Mostrando entradas con la etiqueta Jotapé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jotapé. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de noviembre de 2015

GRACIAS, JOTAPÉ


Hoy os hablaré de Jotapé.
¿Y quién es Jotapé? Pues Jotapé es un blogger la mar de salado —odia el dulce, ¿sabéis? Es de esa clase de personas que prefiere un buen bocata de calamares a una tarta de chocolate. En fin, cada loco con su tema—.
A Jotapé podéis encontrarle en el siguiente blog que él mismo administra:


Como habréis podido deducir por el título de su blog, Jotapé es un reflexionador nato. Y ya sabéis el dicho: «La vida está repleta de reflexiones, ¿quién la reflexionará? El reflexionador que la reflexione, buen reflexionador será».
Y Jotapé es un buen reflexionador. De los mejores que conozco. No en vano, cada mañana al levantarse, Jotapé es de los que se hacen no menos de 100 reflexiones de cuatro series de 25 antes de desayunar. Un monstruo, vamos.
A Jotapé lo conocí un buen día —digo que era bueno porque hacía solecito y corría una brisa bastante agradable—. Como digo, aquel día que hacía tan bueno, Jotapé me dejó un efusivo comentario en mi blog a propósito de uno de mis posts. A este primer comentario le siguieron nuevas visitas y nuevos comentarios, igual o más elogiosos que el primero. Es decir, que al bueno de Jotapé le gustaba lo que yo escribía. Y eso me ponía muy contento.
Cuando anuncié mi intención de publicar mi primer libro de relatos, Jotapé fue uno de esos generosos lectores de este blog que me dijeron: «Oye Pedro, pues yo quiero uno».
Dicho y hecho.
A las pocas horas de ponerlo a la venta, Jotapé hizo su pedido de un ejemplar en papel a través de la web de Amazon, y un par de días más tarde ya lo tenía en su casa.
Según él mismo me confesó, devoró aquel libro. Y eso me puso mucho más contento si cabe.

Pero mejor será que os lo cuente él mismo con sus propias palabras. Os dejo con este simpático relato escrito por Jotapé.


SUMMER LOVE (AMOR DE VER-ANO) por JOTAPÉ

Esta es la historia de un amor de verano. Del verano de 2015. Paseaba por la playa cuando me encontré a semejante ejemplar tomando el sol. En una playa de aguas cristalinas, arena fina, y donde el aire y la tranquilizante canción de los sonidos de las olas te transportaban a un estado de relax. Exceptuando los gritos de los niños, sus tiradas de arena cuando pasaban por tu lado y las pelotitas de tenis que siempre acababan dando diana en ti. Pero bueno, no nos desviemos del tema.



Míralo qué a gustito el jodío al solecito

De seguida charlamos y charlamos bajo los jodidos rayos tórridos del sol en un ambiente tan especial como es en la orilla de la playa, con gente pasando y mirando e intentando averiguar de qué coño estábamos hablando. Malditos/as cotillas!

Afortunadamente los niños y sus pelotitas de tenis se fueron al agua, y nos dejaron en paz

De seguida nuestra historia cuajó, y pasamos más tiempo juntos. Íbamos incluso a la piscina (para evitar la arena por todos lados, pero la impertinencia de los niños no fue eliminada…)
Nuestra historia estaba repleta de diferentes pequeñas historias a cuál más curiosa y divertida.

El libro de Pedro, mi piscinita, y sin niños a la vista, ¡qué gozada!

No olvidar los ratos en los que ha compartido conmigo sus historias mientras me relajaba y nos tumbábamos en la cama (para leer, mal pensados).
Nuestra historia era casi como un libro, con sus pequeñas historias, páginas y personajes cada cual más dispares a poder ser.


El libro, mi camita y el teléfono desconectado. ¡Planazo!

Con sus historias me ha hecho reír, olvidarme de los problemas, disfrutar de mis vacaciones. Hemos estado juntos muchos días de este verano. Me gustaría que vosotros también conocierais a otro ejemplar idéntico al que yo encontré. Os alegrará la vida, os entretendrá, os fascinará y todo lo que comience por “os” y acabe por “rá”…

Cena romántica para dos. ¿Qué más se puede pedir?

Pero como ya dije y di título a este relato, aquello era, o mejor dicho, fue, un amor de verano. Y una vez todas las historias fueran contadas, todo conocimiento interior salido a la luz y sus secretos me fueron revelados —¡pues coño, era un amor de verano!—, todo se acabó al llegar a la última página, y con ella regresó la rutina. Y con la llegada del otoño, finalizó el ver-ano.

No me arrepiento de nada, y me volvería a “enamorar” de otro ejemplar que se parezca a éste. Es más, os recomiendo a todos que tengáis la suerte que he tenido yo.

Jtpé.

Aventura de Verano 2015.

FIN


¿Qué os ha parecido? A mí personalmente me ha encantado. De hecho, sólo tengo palabras de agradecimiento para todos aquellos de vosotros que decidís sumaros a este pequeño juego que he establecido con todos los compradores de mi libro. Así que...

Gracias, Jotapé.