día Sarah le soltó así, a bocajarro, la tan recurrente frase de: «Tenemos que hablar». Créeme, cuando una mujer te suelta esa frase ya puedes darte por jodido. Y eso lo sabe todo el mundo. Bueno, todo el mundo menos Jack.
Jack aún seguía enamorado de Sarah. Y eso es lo peor que le puede pasar a un tipo al que acaban de dejar: seguir enamorado de un imposible. De ahí que el dolor le resultase tan difícil de soportar.
Jack vivía en una casa de campo, incrustada en mitad de un frondoso bosque, a varios kilómetros de distancia de su vecino más próximo.
A Jack le gustaba la tranquilidad que le proporcionaba su hogar. Le apasionaba la naturaleza. Se sentía protegido del agobio y el estrés que se respira en las grandes urbes. Allí no había atascos, ni aglomeraciones, ni prisas por llegar a ningún sitio a una determinada hora. Tampoco había celos, ni envidias, ni empujones, ni zancadillas por subir puestos en la escala social. Allí sólo estaban él y la naturaleza.
El problema de vivir en un sitio así, lejos de la contaminación acústica, medioambiental y mediática, es que dispones de mucho tiempo para pensar. Y esa precisamente fue su condena; pensar una y otra vez en una respuesta a su recurrente pregunta: «¿Por qué me dejó Sarah?».
Con el tiempo, cansado de no hallar ninguna respuesta que colmase su sed de entendimiento, a Jack le dio por salir todas las noches al porche de su casa a aullarle a la luna, como un hombre lobo herido de amor.
Noche tras noche Jack repetía la misma rutina. Empezaba bebiéndose media botella de whisky en silencio mientras de fondo escuchaba las viejas canciones de jazz que solía escuchar junto a Sarah. Luego, ya borracho, comenzaba a farfullar palabras ininteligibles para, al final, salir al porche a aullarle a la luna. Hasta que una noche la luna decidió responderle.
Oye tío, déjalo ya, ¿quieres? –dijo la luna con enojo.
¿Quién me habla? –dijo Jack mirando inquieto a su alrededor. Por un momento temió haber caído víctima de la esquizofrenia, oyendo voces que únicamente resonaban en la intimidad de su cabeza.
¡Eooo! Soy yo. La Luna. Aquí arriba.
Jack alzó la vista y miró fijamente a la luna. Entonces la vio, inmensa, plena, luminiscente.
¿En serio eres tú quien me habla? –dijo Jack dirigiéndose al satélite.
Sí, capullo. Soy yo quien te está hablando –se quejó la luna–. ¿Por qué llevas tantas noches aullándome? ¿Es que eres un hombre lobo en prácticas o qué?

(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)


sábado, 6 de diciembre de 2014

EL DULCE AROMA DE TUS PEDOS


Jens Jacobsen tiene una cuenta en Facebook. Es uno de los 1.230 millones de usuarios que usan prácticamente a diario la red social más popular del mundo.
El bueno de Jens tiene un total de 816 amigos en Facebook.
De esos 816 amigos apenas conoce personalmente a 30.
Y de esos 30 apenas trata con asiduidad a 8.
Y de esos 8 sólo 3 le caen bien.

Un día Jens publicó el siguiente mensaje en su muro:
Hola a todos. Acabo de tirarme un pedo. Pero no ha sido un pedo cualquiera, sino uno de esos pedos silenciosos y traicioneros que soltamos así, casi sin querer, y que notas cómo va impregnando los alrededores de ese delicioso pestazo. Lo curioso es que, al peerme, no he podido resistir la tentación de compartir mi pedo silencioso, traicionero y apestoso con todos vosotros, mis 816 amigos de Facebook. Os quiero. A todos y cada uno de vosotros. Mi pedo es para vosotros”.

Al final de este mensaje el bueno de Jens añadía un emoticono que mostraba una cara con los ojos guiñados tapándose la nariz con los dedos.

De los 816 amigos que tenía Jens hubo 572 “Me gusta”. De esos 572 había uno indeciso que, dependiendo de su estado de ánimo, iba alternando cada cierto tiempo el botón de “Me gusta” con el de “Ya no me gusta”, por lo que, dependiendo del momento, la publicación de Jens podía sumar 571 ó 572 “Me gusta”.
La publicación de Jens generó un total de 472 comentarios. De esos 472 comentarios he seleccionado los siguientes al azar.


(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)


martes, 2 de diciembre de 2014

PREMIO LIEBSTER AWARD

Hoy me siento como Woody Allen en aquella memorable escena de El dormilón.
Julia C., desde su blog PALABRAS Y LATIDOS (http://palabrasylatidos.blogspot.com.es/2014/12/hola-tods-en-esta-ocasion-estoy-feliz.html), ha tenido a bien concederle el PREMIO LIEBSTER AWARD a mi blog (y a mí que me zurzan. Es broma).
Desde aquí quisiera agradecer a Julia C. su hermoso gesto al decidir nominar mi blog a este premio. 

Pero antes de proseguir quisiera saldar una vieja deuda personal. 
Os cuento.
Hace unos pocos meses –en septiembre–, Erika Martin, autora del magnífico blog ANÉCDOTAS DE SECRETARIAS, me nominó a un premio muy parecido (http://anecdotasdesecretarias.blogspot.com.es/2014/09/versatil-blogger-award.html). Las normas de aceptación del premio también eran muy parecidas a las presentes, es decir, publicar en tu blog la aceptación del premio, enlazar al blog que te lo concedió y nominar a otros 10 bloggers.
La cuestión es que por aquel entonces yo apenas llevaba cinco meses con el blog –lo creé en mayo de 2014–, y los blogs que seguía apenas sabían de mi existencia, por lo que tenía serias dudas acerca de cómo recibirían una nominación de un tipo del que nunca antes habían oído hablar.
Siendo como soy una persona honesta, lo primero que hice fue escribir un correo a Erika Martin agradeciéndole de corazón su nominación y explicándole los motivos por los cuales me veía obligado a declinar el premio. Me dolió hacerlo, no os creáis, pero debía ser honesto conmigo mismo y, por extensión, con aquella persona que había confiado en mí. (A propósito, gracias de nuevo Erika; por tu comprensión y tu natural simpatía).
Dicho esto, prosigo.
Hoy, pasados unos pocos meses, Julia C. ha tenido el bonito detalle de volverme a nominar con un premio, gesto que agradezco y considero un honor.
Acepto el premio con orgullo e ilusión por lo que representa –el reconocimiento de una colega–, y al mismo tiempo acepto con idéntico orgullo e ilusión –aunque con un cierto retraso– el premio concedido en su día por Erika Martin.

 
Por último, aunque no menos importante, no quisiera dejar pasar la oportunidad de daros las gracias a todos y cada uno de los que cada semana os decidís hacer una parada en este espacio en el que doy rienda suelta a mi ABSURDA MENTE.

Cumpliendo con las normas que rigen el premio, a continuación me dispongo a responder al cuestionario planteado por Julia C.

1- Después de ti, ¿quién es la persona que primero lee lo que escribes?
Cualquier lector de los que deciden visitar mi blog. Ellos son los primeros en leer cualquier cosa que publique en el blog. Todo lo que publico aquí es material 100% original e inédito.
2- Literariamente hablando, ¿dónde te ves dentro de 5 años?
Ganando el Oscar de Hollywood al mejor guión adaptado a partir de una de mis novelas. Por cierto, esto me recuerda que tengo que adelgazar para quedar bien en las fotos con esmoquin.
3- ¿Cuántos blogs diferentes has tenido a lo largo de tu vida?
Este es el primero y el único. Me costó varios años decidirme.
4- ¿Cuál es tu autor favorito?
Woody Allen = Dios.
5- ¿Qué libro consideras que todo el mundo debería leer al menos una vez en la vida?
La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson. Un clásico imperecedero.
6- ¿Cuál es el estado de ánimo que más te inspira para escribir?
La tristeza. Escribir me ayuda a soportarla.
7- Define tu blog
Un blog de corte literario donde suelo dar rienda suelta a mi pasión por escribir historias bajo un prisma de humor absurdo, irreverente y sarcástico.
8- ¿Qué tres características crees que te definen mejor como persona?
Leal, honesto y pasional.
9- Además de escribir, ¿qué otras pasiones llenan tu vida?
Leer, escuchar música –sobre todo rock–, ver mucho cine y series de televisión, odiar el ejercicio físico y las dietas, dibujar, dormir y perder el tiempo. Soy una auténtica eminencia perdiendo el tiempo.
10- ¿Tienes alguna música en particular que te inspire o te predisponga a escribir?
Música clásica.
11- ¿Sobre qué tema no escribirías jamás?
No tengo ningún tema tabú. He escrito sobre casi todos los temas.

Ahora, y como parte de las bases del premio, debo nominar a 10 bloggers. Mis 10 nominados al premio son (por orden alfabético):

Ana Bolox con su blog http://anabolox.com/
Felipe Santa Cruz con su blog http://lecturaalternativa.com
Iris Roig con su blog http://www.lerougebite.com
Natalia Escritorista con su blog http://escritorista-lectorista.blogspot.com.es
Paz Sánchez con su blog http://nashaimmvspaz.blogspot.com
Víctor Selles con su blog http://moraldefrontera.blogspot.com.es/


domingo, 30 de noviembre de 2014

DIARIO DE UN TAXISTA EN NUEVA YORK


Lunes, 12 de febrero
Hoy me ha ocurrido algo tremendamente insólito. He llevado a un cliente desde la Estación de Autobuses hasta la parte alta de la ciudad. Casi ocho kilómetros de trayecto. El suceso en sí no tendría nada de extraordinario si exceptuamos el hecho de que al tipo lo he tenido que llevar subido a mi espalda, ya que desde hace tres días tengo el taxi en el taller. ¡Y el muy desagradecido ni siquiera dejó propina!
No queráis saber el dolor de riñones que tengo ahora mismo. Uno ya no tiene edad para según qué cosas.

Miércoles, 14 de febrero
Esta mañana, al fin, he podido retirar el taxi del taller. Sin embargo, después de dos servicios noté un ruido extraño que provenía de los bajos del coche. Ante la duda decidí regresar al taller. Tras un riguroso test al fin lograron dar con la avería. Se trataba de un mecánico que se había quedado enganchado al tubo de escape y al que había ido arrastrando durante toda la mañana. Al final lograron desengancharlo y llevarlo en ambulancia a un hospital.
«¡Menos mal! –pensé–. Por un momento temí perder otro día más de trabajo».

Martes, 9 de abril
Hoy mi jefe me ha dado el día libre para disfrutarlo con mi familia. Los muy cabrones se han ido con él a DisneyWorld y a mí me han dejado en casa al cuidado del perro.


(El resto de la entrada estará próximamente disponible en formato e-book en un libro que recogerá una selección de las mejores piezas de este blog)