Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de noviembre de 2025

UNAS LECTURAS FRANCAMENTE DELICIOSAS

 

Detalle de la portada de "La librería ambulante"

De vez en cuando uno se topa con lecturas que consiguen alentarle el espíritu. Eso mismo me ocurrió hace un tiempo cuando, de manera harto sorpresiva, me topé con dos libros de un autor del que no sabía absolutamente nada hasta entonces.

El autor del que os hablo es Christopher Morley (1890-1957), un escritor y poeta estadounidense que, tras su muerte, dejó tras de sí un vasto legado de más de cien obras, entre novelas, ensayos, poesías y obras de teatro.

Las dos obras suyas que leí, una detrás de otra, fueron La librería ambulante, publicada en 1917, y La librería encantada, publicada en 1919, es decir, dos años más tarde que la primera.


Cabe señalar que, dado que no conocía de nada al autor, ni sabía de la existencia de una segunda novela que seguía la historia del encantador matrimonio Mifflin, yo me las leí en orden inverso, es decir, primero me leí la segunda parte (La librería encantada), y posteriormente me leí la primera (La librería ambulante). Afortunadamente para mí, este hecho no me impidió disfrutar de la apasionante historia protagonizada por tan singular pareja.

A través de estas dos novelas conoceremos a Roger Mifflin, apasionado librero que se dedica a recorrer los Estados Unidos de lado a lado a bordo de su carromato repleto de libros, a fin de llevar la literatura a los lugares más recónditos de la vasta geografía norteamericana. El señor Mifflin disfruta tanto de su trabajo que consigue trasmitir esa pasión que siente por los libros a todos aquellos a quienes se va encontrando por el camino.

En una de éstas, el señor Mifflin, cansado de deambular de un lado para otro, decide vender su librería ambulante y con el dinero que obtenga adquirir un local en su amada Brooklyn, hogar de su infancia, y establecerse allí definitivamente abriendo una librería. Pero como Roger Mifflin ama tanto los libros, no está dispuesto a venderle su librería ambulante a cualquiera. Decidido a entregarle aquello que tanto ama a alguien que lo ame tanto como él, pone rumbo a la granja de un joven escritor cuyos libros ha devorado y disfrutado, creyendo ver en aquel a un alma afín. Pero resulta que al llegar a la granja, se encuentra con que aquel a quien busca ha emprendido un largo viaje que lo mantendrá lejos por un tiempo. En su lugar, en la granja encuentra a la hermana mayor del joven escritor, la señorita Helen McGill, una mujerona soltera de edad madura que vive por y para su hermano, haciéndole de granjera, agricultora, cocinera y ama de llaves.

Cuando Roger Mifflin le traslada a la señorita McGill su intención de traspasar el negocio a su hermano Andrew, Helen McGill ve en ello una excelente oportunidad para dejar atrás su hogar, su rutinaria vida y subirse al carro y recorrer el país de lado a lado como propietaria de una librería ambulante. Así que reune todo el dinero que posee y le compra el negocio al señor Mifflin.

Como condición indispensable, además del precio estipulado, Roger Mifflin le pide a la señorita McGill que lo lleve en el carro hasta donde pueda tomar un tren con destino a Brooklyn y, en contrapartida, durante el trayecto se ofrece a ir instruyendo a la señorita McGill en los entresijos del negocio. Ella acepta, deja una nota a su hermano Andrew avisándole de sus intenciones, cierra con llave la granja y se sube al carro dispuesta a emprender una nueva vida repleta de algo que no había tenido hasta entonces: emoción y aventuras.


Honestamente, la lectura de estas dos novelas son de esas maravillosas experiencias que un amante de los libros no puede perderse por nada del mundo. A través de una escritura aparentemente sencilla, Morley nos presenta unos personajes a los que, a medida que vamos conociendo, más nos van ganando. Además de las muchas peripecias que van sorteando en su particular odisea, gracias a los largos parlamentos de Roger Mifflin iremos descubriendo su amor por la literatura, enumerando aquellos libros que, a su juicio, merecen ser leídos antes de irnos de este mundo.

Resulta innegable que Christopher Morlay ama los libros, y con su hermosa prosa y sus entrañables personajes consigue contagiarnos ese amor. La lectura de estos libros ha supuesto para mí una más que enriquecedora experiencia, un banquete exquisito para mente y espíritu. Son de esas lecturas que deseas que no acaben nunca, del placer que proporcionan.

Pero como todo llega, al final los acabé. Y la lectura me dejó un poso de felicidad y plenitud tal que me dije a mí mismo: “¡Qué gran aventura, llena de pasión y emoción! Algún día regresaré a estos libros para volver a perderme en ellos y olvidar, o aparcar momentáneamente, los problemas y vicisitudes del día a día”. Cualquier libro que consiga eso, merece mi admiración y agradecimiento.

Si no has leído ninguno de estos dos libros, te recomiendo que te hagas con un ejemplar y disfrutes de las deliciosas aventuras de esa singular pareja formada por el señor Mifflin y la señorita McGill.



jueves, 12 de junio de 2025

LECTURAS OSCURAMENTE DIVERTIDAS

About - Arto Paasilinna
Imagen del escritor finlandés Arto Paasilinna (1942-2018)


Hará cosa de unos meses publiqué en este mismo blog un post en el que disertaba en torno a los límites del humor, esa especie de censura inquisitorial impuesta por los talibanes de la corrección política.

Mi postura —normalmente horizontal, más por vagancia que por otra cosa—, no ha variado un ápice desde entonces. Aún sigo pensando y defendiendo que el límite lo ha de poner cada uno, de forma individual, atendiendo a sus principios éticos y morales, su nivel de tolerancia y su apreciación personal en cuanto a lo que considere gracioso o no.

No todos tenemos el mismo sentido del humor. Es más, conozco a mucha gente que carece totalmente de tal sentido, lo cual, bajo mi punto de vista, no hace sino restarle sentido a su existencia misma. Sin humor para poder hacer frente a las mierdas que nos asolan día sí y día también, la vida me parecería un padecimiento continuo. Lo del “padecimiento continuo” se lo he tomado prestado a Charles Bukowski, que decidió titular así uno de sus libros de poemas.

Así pues, sentadas las bases de lo que para mí significa la capacidad del ser humano de poder reírse de todo, o casi todo —yo también tengo mis límites—, hoy vengo a hablaros de dos novelas que he leído recientemente y que podrían ser calificadas de políticamente incorrectas. O sea, que además de divertidas seguro que molestarán a esos que se molestan por todo. Pobrecitos. Menuda birria de vida se ven obligados a vivir.

Ahí van.

LA TIENDA DE LOS SUICIDAS: 00000 (BRUGUERA) : Teule, Jean, CLAVEL ...
 

LA TIENDA DE LOS SUICIDAS de Jean Teulé

Escrita con un estilo ágil y directo, la novela de Jean Teulé (1953-2022) gira en torno a una familia —los Tuvache—, que regentan una tienda donde venden todo tipo de artículos para suicidas, desde sogas y soportes adaptados a todo tipo de pesos y fisonomías a caramelos envenenados.

La acción se sitúa en un futuro distópico donde el cambio climático ha hecho estragos en la sociedad y la mayor parte de la población vive deprimida y sin ganas de vivir. Ante semejante panorama, la tienda de los Tuvache se erige como un oasis en mitad del desierto de la desesperación. El pintoresco eslogan de la tienda reza así: “¿Has fracasado en tu vida? Con nosotros triunfarás en tu muerte”.

La familia es bastante peculiar. Compuesta por padre, madre y tres hijos, todos parecen remar en la misma dirección: ofrecer al suicida una solución eficaz y definitiva a su deseo de acabar cuanto antes con su sufrimiento.

Todos los miembros de la familia tienen nombres de famosos suicidas. El padre se llama Mishima, por Yukio Mishima, un celebrado escritor japonés que decidió quitarse la vida a los 45 años; la madre lleva por nombre Lucréce, en honor a Lucrecia, una noble romana que optó por clavarse un puñal en el pecho tras ser víctima de una violación por parte del hijo del rey Sixto Tarquinio el Soberbio. Los tres hijos del matrimonio llevan por nombre Vincent, por Vincent Van Gogh, Marilyn, por Marilyn Monroe, y Alan, por Alan Turing, todos ellos célebres suicidas.

El negocio va viento en popa. La familia vive y trabaja unida en un objetivo común: ayudar a los suicidas a cumplir con su deseo de acabar con sus tristes y miserables vidas. Y todos ellos viven instalados en la grisura y la melancolía del que nada espera de la vida. Sin embargo, a medida que avanzamos en la lectura veremos que un elemento díscolo, con el que nadie contaba, parece haberse instalado en el seno de la familia. Contra todo pronóstico, el benjamín de la familia, el pequeño Alan, resulta que desde su nacimiento se muestra como un niño alegre, siempre sonriente y dispuesto a disfrutar de la vida, algo que choca frontalmente con el ideario familiar. A partir de aquí, todo se torcerá para la familia Tuvache.

Delicioso suicidio en grupo - Paasilinna, Arto - 978-84-339-7120-3 ...

DELICIOSO SUICIDIO EN GRUPO de Arto Paasilinna


La segunda novela de la que quiero hablaros es Delicioso suicidio en grupo, del escritor finlandés Arto Paasilinna (1942-2018).

A Paasilinna me lo descubrió hace algunos años mi amiga Clara Serrano. Me dijo que mi forma de escribir humor le recordaba al autor finlandés, y me recomendó la lectura de una de sus novelas: El año de la liebre. Seguí su consejo, y me pillé el libro. Lo leí. Más bien lo devoré. Me ocurre siempre que algo me entusiasma en exceso: me puede el ansia. No sé si lo leí en cuatro o cinco noches, pero lo que si sé es que me lo pasé bomba leyéndolo. Y lo mismo me ha vuelto a ocurrir con este segundo libro de Paasilinna.

El punto de partida no puede ser más prometedor. Onni, un empresario golpeado por la crisis, decide poner fin a su vida. Para ello se adentra en un perdido paraje de un bosque finlandés, encuentra un granero y allí opta por llevar a cabo su plan. Pero resulta que unos ruidos lo detienen. Para su sorpresa, otro suicida, un coronel del ejército retirado, había tomado la misma determinación que Onni.

Al final los dos suicidas deciden posponer su plan, se hacen amigos y se pasan unos días tomando coñac, dándose unos baños y pasando el tiempo en la sauna que uno de ellos posee en su cabaña. Entre charla y charla, ambos llegan a la conclusión de que en su país hay mucha gente que quiere acabar con su vida, así que deciden crear un club de suicidas, alquilar un autocar y recorrerse media Europa en busca del mejor acantilado por el que despeñarse todos juntos.

¿Se puede hacer humor con algo tan serio como el suicidio? Sí, se puede. Y ahí están Arto Paasilinna y Jean Teulé para demostrarlo.

Tal vez pienses que el humor y la muerte no combinan bien, como la honradez y la política. Pero te equivocas —en lo primero, no en lo segundo—. Precisamente una de las características fundamentales del humor es la de restarle seriedad y trascendencia a la gravedad de la vida.

Os contaré algo. Hace algunos años me leí un libro en el que se hablaba del humor contra el nazismo surgido durante el reinado de terror del Tercer Reich. Los chistes contra los nazis no eran una forma de resistencia activa, sino más bien una vía de escape para la rabia, la frustración y el miedo que atenazaban a la población civil contraria a la barbarie. Se contaban en tertulias, en los bares, en la calle, incluso en los campos de concentración, para desahogarse aunque sólo fueran unos minutos, haciendo de la risa una forma de liberación. Porque la risa libera. De ahí que la teman tanto quienes ostentan el poder.

El sentido del humor es un mecanismo de defensa que tenemos los seres humanos en exclusiva, pues no existe ninguna otra especie que posea algo similar. El humor nos protege de la crueldad de la vida y de la naturaleza. Porque, como mi admirado Woody Allen decía en La última noche de Boris Grushenko: “Para mí, la naturaleza es como un enorme restaurante donde todas las especies se comen las unas a las otras”.

Pues sí.



jueves, 15 de junio de 2023

MIS IMPRESIONES SOBRE HEMINGWAY

 

 

Lo bueno de las campañas electorales es que, gracias a la ingente cantidad de propaganda que me llega a casa vía correo, dispongo de un montón de papel gratis para escribir mis tonterías.

Perdón. Rectifico. De gratis, nada; pues a mí, como a todos, todo este derroche nos cuesta una pasta de nuestros impuestos.

Por lo tanto, aprovechando el papel disponible que me ha llegado a casa sin yo pedirlo, voy a emborronarlo con algunas reflexiones en torno a mis impresiones tras haber leído una nutrida compilación de relatos de Ernest Hemingway.

El volumen que leí, y que acabé hará cosa de tres semanas o así, se compone de una amplia selección de unos cincuenta cuentos escogidos personalmente por el mismo autor de entre su ingente producción.

Antes de acometer la lectura de esta colección, de Hemingway sólo había leído un libro suyo compuesto por dos relatos: El viejo y el mar y Las nieves del Kilimanjaro. De esto hará cosa de veinticinco o treinta años —¡cómo pasa el tiempo, maldita sea!—, y recordaba lo mucho que me había gustado el segundo relato —Kilimanjaro— y lo tedioso y pesado que se me había hecho el primero —El viejo y el mar—, ya que consideraba que el bueno de Hem había estirado en demasía una historia que fácilmente podría haberse quedado en veintinco o treinta páginas, y no en las casi cien que conforman la edición que poseo.

Imagen de mi ejemplar de "El viejo y el mar" y "Las nieves del Kilimanjaro"

Según parece, y a juzgar por lo leído en este último libro, era algo habitual en Hemingway estirar sus historias hasta el infinito, dejando al lector completamente exhausto ante semejante avalancha de palabras.

Con este libro he llegado a tres conclusiones con respecto a este aclamado autor. La primera es que, bajo mi particular punto de vista, Hemingway es un autor carente de imaginación. No es un escritor de una gran inventiva, sino más bien un escritor descriptivo, muy observador, rasgo sin duda derivado de su profesión de periodista. Esa particularidad hace que se empeñe una y otra vez en escribir sobre hechos o sucesos que o bien ha vivido en primera persona o bien le han sido confiados por gente que ha tratado personalmente. De esa faceta periodística se desprende su arraigada costumbre de explayarse en esas tediosas descripciones de los lugares donde transcurre la acción, así como en los rasgos físicos de los personajes que intervienen en aquello que quiere contar.

Como ejemplo de esto último me viene a la mente un cuento específico, incluido en el volumen que finiquité hace unas semanas, en el que Hem, para subrayar la soledad y el aislamiento de los habitantes de un minúsculo pueblecido perdido en algún apartado rincón de la América profunda, se dedica a nombrar casa por casa, detallando tamaño, material en que ha sido construida, quién habita en cada casa con nombre y apellidos. También describe la geografía del lugar con una meticulosidad que raya en lo obsesivo. Y porque no le dio tiempo ya que, de haber podido hacerlo, hasta habría bautizado de la primera a la última piedra que bordea los caminos que confluyen en el pueblo.

En otros relatos se explaya con la flora y fauna del lugar, lo que hace que parezca que más que un cuento esté leyendo un artículo del National Geographic.

Y eso por no hablar de su pasión por la Fiesta Nacional —Hem vivió largas temporadas en España y era un apasionado de las corridas de toros—, ya que sus cuentos sobre toreros, tardes de gloria y miseria en tendidos, o la vida en pensiones de mala muerte repletas de toreros o banderilleros fracasados tomando vino para ahogar su amargura por lo que pudo haber sido y nunca fue, o lo que fue y nunca más volverá a ser, salpican el libro aquí y allá. A mí, que no me gustan los toros, esos relatos me resultaron tediosos, e incluso confieso que me salté más de uno donde Hemingway se explayaba en los sentimientos y sensaciones de torero y toro en el transcurso de una corrida. Y es que la mayoría de los relatos incluidos en el libro tratan de caza, pesca, boxeo, la guerra, el alcohol, el triunfo y la derrota.


   

La segunda conclusión a la que llegué fue que Hemingway no es un gran escritor. Es visceral y apasionado, y disfruta dejando su impronta de macho alfa en cada cosa que escribe, pero confunde sensibilidad con debilidad y prudencia con cobardía. Para él, los hombres tienen que comportarse como tales en todo momento, y no hay lugar para las dudas o la inoperancia. Por otro lado, su técnica narrativa deja bastante que desear, pues comete muchos fallos de los que deslucen los textos, como, por ejemplo, la de acabar cada línea de diálogo con un “dijo él”, “dijo ella” o “dijo tal o cual personaje”, aún cuando no resulta necesario por sobreentenderse del propio texto quién dice qué. Ignoro si este tipo de “manías” o “costumbres” es algo promovido por el propio autor o es cosa del traductor, pero lo que es a mí me resultó en exceso molesto.

La tercera y última conclusión a la que llegué es que Hemingway carece de sentido del humor. No hallé ni una gota de humor en las casi cuatrocientas páginas que componen este volumen. Tal vez haya gente a las que este detalle les parezca carente de importancia. Y puede que tengan razón. Pero, personalmente, opino que un poquito de sentido del humor en la obra de Hemingway le habría venido de perlas, aunque sólo fuese para no tomarse demasiado en serio a sí mismo.

De todo lo dicho anteriormente podría deducirse que en modo alguno recomendaría leer a Hemingway. Para nada. Es más, invitaría a hacerlo, ya que, como suele suceder, tal vez alguno de ustedes encuentre en su literatura aquello que yo no pude o no supe encontrar, y no sería justo que mi opinión, personal e intransferible, le privase de ello.

Aún me falta leer al Hemingway novelista —ya tengo un par de títulos suyos cargados en mi lector—. Si bien, teniendo en cuenta que los entendidos suelen decir que el Hemingway cuentista supera con creces al Hemingway novelista, de momento pospondré la lectura de esos títulos para más adelante.




jueves, 17 de noviembre de 2022

ALGUNAS DE MIS ÚLTIMAS LECTURAS

 


Como en anteriores ocasiones, publico este post repasando alguna de mis últimas lecturas.


GEORGE ORWELL. 1984


De George Orwell, hasta el momento de afrontar esta lectura, sólo había leído Rebelión en la granja —uno de mis primeros libros como lector, que compré y aún conservo de una edición de RBA Editores—. Aquella original novela, escrita a modo de fábula y teniendo a un grupo de animales de granja como protagonistas, me pareció una magnífica representación de la condición humana.

Desde que leí aquel libro siempre tuve en mente leer algo más de este importante escritor. Sin embargo, las circunstancias y disponibilidad no me permitieron volver a reencontrarme con él hasta que no hace mucho cayó en mis manos 1984, una de sus más celebradas obras.

La novela es una distopía, es decir, “una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, tal y como indica el diccionario de la RAE.

Escrita entre 1947 y 1948, la acción se desarrolla en un futuro distópico situado en un hipotético 1984 —de ahí el título—. Fruto de una guerra nuclear, el mundo se divide en tres grandes bloques: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. Estos tres bloques están en permanente conflicto, a veces aliándose dos de ellos en contra del tercero en discordia e, incluso, cambiando de aliados según varíen los intereses de los gobernantes de cada bloque. En el fondo da igual qué defienda quien, pues ninguno de los tres bloques cree realmente en la victoria, ni la desea, pues lo esencial para ellos es mantener el conflicto permanentemente vigente, ya que su objetivo prioritario es mantener al pueblo pobre e ignorante, y que focalice todo el odio y la frustración que siente por su situación contra los países extranjeros y enemigos de su Estado.

La novela se caracteriza por la obsesión de los gobernantes —denominado el Gran Hermano— por controlarlo todo, lo que les lleva a instalar cámaras de televisión en cada uno de los hogares y rincones del Estado que se encargan de monitorizar y vigilar del primero al último de los ciudadanos, llegando a ver y escuchar todo lo que hacen y dicen, y hasta lo que piensan, gracias a las avanzadas técnicas de observación y estudio facial y control de las emociones implantado por la Policía del Pensamiento.

En el Partido se basan en tres grandes lemas que resumen toda su filosofía: “La Guerra es Paz”, ya que la guerra hace que los ciudadanos no se levanten contra el Estado ante el temor al enemigo exterior, “La Libertad es Esclavitud”, pues el esclavo se siente “liberado” al no conocer otra cosa ni aspirar a ello, y “La Ignorancia es Fuerza”, ya que la ignorancia evita cualquier rebelión contra el Partido.

Entre las frases que más me llamaron la atención, y que resumen a la perfección el ambiente opresivo y desalentador que dibuja Orwell en ese hipotético futuro controlado por el Gran Hermano, destaco: “A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y la ignorancia”. Y la segunda, entresacada de la fase de adoctrinamiento que el líder el Partido intenta aplicar al disidente y protagonista de la novela, y en la que resume el objetivo primordial de quienes dirigen los designios del país: “El Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro”.

Leyendo esto, a uno se le ponen los pelos como escarpias.

Al margen del tono lúgubre y el ambiente opresor que se describe en la novela, también hay hueco para el amor y la esperanza. Una lectura más que recomendable.


PAUL AUSTER. ENSAYOS COMPLETOS.


Selección de ensayos y artículos publicados por Auster a lo largo de las diferentes etapas de su dilatada carrera. La mayoría de los textos son autobiográficos, con el añadido de un par de entrevistas aparecidas en diferentes revistas literarias.

En buena parte de los textos, Auster habla del oficio de escribir, señalando la soledad como una de las herramientas imprescindibles del escritor. Para él, pocas cosas existen más placenteras en el mundo que sentarse a solas en su despacho y pasarse las horas dando rienda suelta a su imaginación y al inmenso poder de la palabra escrita. Fruto de esa inclinación por la soledad son sus continuos fracasos sentimentales —que incluyen un divorcio—, y su poca predisposición a los actos sociales. Aún así, a lo largo de los diferentes ensayos aquí reunidos, podemos ser testigos de las profundas y duraderas amistades que Auster ha ido cimentando a lo largo de su vida en distintas partes del mundo, pues, además de en su amada Nueva York, ha residido durante varios años en Francia, e, incluso, trabajó durante una temporada en un petrolero.

Su prosa es bastante fluida y, en ocasiones, bastante hermosa, lo que me animó a leerlo con interés y gozo. Me anoté algunas frases que me agradaron especialmente, como ésa en la que escribe: “Dicen que si el hombre no pudiera soñar por las noches se volvería loco; del mismo modo, si a un niño no se le permite entrar en el mundo de lo imaginario nunca llegará a asumir la realidad. La necesidad de relatos de un niño es tan fundamental como su necesidad de comida, y se manifiesta del mismo modo que el hambre”.

Auster manifiesta un amor incondicional por la literatura, además de una devoción inquebrantable por una serie de autores de los que se considera deudor, por cuanto han sido fundamentales a la hora de definir su estilo. Disfruta por igual de la profundidad de textos social y políticamente comprometidos como de textos de corte humorístico donde reinan el absurdo, la ironía y el aspecto más lúdico de la profesión. Cita entre sus humoristas favoritos a autores de la talla de Ring Lardner y S.J. Perelman —de Perelman, por cierto, he leído una recopilación de relatos con un resultado un tanto desigual. Alterna piezas muy buenas con otras que me resultaron un tanto insulsas, lo cual reafirma mi vieja teoría de lo complicado que resulta escribir humor literario—.

Me llamó la atención, por brillante, esta pieza breve atribuida a Joe Brainard, un escritor del que Auster se siente rendido admirador: “Espero que hayas disfrutado tanto de no leer esta historia como yo he disfrutado de no escribirla”. Sencillamente genial.

Es tal el amor que Auster siente por la literatura que, en lo más profundo de su ser, se siente hermanado con todo aquel o aquella que se ve empujado a anotar sus pensamientos en una hoja de papel. A todos ellos les dedica las siguientes palabras: “Pertenecemos al mismo club: una secreta fraternidad de hombres y mujeres solitarios, enclaustrados y maniáticos que pasamos casi todo nuestro tiempo encerrados en pequeñas habitaciones luchando por colocar palabras en una página. Es una curiosa manera de vivir, y sólo una persona que no ha tenido alternativa lo elegiría como vocación. Es algo demasiado arduo, demasiado mal pagado, demasiado lleno de decepciones como para que, de otro modo, alguien acepte este destino”.

Lo que menos me gustó de este libro fueron los ensayos dedicados a la poesía. De hecho, confieso que me salté un par de ellos, lo cual demuestra mi poca afinidad con esta disciplina literaria. Es un déficit que arrastro desde que era un joven imberbe, y que no sé si algún día podré superar. De momento, me va bien con la prosa, y, ¡hay tanto por leer!

Curioso mi “problema” con la poesía, ya que, por otro lado, reconozco que sí disfruto con las letras de algunas canciones de mis grupos y artistas favoritos, lo cual no deja de ser un contrasentido, ya que las letras de las canciones no dejan de ser en el fondo “poemas con música de fondo”. Como decía aquel, estamos hechos de contradicciones.

Salvando los ensayos de poesía, el libro de Auster me pareció un magnífico ejemplo de buena literatura.


Además de los libros citados, en el último año he leído varios libros de música. Hace poco acabé una interesantísima Historia del Blues de unas seiscientas y pico páginas, dos libros dedicados a la vida y obra de David Bowie —magníficos ambos—, y la autobiografía de Duff McKagan It's so easy y otras mentiras. Y es que la música forma una parte importante de mi vida desde que era un adolescente.

En fin, a seguir leyendo. Y escribiendo, claro.



miércoles, 8 de diciembre de 2021

REPASO A ALGUNAS DE MIS ÚLTIMAS LECTURAS

 


En lo personal, este año 2021 está siendo bastante prolífico en lecturas. No ha habido día en que no me haya ido a la cama con algún libro. Huy, qué mal ha sonado eso, ¿no? Confío en no ser tachado de “librista”, que es el equivalente al “machismo” circunscrito al ámbito de los libros; es decir, “una forma de sexismo caracterizada por la actitud de prevalencia del varón hacia los libros, tratados despectivamente como objetos orientados única y exclusivamente para dar placer”.

Fiel a mi costumbre de alternar autores y géneros, este año también he ido saltando de género en género según mis apetencias del momento. Eso sí, ha habido muchas lecturas englobadas en el terreno de las biografías o autobiografías; sobre todo de artistas de rock, que es mi género musical favorito. Este año he leído libros dedicados a The Beatles, David Bowie, Jimmy Page (Led Zeppelin), Pete Townshend (The Who), Nick Mason (Pink Floyd), Jim Morrison y Ozzy Osbourne.

Al margen del género musical, también he alternado lecturas de autores clásicos a los que me he acercado por primera vez, como ha sido el caso de Francis Scott Fitzgerald o Carson McCullers; de autores rusos como Serguei Dovlatov —a pesar de que la literatura rusa se me suele atragantar un poco—, o repetir con una autora que a cada libro mayor fascinación crece en mí hacia su forma de escribir, como Amelie Nothomb.

Así pues, ahí va mi breve repaso por algunas de esas lecturas.


ESPERADME EN EL CIELO. Maruja Torres.

Libro donde predomina la nostalgia de tiempos pasados, lugares, vivencias y la juventud perdida. A través de una historia onírica, la autora nos sumerge en una Barcelona que ya no existe, pues el paso del tiempo se ha encargado de destruirla, reduciendo su existencia al vago terreno de los recuerdos.

En un tono entre emotivo y nostálgico, Maruja evoca su relación de profunda amistad con los escritores Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalban. Juntos recorren las calles y plazas de la Barcelona de su juventud, en un viaje que se inicia con la muerte de la propia autora y su subida al Cielo, donde la esperan sus amigos del alma dispuestos a acompañarla en el tránsito de la vida terrenal a la espiritual.

Me resultó una lectura bastante amable, a ratos melancólica y divertida, gracias al buen hacer de esta periodista y novelista de raza.

UNA FORMA DE VIDA. Amelie Nothomb.

Esta es la cuarta novela que leo de esta interesante autora belga nacida en Japón. Sí, has leído bien. He dicho “autora belga nacida en Japón”. ¿No dicen los vascos que pueden nacer donde les da la gana? Pues, según parece, los belgas también.

De ella me he leído hasta el momento Atentado, Estupor y temblores —para mi gusto, su mejor novela de las que he leído—, La nostalgia feliz y la presente, Una forma de vida.

En esta novela, Nothomb narra la historia de un soldado norteamericano destinado en Irak que decide mantener una extraña relación epistolar con la autora. El calificativo de “extraño” viene motivado por las especiales características de la relación que se establece entre ambos.

El soldado, que dice llamarse Melvin Mapple, sufre de una rara enfermedad que afecta a muchos de sus compatriotas destinados en el frente: come de manera compulsiva con el fin de engordar de manera grotesca y exagerada. Lo hace, dice, como una forma de protestar o rebelarse contra la situación de estrés constante en la que vive sumido, destinado en un lugar inhóspito tan lejos de su hogar y sin tener demasiado claros los motivos de porqué está allí.

A medida que vamos avanzando en la historia la relación entre el soldado y la autora va estrechándose cada vez más, hasta que, en un momento dado, todo se viene abajo como un castillo de naipes.

La novela me resultó original, tremendamente adictiva —me la leí en un par de noches—, y sorprendente, hasta el punto de llegar a plantearme si lo que en ella se narra es fruto de una situación real vivida por la autora en primera persona o resultado de la imaginación desbordante de una escritora tremendamente fértil.

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON. Francis Scott Fitzgerald.

Hacía tiempo que quería leer algo de Scott Fitzgerald, considerado un clásico de las letras norteamericanas gracias a su monumental El gran Gatsby —he visto las dos versiones cinematográficas de esta obra, incluso la hilarante parodia que hicieron los de Padre de Familia, pero aún no he leído la novela. Tranquilos, está en mi lista de pendientes—.

De la obra que nos ocupa diré que también había visto la maravillosa película protagonizada por Brad Pitt, si bien he de decir que el libro es muy diferente a la película.

De entrada, ni siquiera se trata de una novela, sino de un cuento corto de apenas una treintena de páginas. Y aunque el punto de partida sí que es el mismo —un bebé que nace con una extraña enfermedad que hace que su ciclo vital se desarrolle al revés que el común de los mortales, es decir, que nace con la fisonomía y órganos vitales de un anciano de ochenta años y va rejuveneciendo a medida que va cumpliendo años—, la historia que aborda el libro difiere en muchos aspectos en relación a la película.

Aún así su lectura me resultó sumamente placentera, pues lejos del estilo recargado y pomposo que le presuponía, la forma de narrar de Fitzgerald la encontré sencilla y certera.

Una obra ideal para alternar entre lecturas por su brevedad.

EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO. Carson McCullers.

Esta es una de esas obras de las que llevas años oyendo hablar y que nunca te decides a hincarle el diente por temor a encontrarte con algo que decepcione tus expectativas.

Confieso mi temor previo, llamémosle prejuicio, a embarcarme en una obra situada en plena Depresión norteamericana. Máxime teniendo en cuenta que la acción se desarrolla en su mayor parte en un pueblo de mala muerte, ubicado en la América profunda, en un ambiente deprimente y asfixiante.

Sin embargo, a pesar de los citados condicionantes, pronto te sientes embriagado por la prosa de su autora, hasta el punto de seguir con fascinación y embeleso las historias cruzadas del puñado de personajes que conforman esta interesante opera prima, donde la autora demuestra su interés en centrar su arte en los marginados, los inadaptados, los solitarios, y en el deseo íntimo de todos ellos de conectarse con los demás.

¿Qué me pareció la novela? Una maravilla, de principio a fin. Una de esas obras que te enganchan de tal manera que te cuesta dejar de leer, y que ansías retomar en cuanto tus obligaciones te lo permitan, y, al mismo tiempo, temes que acabe, pues cuando doblas la última página del libro te sientes como recién despertado de un bonito e hipnótico sueño.

Llama la atención el que la autora escribiese esta monumental novela con tan solo veintitrés años de edad. Es realmente impresionante.

Mi experiencia con esta autora ha sido tan satisfactoria que ya me he agenciado otra de sus novelas, la cual tengo en mi larga lista de espera: La balada del café triste.

 

Sólo me queda desearos buenas lecturas a todos y todas. Tal vez no encontréis en los libros todas las respuestas que ansiáis. ¿Y qué? Lo importante es disfrutar del trayecto que el autor os propone. Bon voyage.



miércoles, 14 de abril de 2021

LECTURAS DIVERTIDAS

 

Foto del escritor Enrique Jardiel Poncela


Alentado por mi amiga y colega Oana Frumuzache, escritora con varios libros publicados, he vuelto a retomar mi actividad como usuario de Goodreads.

Para quien no conozca o no esté familiarizado con Goodreads, decir que se trata de una plataforma de acceso y registro gratuito donde lectores de todo el mundo valoran y reseñan libros que han leído, ponen en conocimiento de sus seguidores los libros que están leyendo o los que forman parte de su lista de “pendientes”, sirviendo de guía o sugerencia a otros lectores interesados en esos mismos libros o autores.

Yo me abrí una cuenta hace algunos años, siguiendo la recomendación de otra buena amiga, Elena Álvarez, editora, autora teatral, escritora y bloguera, con la que estuve a punto de llevar a los escenarios de Madrid una pequeña selección de algunos de mis textos adaptados a formato teatral. Digo lo de que “estuve a punto” porque, promovido por una campaña de crowdfunding, a pesar de nuestros denodados esfuerzos —incluso hicimos un divertidísimo vídeo promocional—, al final no conseguimos reunir la cantidad mínima para sacar adelante el proyecto, con actores y técnicos profesionales. Una pena.

Volviendo a Goodreads, muchas cosas ocurrieron desde que abrí mi cuenta de usuario. Algunas realmente complicadas, en lo personal y lo profesional, lo que me llevó a suspender mi actividad en la citada plataforma.

Y, si bien he estado unos cuantos años sin actualizar mis lecturas en la citada plataforma, en ningún momento he dejado de leer, pues la lectura forma parte intrínseca de mi vida.

Así que, empujado por la reciente invitación de Oana, he vuelto a retomar mis reseñas en Goodreads.

Por cierto, si alguien está interesado en abrirse una cuenta allí, o simplemente echar un vistazo a curiosear, os dejo el enlace a la web:


www.goodreads.com


Y hablando de libros.

Como apuntaba anteriormente, este año y el pasado, conocido como “el año de la pandemia”, han sido en lo personal bastante prolíficos en lecturas. No sé la cantidad exacta de libros que habré leído en estos quince meses, pero han sido muchos, la verdad. Y, fiel a mi costumbre de alternar autores y temáticas, ha habido de todo, como en botica.

No obstante, dadas las especiales circunstancias que desde principios del año pasado parecen empeñadas en condicionar nuestro modo de vida, en esta ocasión he decidido centrarme única y exclusivamente en libros que rezuman buen humor entre sus páginas.

Concretamente hablaré de tres libros y tres autores.

1 “ESTO TE VA A DOLER”, de Adam Kay

Escrito a modo de diario, el autor —médico profesional durante varios años, hasta que un día decidió dejar la medicina para dedicarse a escribir guiones de cine y televisión— nos irá narrando en primera persona su personal travesía por el complejo mundo del Servicio de Salud Británico, desde el momento en que decidió cursar sus estudios de medicina hasta el último día que ejerció como médico, dejando atrás unos caóticos años de guardias y jornadas interminables, estrés a raudales y vivir permanentemente pendido de una especie de cuerda floja suspendida en el abismo del fracaso emocional en su relación de pareja con H, de quien no recuerda con exactitud las veces que la dejó colgada en cenas, aniversarios, cumpleaños, viajes o citas importantes, a fin de ocuparse de sus labores de médico especializado en ginecología en los diferentes hospitales donde ejerció.

A través de sus páginas, el doctor Kay nos irá poniendo al día de todos los pormenores que jalonan el acontecer diario en el caótico y frenético Sistema de Salud Británico. Conviene apuntar que en el Reino Unido disfrutan de un sistema de salud gratuito, similar al ofrecido en España. Eso, traducido al idioma del doctor Kay, básicamente significa tres cosas: trabajar mucho, vivir permanentemente exigido en tus funciones y cobrar poco. De hecho, tal y como el propio doctor se encarga de señalar, un empleado sin cualificación de un burguer cualquiera puede ganar lo mismo, en incluso más, que el propio doctor. Y no es coña.

Si bien la mayor parte del libro rebosa de un gran sentido del humor, el cual, en ocasiones, hará que se te salten las lágrimas de la risa, también hay lugar para el drama y la denuncia en torno a las pésimas condiciones laborales y el estrés continuo al que se ven sometidos los profesionales de la medicina en un país que, a pesar de engrosar esa grotesca lista de los llamados “países del primer mundo”, en ocasiones muestra vicios y malas prácticas que lo retrotraen a la edad de las cavernas.

A pesar de ciertos tramos especialmente duros y dramáticos, la tónica general es de un humor típicamente inglés, con mucha ironía, grandes dosis de sarcasmo y una clara tendencia a buscarle el lado positivo hasta a las situaciones más duras y comprometidas.

Una lectura muy recomendable que te hará pasar momentos francamente divertidos, y otros que te harán replantearte seriamente el hecho de traer hijos al mundo.

2 “HA VUELTO” de Timur Vermes

El arranque de esta sorprendente novela no puede ser más surrealista: en el verano de 2011, Adolf Hitler despierta, aturdido y desorientado, en un patio ajardinado de un barrio residencial de Berlín. A medida que va haciéndose con la situación, su desconcierto va en aumento, mientras ve con horror en lo que se ha convertido su querida Alemania. Nada de simbología nazi, ni rastro de la pomposa arquitectura del Tercer Reich, reina la paz, las calles están infestadas de extranjeros que hablan en lenguas extrañas, incluso existen negocios regentados por turcos, y, para su personal indignación, su querida Alemania está siendo gobernada por una mujerona rechoncha e insípida que parece directamente sacada de una granja bávara.

Tomado por un cómico satírico que se muestra inflexible en su determinación de no abandonar en ningún momento su papel de führer, el auténtico Adolf Hitler es acogido por un quiosquero que lo aloja en su puesto de revistas y le da comida y alojamiento gratis. Allí acaba siendo presentado a un empleado de un canal de televisión que ve en él una futura estrella de la comedia satírica. A partir de ahí, su ascenso a la fama resulta imparable, todo ello auspiciado por una serie de equívocos y malentendidos brillantemente llevados a cabo por el autor del libro, el escritor Timur Vermes.

La novela te atrapa una vez lo empiezas y, por momentos, no puedes evitar soltar la risotada, provocada por las salidas de banco de su protagonista, un confundido Hitler que no entiende porqué todo el mundo se ríe y se toma a chufla todo lo que él piensa y verbaliza totalmente en serio: su antisemitismo, su odio a los extranjeros y a lo que él considera “la amenaza de impureza de la sangre aria”, su beligerante actitud ante la tibieza de los políticos, etc.

Dejando a un lado los continuos golpes de humor gracias, en buena medida, a los equívocos que suscita un desconcertado Hitler, uno de los grandes aciertos de la novela son las continuas referencias a personajes y hechos históricos, lo cual dota de una cierta cohesión a la historia y aumenta la hilaridad en el lector.

Como anécdota, destacar que la novela se convirtió en todo un acontecimiento literario, no sólo en Alemania sino en toda Europa, hasta el punto de ser llevado a la gran pantalla con Oliver Masucci en el papel de Hitler.

Yo leí el libro primero y vi la película después. Y, aunque hay evidentes diferencias entre uno y otra, ambas obras son altamente recomendables.

3 “PARA LEER MIENTRAS SUBE EL ASCENSOR” de Enrique Jardiel Poncela

Hablar de Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952) es hablar de uno de los mejores escritores de humor de nuestro país (España). Su humor, de un ingenio y una inteligencia desbordantes, es uno de los más apreciados por este que os escribe; o sea, yo.

Según he podido leer en alguna biografía suya, Jardiel Poncela es uno de los miembros más destacados de la que se ha llamado «la generación inverosímil», hasta el punto de ser considerado como el renovador del humor español moderno. Su producción literaria es extensa. Pese a que se le conoce más como dramaturgo, escribió también novelas, cuentos, poesías, ensayos, artículos periodísticos y guiones cinematográficos. Dirigió películas y fue empresario teatral. Su humor vanguardista y cosmopolita creó escuela y dejó una impronta jardielesca en los humoristas posteriores.

Aparte de su obra creativa, Jardiel Poncela fue un teórico del humor, preconizó la superioridad de éste sobre el género dramático. Para él, la comicidad era uno de los frutos de la civilización. El humor surge de la inteligencia. Para poder entenderlo y apreciarlo en profundidad ha de poseerse una sólida cultura, una aguda sensibilidad, un buen conocimiento del propio idioma y una actitud sabia ante el mundo.

Suscribo al cien por cien su opinión acerca del humor literario.

De Jardiel Poncela me he visto dos obras teatrales en Madrid, Los habitantes de la casa deshabitada (con un Sazatornil imperial) y Usted tiene ojos de mujer fatal, y me he leído dos libros: La tournée de Dios y este que nos ocupa: Para leer mientras sube el ascensor.

La primera duda que se me presenta es cómo definirlo. Novela no es. Tampoco es un libro de relatos, aunque haya relatos en él. Entonces, ¿qué es?

Yo diría que es una especie de «cajón de sastre», en el que podrás encontrar de todo: cuentos, relatos, definiciones, artículos periodísticos, memorias, aforismos y poemas.

A continuación destacaré unas pequeñas pinceladas del estilo humorístico desplegado en el libro:


DEFINICIONES

Talento: Cosa que todo el mundo elogia pero que poca gente paga.

Neumático: Lo que se pincha.

Mayonesa: Lo que se corta.

Cuchillo de hotel: Lo que no pincha ni corta.


* * *

RELATOS:

Se fueron a almorzar a un restaurante donde les dieron huevos a la Malmaison, pollo con gelatina, crema de guindas, helado y un disgusto espantoso, porque la cuenta subió más que Napoleón después de la campaña de Italia.

* * *


Aquella mujer se llamaba... ¿cómo se llamaba? No lo recuerdo; pero sí recuerdo que sus padres eran de León.


* * *


Al abrir la puerta, la doncella le miró de arriba abajo: como se mira a los mendigos y a las estatuas griegas. En seguida se apresuró a decir:

—No sé si el señor podrá recibirle...


* * *

No es higiénico usar cinturón.

Tampoco es higiénico usar tirantes.

Pero si no se usa una cosa u otra, el pantalón se cae; así es que hagan ustedes lo que quieran, porque llevar el pantalón a la rastra tampoco es higiénico.


* * *


CANTARES:


¿Que no sabes qué es amor?

¿Que no sabes lo que es cielo?

¿Que no sabes lo que es vida?

Pues, hijo, eres un ignorante.


* * *


Para concluir mi resumen/reseña de este libro, decir que, aún siendo una curiosa mezcolanza de diferentes disciplinas literarias, ofrece una lectura amena, con momentos de gran inspiración y otros de agradable lectura, donde se concentra una amplia muestra del enorme talento que atesoraba este gran escritor, del que, sin duda, seguiré leyendo más libros suyos.

Por último, y ya que de reír y pasarlo bien leyendo se trata, me permito recordaros que mis tres libros publicados hasta el momento aún siguen disponibles a través de las tiendas Amazon de todo el mundo. Y si no queréis errar el tiro e ir sobre seguro, os recomiendo que le echéis un vistazo a los adelantos gratuitos cuyos enlaces os detallo a continuación:


Absurdamente Vol. I

Lee un adelanto gratuito pinchando aquí.

Cómpralo pinchando aquí.

Absurdamente Vol. II

Lee un adelanto gratuito pinchando aquí.

Cómpralo pinchando aquí.

Absurdamente Vol. III

Lee un adelanto gratuito pinchando aquí.

Cómpralo pinchando aquí.


Hala, adiós.