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jueves, 9 de marzo de 2023

CINE Y LITERATURA (1)

 

Sean Connery (Forrester) impartiendo una masterclass sobre literatura a su joven protegido Jamal


A mediados de la década de los ochenta mi padre decidió abrir un videoclub, junto con un socio amigo suyo. Aquel socio, de nombre Gregorio, era un enamorado del ajedrez.

Además de ser árbitro internacional colegiado, trabajaba en un organismo privado que organizaba torneos regionales, nacionales e internacionales de ajedrez.

Un día, me dijo:

—Oye, Pedro, tú que ves mucho cine, ¿podrías apuntarme en una libreta cualquier película que veas en la que salga cualquier escena relacionada con el ajedrez? No hace falta que sea una partida. Sólo con que tenga algo que ver con el ajedrez, aunque sea viéndose un tablero o piezas, me vale. Ah, y apúntame el minuto exacto en el que transcurre la escena en cuestión.

—Claro, Gregorio —contesté yo—. Pero, por curiosidad, ¿para qué quieres saber eso?

Y entonces Gregorio me reveló algo que, por sorprendente, se me quedaría grabado a fuego en la memoria. Me contó que tenía una cinta VHS donde iba recopilando todas esas escenas, una detrás de otra, con intención de verlas y disfrutarlas en su vídeo doméstico siempre que lo desease.

Como digo, aquello se me quedó grabado; por extraño, por inusual y por extravagante.

Yo, que entonces tendría unos dieciséis o diecisiete años, no entendí aquella pasión tan desorbitada por algo como el ajedrez, actividad que, si bien me gustaba practicar de manera esporádica, no despertaba en mí semejante nivel de apasionamiento. Y no sería hasta muchos años más tarde en que entendí perfectamente la pasión que empujaba a aquel hombre a hacer algo tan fuera de lo común.

El porqué es muy sencillo. Las personas apasionadas, entre las que me cuento, cuando sentimos una especial debilidad por algo, traspasamos la frontera de lo convencional sin importarnos un pimiento lo que los demás piensen de nosotros.

Hay quien colecciona llaveros, por ejemplo, o mecheros, o aquellos viejos calendarios plastificados que se solían llevar en la cartera —ignoro si aún se siguen fabricando, pues hoy en día resulta mucho más cómodo y práctico controlar el calendario con el móvil, con el ordenador o con agendas electrónicas implementadas en los relojes de pulsera. Por cierto, que estos relojes de hoy en día son capaces de hacer cosas hasta hace poco impensables, como controlar tu ritmo cardíaco, decirte el número exacto de pasos y calcular la distancia y el tiempo que realizas en un tramo concreto, y hasta de hacerte la declaración de la renta con resultado a devolver. Son la leche esos relojes, en serio—.

En mi caso concreto colecciono discos, libros, películas, revistas de música o literarias, determinadas manías y alergias varias. En fin, cada loco con su tema.

Una de las cosas que me gusta coleccionar, y disfrutar, son películas relacionadas con la literatura, bien sean películas sobre escritores o editores o películas basadas en novelas.

Dicho esto, como no creo ser el único al que le fascinan este tipo de películas, he decidido ir publicando de vez en cuando en el blog reseñas o artículos contando mis impresiones sobre ese tipo de películas con trasfondo literario. Y para inaugurar esta nueva sección, ahí van las dos primeras: Descubriendo a Forrester y El expreso de medianoche.


Descubriendo a Forrester (2000)

Siempre he sentido una especial debilidad por Sean Connery. Es uno de esos actores tan buenos en lo que hacen que, con su mera presencia, son capaces de levantar películas mediocres y transformarlas en algo merecedoras de nuestro tiempo y nuestra atención.

No es el caso de esta peli, Descubriendo a Forrester, ya que en ella todo me resulta fascinante, empezando por la historia.

En pleno Bronx neoyorkino, un grupo de jóvenes afroamericanos se suele reunir en una cancha a jugar al baloncesto. Desde la cancha se divisa el apartamento de un viejo ermitaño cuya existencia resulta un auténtico misterio para sus vecinos, pues no socializa con casi nadie y apenas sale de su apartamento. Un día, como una travesura, uno de los jóvenes decide colarse en el apartamento del ermitaño a través de una de las ventanas. Una vez dentro curiosea y ve un montón de libros, lo cual despierta su curiosidad, ya que él es un buen estudiante que acostumbra a leer y a sacar buenas notas en literatura. Oye ruidos y se precipita en su huida, lo cual hace que se deje atrás una mochila con algunos trabajos suyos de literatura que debía entregar en clase. Al percatarse de su error, el chico regresa al apartamento del ermitaño en busca de su mochila, y entonces se produce el encuentro que marcará su vida para siempre, pues al que todos consideraban un anónimo solitario resulta que es un consumado escritor con un único libro publicado, considerado en su tiempo una obra maestra, que un buen día decidió darle la espalda a la fama y recluirse en su apartamento por el resto de sus días.

Según he podido leer por ahí, el personaje de Connery está inspirado en J.D. Salinger, quien en vida sólo llegó a publicar una novela, El guardián entre el centeno, y que, tras su apabullante éxito de crítica y ventas, decidió recluirse en su casa y evitar todo contacto con congéneres.

La película es magnífica, con un reparto muy logrado encabezado por un espectacular Connery y su némesis en la pantalla, un inmenso F. Murray Abraham, quien alcanzara la fama cinematográfica gracias a su magnífico papel del maestro Salieri en Amadeus.

Recuerdo con cariño una de las frases que exclama Connery a fin de motivar a su joven protegido: “¡Golpea las teclas, por el amor de Dios!”.

Descubriendo a Forrester es de esas películas que, al acabarlas, te entran unas ganas tremendas de escribir, y de leer, y de ver más cine; en definitiva, es de esas pelis que te invitan a sumergirte en ese mundo maravilloso donde la ficción tiene más peso que la realidad. La recomiendo.


El expreso de medianoche (1979)

Basada en el libro autobiográfico de Billy Hays, del mismo título, cuenta la odisea personal del autor mientras cumple condena en una prisión turca a principios de la década de los 70 acusado de traficar con hachís. La película, aún con notables diferencias con respecto a la novela, sobre todo en lo concerniente a la fuga de la cárcel, es bastante fiel al libro.

El libro, que leí hace un par de años, no me defraudó en absoluto. El único “pero” que le pondría a la experiencia es que, habiendo visto la película varias veces, hasta el punto de tener memorizadas muchas de las escenas, al leer me resultaba imposible disociar lo que leía de las imágenes de la propia película, por lo que en mi mente se iban recreando secuencias de la peli a medida que iba pasando páginas. Con todo, tanto el libro como la película son obras que merecen ser disfrutadas al menos una vez en la vida.

A propósito de la película, el trío protagonista está soberbio, encabezado por un excepcional Brad Davis en el papel de su vida.



Brad Davis interpretando a Billy Hayes en una escena de su detención en "El expreso de medianoche".