sábado, 9 de diciembre de 2017

UN LARGO VIAJE (Parte 1)


Hace unos días Ana Palacios, administradora del blog Cuenta conmigo, me decía en un correo que le gustaba mucho mi forma de escribir y me preguntaba cómo había aprendido a escribir del modo en que lo hacía.
Lo primero que hice fue agradecerle el cumplido. Como diría el rey emérito: «Me llena de orgullo y satisfacción saber que mi trabajo es valorado y apreciado».
Lo siguiente que hice fue echar la vista atrás, a mis inicios en esto de la escritura.
Todo aprendizaje requiere de un largo proceso, repleto de etapas, con sus dudas y certezas.
Mi viaje comenzó hace unos cuantos años.
Hagamos un viaje atrás en el tiempo, hasta 1991.
He de decir que la mía fue una vocación tardía. No empecé a trabajar en serio mis textos hasta los veintitrés o veinticuatro años. Hasta entonces me limitaba a dibujar cómics y chistes ilustrados. Incluso en 1991 me llegué a presentar a un concurso de cómics que organizaba el Cabildo de Gran Canaria. Quedé tercero. Algún día contaré porqué se me quedó cara de gilipollas en la gala de entrega de premios por culpa de un malentendido.

Detalle de un par de páginas del cómic que presenté a concurso en 1991

A los veinte años yo no era el lector que soy ahora. Ni de lejos. Era más lector de cómics que de libros. Devoraba cualquier cómic que cayese en mis manos (El Víbora, CIMOC, Metal Hurlant, El Jueves, Moebius, etc).
Supongo que de ahí me viene esa obsesión por contar historias y mantener un determinado ritmo narrativo, centrándome en lo que quiero contar y evitando aburrir al lector con detalles innecesarios. A veces, menos es más (este es un concepto únicamente aplicable al arte, y en modo alguno aplicable a los sueldos ni a las pensiones, donde menos es siempre menos. Por desgracia).

Un día, a mediados de los noventa, compré mi primer libro en un estanco que había en la misma calle de las oficinas donde yo trabajaba de administrativo. Aquel primer libro fue El sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón. Me gustó tanto aquel libro que despertó en mí un inusitado interés por la lectura.

Este fue el primer libro que compré. Aún forma parte de mi biblioteca personal.

Aprovechando que justo por aquellos días la editorial RBA acababa de lanzar al mercado una colección de grandes autores contemporáneos en edición bolsillo, decidí hacer la colección. Entre aquellos libros y autores se encontraban Ernest Hemingway (El viejo y el mar y Las nieves del Kilimanjaro), Arturo Pérez-Reverte (El club Dumas y El maestro de esgrima), Milan Kundera (El libro de los amores ridículos), Gabriel García Márzquez (Crónica de una muerte anunciada, Cien años de soledad, El otoño del patriarca), Isabel Allende (Los cuentos de Eva Luna, La casa de los espíritus), George Orwell (Rebelión en la granja), etc.

Estos son algunos de los títulos que aún conservo de 
aquella colección de clásicos que RBA editó allá por 1995.

Recuerdo que cada semana salía un nuevo libro de la colección, y que mis lecturas se iban solapando unas con otras, ya que mi tiempo por aquel entonces era bastante limitado (además de trabajar, estudiaba por las noches).
Aunque con el tiempo llegué a regalar algunos de aquellos libros (los que no me gustaban -el dichoso Ulises de Joyce entre ellos-), aún conservo una veintena de ellos. Le tengo mucho cariño a esa colección, ya que fue el inicio de una afición que ya no me abandonaría jamás, y que, con el tiempo, acabaría germinando en mí la necesidad de contar mis propias historias.

(continuará...)


El inicio de una afición



10 comentarios:

  1. Pedrooo!
    Vaya sorpresa que me has dado. Abro tu publicación y en la primera línea, como por arte de magia, aparece mi nombre y el de mi blog.
    ¿Esas cosas se avisan! a mi edad un subidón así puede ser mortal, Jajaja
    Sigo pensando que escribes muy bien y que casi siempre consigues hacerme reír y cuando no lo consigues es porque no lo entiendo, es decir, no eres tu el responsable, soy yo la que desconoce el tema del que hablas, pero pasa pocas veces, afortunadamente.
    Gracias por todo. Un abrazo de,
    Vilma/Ana

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    1. ¡Anaaaaaaaaaaaa!

      ¡Por Dios, Ana, con tanto grito nos vamos a quedar sin voz para las Navidades! En vez de cantar los villancicos vamos a tener que susurrarlos. Va a sonar un pelín siniestro, la verdad. Las cosas susurradas adquieren un cariz aterrador. Fíjate en Vito Corleone. El tipo no grita, pero da un miedito que no veas. ; )

      Pues mira, tienes razón. Debí avisarte antes de publicar. Pero ando tan liado con la corrección de mi novela (menudos quebraderos de cabeza me está dando la jodía), que apenas consigo centrarme. Te pido disculpas.

      Debo agradecerte el que tu amable correo me diese pie a escribir este artículo que me ha hecho retrotraerme a mis inicios. En ocasiones, echar la vista atrás es un ejercicio de lo más saludable, pues consigue dotar de cierta perspectiva a tu trayectoria y valorar tus logros como se merecen. No conviene olvidar de dónde venimos ni lo que nos ha costado llegar hasta donde hemos llegado. Te provee de humildad.

      Lo de entender o no entender determinados cuentos/relatos/novelas va en cada uno. Dicho esto, y para tu tranquilidad, te diré (ahora que no nos lee nadie) que yo tampoco entiendo algunas de las cosas que yo mismo escribo. :P

      Gracias a ti por la buena acogida que le diste desde el principio a mis letras. Ellas y yo te lo agradecemos mucho.

      Un abrazo, Vilma. ; )

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  2. Vienes a corroborar lo mil veces repetido y no por ello redundante: que para saber escribir hay que saber leer, o cuanto menos leer mucho. Aunque también es cierto que, por mucho que uno lea, eso no le convertirá en un buena escritor, Mi opinión es que el escritor nace, no se hace, aunque sí se pule y mejora con la enseñanza y la práctica.
    Veo que te iniciaste en la lectura de novelas de cierto "empaque" un tanto tardíamente, lo cual da mucho más merito a tu incursión en el mundo de la escritura. Aunque en mi caso, si bien empecé a leer novelas de muy niño (tendría menos de 10 años cuando me estrené con Tom Sawyer), no me inicié en la escritura hasta haber superado los sesenta, jajaja
    Pero, claro, un artista como tú (porque solo hay que ver tus dibujos) ya tiene madera para hacer muchas cosas a la edad que sea, sois espíritus inquietos que aprendéis con rapidez y podéis diversificar vuestra forma de hacer arte, ya sea escribiendo, pintando o tocando la guitarra, jeje
    Me ha encantado conocer tus inicios como escritor. Y no podía faltar la mención a nuestro amigo (o enemigo) común, el Ulysses de James Joyce. Yo todavía conservo el ejemplar que intenté leer por vez primera y que compré en Irlanda, pero ¿quién va a querer leer esta obra indigerible en inglés? Si sabes de alguien, me lo dices.
    Un abrazo, amigo.

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    1. Amigo Josep, gracias por tenerme en tan alta consideración. Viniendo de alguien con una trayectoria vital como la tuya: lector voraz, escritor, bloguero y persona culta e inquieta intelectualmente, es todo un halago. Además de compartir aficiones (leer, escribir, fracasar miserablemente en nuestros intentos por arrebatarle el trono de superventas a Stephen King y la J.K.Rowling, o al gordo ese que escribe esos libros de Juegos de Tronos), compartimos mutuo odio por Joyce y su dichoso Ulises (mal rayo lo parta, lo queme y lo haga trizas).

      Es cierto lo que digo en el post, empecé a leer tardíamente. Y si bien no quisiera eludir responsabilidades, he de decir que tuve unos profesores de literatura bastante nefastos; o igual los planes de estudio de entonces eran una birria. Porque, bajo mi humilde opinión, tener que aprenderte de memoria con doce años la vida y obra de gente como el Arcipreste de Hita, Garcilaso de la Vega o Gaspar de Jovellanos no es la mejor manera de seducir a un niño para que se adentre en el mundo de los libros. Si uno solo de aquellos profesores que tuve de niño me hubiese recomendado leer "La isla del tesoro" o "Tom Sawyer", otro gallo habría cantado.

      Es curioso eso que dices de "nacer" artista. Coincido contigo en que algo de eso hay. Y lo digo con conocimiento de causa, ya que todas las aventuras artísticas que he emprendido a lo largo de mi vida las he acometido desde la autogestión, sin que nadie me haya enseñado realmente el cómo. En la siguiente entrega contaré algunas cosas. ; )

      No sé si considerarme artista. Fíjate que últimamente me está costando hasta considerarme a mí mismo escritor. En lo que sí me identifico al ciento por ciento es en lo de "inquieto". Soy un culo inquieto, esa es la verdad, y cuando algo me interesa y despierta mi curiosidad, no paro hasta descubrir hasta dónde puedo llegar. Si tuviese que resaltar un rasgo de mi personalidad diría que la curiosidad. Soy curioso por naturaleza, y esa curiosidad es la que me ha llevado a emprender todas esas aventuras de las que te hablaba.

      Me preguntas a quién regalar tu ejemplar en inglés del Ulises de Joyce. Fácil: a alguien a quien odies mucho, o a quien le tengas una especial ojeriza. A mí se me ocurren unos cuantos nombres y apellidos. Pero claro, yo no soy tan buena persona como tú. ; )

      Un abrazo, amigo Josep. Y gracias.

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  3. ¡Ohhhh! Me encanta "El sombrero de tres picos". Yo lo descubrí en la Universidad, entre tantos libros y libros que nos mandaban leer, este era uno de ellos. Y lo tenía completamente olvidado hasta que nos lo has traído. Me has dejado intrigado con lo que pasó en aquella gala.
    Lo que si debo decirte es que no empezaste de forma tardía, o por lo menos yo no lo pienso. Yo escribo desde pequeña, pero no empecé a escribir en serio hasta hace tres años. Con lo cual eso me dice que tenía... 36. Así que creo que yo he empezado más tarde que tú.
    En esto de la escritura nunca es tarde. Es una alegría que te acuerdes del primer libro que compraste. Yo no lo guardo en mi memoria.
    Un besillo y esperando a continuación.

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    1. Hola, María. : )

      ¡Qué suerte tuviste! A mí me mandaban leer auténticos ladrillos. Al menos para la edad que teníamos entonces. Fíjate si les cogí manía a esos libros y autores que no me he vuelto a acercar a ellos desde entonces.

      A mí "El sombrero de tres picos" me pareció un libro muy entretenido; me enseñó que la literatura puede ser divertida y muy adictiva si encuentras aquello que consiga llamar tu atención y alimentar tu curiosidad. A ese libro le debo mi pasión por leer literatura más allá de los cómics.

      ¡Uy, qué jovencita eres! Y mira qué currículo: esposa, madre, filóloga hispánica, bloguera, escritora, autora de un libro publicado, con una novela en ciernes, estudiando para correctora, haciendo tus pinitos periodísticos. ¡Madre del amor hermoso! ¿Es que tus días son de treinta horas o qué? Ya me contarás el secreto. ; )

      Gracias, María. En estos días espero publicar la continuación. Un besillo.

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    2. Madre mía Pedro, tal como lo pones parece que hago mil cosas, y yo que pienso que la mayoría de veces pierdo el tiempo. Al final tendré que encargarte a ti que me hagas el currículo.
      A mí también me manadaban libros horribles. Pero de vez en cuadno alguna joya caía. Mi descubrimiento en la Universidad fue Pío Baroja.
      Un besillo.

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    3. ¡Y olvidé mencionar que encima sacas tiempo para asistir a programas de televisión para ser entrevistada y a presentaciones literarias y firma de libros propias y ajenas! Lo dicho: me tienes que contar el secreto. ¿Tienes una hermana gemela, a que sí? ; )

      Ahora en serio; yo creo que esa sensación de "pérdida de tiempo" la tenemos todos los que, de un modo u otro, tenemos la afición de escribir. Gran parte del tiempo nos lo pasamos pensando, elucubrando, curioseando aquí o allí buscando inspiración o información para documentar nuestras historias, y claro, es normal que entre unas cosas y otras se nos vaya más tiempo del deseable. La curiosidad es un demonio insaciable, y no puedes evitar que se disperse y se pierda entre tanto donde mirar y curiosear. Y todo esto sin contar la de novelas, cuentos, relatos o artículos que dejas a medias o das por imposible tras pasarte horas, días o meses trabajando a destajo en ellos. En fin, ¡qué te voy a contar que tú no sepas!

      Un besillo, María.

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  4. Muy interesante esta crónica, Pedro. Siempre me gusta leer cómo comienza la pasión por escribir y leer de los bloggers a los que sigo. No sé, creo que es una forma bonita de compartir esos sueños poblados de letras y palabras que nos llenan de tantas satisfacciones como frustraciones a los que le cogimos el gusto a esto de la escritura.
    En mi caso, la lectura comenzó a convertirse en una afición con 13-14 años, cuando fui por primera vez a la biblioteca municipal. Lo de escribir me vino unos añitos más tarde, pero lo hizo con mucho ímpetu. Desde la adolescencia hasta bien entrados los 20, escribía mucha ficción y me presentaba a diversos concursos literarios. No obstante, es verdad que desde hace tiempo que abandoné la narrativa, pues como que me encuentro más a gusto reseñando y reflexionando en mi rincón perdido de Internet. No sé si serán etapas, pero lo que espero es no abandonar nunca esta bonita afición.
    Y ya de paso, que tampoco la abandones tú :)
    Un fuerte abrazo.

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    1. Muchas gracias, Sofía.

      Me satisface enormemente saber que has encontrado interesante estos pequeños apuntes sobre mi trayectoria en esta pasión que compartimos: la literatura.

      Has definido a la perfección y en un par de palabras lo que para nosotros -y en esto te incluyo- encierra esta apasionante afición por leer y escribir: satisfacción y frustración.

      Lo mío con los concursos literarios ha sido una historia de amor no correspondido. Hasta que un día, harto de coleccionar "noes", decidí hacerme un "onanista literario", es decir, "yo me lo guiso y yo me lo como". Y me autoedité. Y ahí sigo, autoeditando como un loco, ja,ja,ja. ; )

      Ya sabes que te leo siempre que puedo (estoy terminando una novela y un nuevo libro de relatos, además de mantener el blog, y créeme: es un sinvivir), y por las cosas tuyas que he leído afirmo que tienes ideas muy interesantes (lo de la tecla "F5" me pareció genial). Estoy convencido que en algunas de esas pequeñas incursiones que has hecho a lo largo de tu vida al terreno de la ficción habrá algunas cosillas bastante interesantes. Ojalá un día de estos te animes a compartirlas con todos los que te leemos.

      Gracias por tus buenos deseos. Yo también te deseo que, mientras sientas esa necesidad de sentarte ante tu escritorio a darle a la tecla y eso te haga feliz, lo sigas haciendo. Ser feliz haciendo lo que a uno le gusta es uno de los pequeños placeres a los que me niego a renunciar. Aunque engorde. ; )

      Un fuerte abrazo, Sofía. Y gracias por la visita, chiquilla. : )

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