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—Vaya,
así que al fin has publicado tu tercer libro de relatos, ¿eh?
¡Blog! Así es. Ya ha salido, al fin.
—¿Y
cuándo se supone que ibas a decírmelo? Porque, que yo sepa, no he
recibido ninguna notificación al respecto. De hecho, llevo días
mirando la bandeja de entrada del correo, por si se me hubiese pasado
algún correo tuyo, y no, no he visto nada. Es más, me he tenido que
enterar por el correo de uno de tus lectores en el que te daba la
enhorabuena.
¿Lees
mis correos?
—¡Claro
que los leo!
¿Y
lo dices así, con toda la desfachatez del mundo?
—Tranquilízate,
chaval, no te vaya a dar un tabardillo. La dirección de correo está
asociada al blog. No sé porqué no habría de revisar todo lo que
entre por esa vía.
Déjame
que te lo explique. Cuando en un correo se dirigen a una persona en
concreto, en este caso a mí, automáticamente deja de ser algo
corporativo para convertirse en algo personal. Y te recuerdo que
violar la correspondencia es un delito.
—¿Violar
la correspondencia? ¿Qué te piensas, que me abalanzo sobre tus
correos cual pervertido y practico sexo con ellos?
—Además,
no entiendo a qué viene esa manía tuya de sacarlo todo de quicio.
¡Yo
no saco nada de ningún sitio!
—Entiendo.
Por eso estás tan tenso. Deberías salir un poco más y socializar.
Maldita
sea. ¿Es que tú y yo no podemos mantener una conversación normal
en un tono normal y sin acabar gritándonos improperios el uno al
otro?
—Es
más divertido así. Más guay.
¿Más
guay?
—Sí.
Me encanta esa palabra. Guay. De hecho, quería decirte que me parece
muy guay que al fin hayas publicado tu tercer libro de relatos. Sé
lo que te ha costado sacar adelante el proyecto, por lo que doy por
hecho que tu satisfacción ha sido doble al verlo finalmente
terminado.
Pues
sí. Estoy contento. Gracias.
—De
nada. Bueno, ¿y cómo va el lanzamiento? ¿Ya te has hecho
millonario vendiendo tus libros?
Aún
no.
—Bueno.
Pero tú no desistas. Las cosas de palacio van despacio.
Lo
que sí he empezado a recibir son las primeras impresiones de algunos
lectores.
—¿Y?
De
momento, muy satisfecho con la acogida que está teniendo el libro.
—La
verdad, no sé porqué te empeñas siempre en dudar de la calidad de
tu trabajo.
No
dudo de la calidad de mi trabajo. De lo que dudo es de mantener el
nivel, que es muy distinto. Al tener ya varios libros editados es
normal que surjan las comparaciones. Y los puntos de referencia. No
es lo mismo publicar un libro y ya, que publicar tres.
—En
algún momento tendrás que relajarte. No es sano exigirte tanto.
Prefiero
seguir manteniendo la tensión.
—Coño,
¿en serio?
Sí.
—Pero,
¿porqué?
Porque
de ese modo me aseguro de no bajar la guardia, de no relajarme en
exceso y mostrarme excesivamente complaciente. No hay nada peor para
un autor que mostrarse excesivamente complaciente con su propia obra,
ya que eso hace que des por bueno cosas que, tal vez, necesiten ser
más trabajadas antes de ver la luz.
—Admiro
tu exigencia.
Considero
que es lo mínimo que le debo a mis lectores. No me sentiría cómodo
ni satisfecho si ofreciese un producto que no estuviese al nivel de
mis exigencias. Que alguien pague por algo que tú has hecho debe ser
una motivación lo suficientemente poderosa como para no bajar la
guardia.
—Me
hablabas de que ya has recibido feedback de tus lectores.
Sí.
Por ejemplo, hace poco Josep Mª Panadés, bloguero y también
autor de un par de libros de relatos, me escribió lo siguiente:
“Ayer terminé de
leer el tercer volumen de tu antología absurda y, cómo no, me ha divertido y
satisfecho como sus predecesores.
Sería redundante,
por las veces en que te lo he dicho, afirmar que tienes un sentido del humor
muy particular, con el que conviertes la ironía en audacia. Juegas con el doble
sentido de forma casi diría que magistral, sacando punta a un hecho
aparentemente trivial para mostrar su parte jocosa, caricaturesca e, incluso,
ridícula. Al fin y al cabo, la vida está repleta de situaciones absurdas en las
que no reparamos y de las que somos protagonistas inconscientes, y reírse de
esas situaciones es muy sano.
Yo, que me considero
un lector lento, me he leído tu libro en tres días, o mejor dicho, en tres
noches, que para mí es todo un récord, teniendo en cuenta que últimamente llego
muy cansado a la hora de acostarme. ¿Será la edad o el cambio climático?
En fin, sólo me
resta decir que mis expectativas se han visto cumplidas una vez más. Mi
enhorabuena.
Aprovecho para
enviarte una fotografía (no muy artística, pero creo que suficientemente
convincente y testimonial) de mi mesa de trabajo con tus tres obras que he
tenido el placer de leer.
Un fuerte abrazo”.
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Foto de Josep Mª Panadés |
A
Josep podéis leerlo en su blog Retales de una vida.
—Supongo
que debe ser motivo de orgullo recibir este tipo de feedbak con tus
lectores.
Es
de las partes que más disfruto, junto con la escritura. ¿Entiendes
ahora porqué siempre digo que debes mantener alto tu nivel de
exigencia?
—Vale.
Lo entiendo. ¿Y has recibido más testimonios?
Hace
poco recibí un mensaje de una lectora y amiga. Se llama Ana
Palacios. En dicho mensaje, Ana me enlazaba a un simpático y
original post que había subido a su blog. En él habla de mi libro,
y de la experiencia que ha vivido junto a Sol y Luna, sus mascotas
gatunas.
—Venga
ya. ¿En serio?
Sí.
Su blog se llama Cuenta conmigo. Te dejo el enlace para que le
eches un vistazo. Vale la pena leerlo, en serio:
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Foto de Ana Palacios |
—Interesante.
¿Alguien más ha contactado contigo en estos días?
Sí.
Hace poco recibí un correo muy extraño en mi bandeja. El mensaje
decía así:
“Hola, Pedro. Soy
anónimo. O anónima. No quiero dar pistas acerca de mí. Te escribo porque hace
poco me llegaron a casa tus tres libros, que pedí a Amazon. Para tu
tranquilidad, te diré que no compré a ciegas. Llevo años leyéndote a través del
blog, y desde que leí un primer cuento tuyo quedé enganchado, o enganchada, y
desde entonces he seguido tu carrera.
Y para que veas que
no se trata de una broma, te hago llegar esta foto con tus tres libros.
Saludos”.
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Foto de anónimo. O anónima. |
—¿Anónimo?
O
anónima.
—Vaya,
parece que el nuevo libro está teniendo aceptación.
De
momento parece que está cumpliendo las expectativas, que era una de
mis máximas preocupaciones.
—Guay.
¿Guay?
—Guay
del Paraguay.
Vale. Lo que tú digas.
No me queda, amigo, nada que añadir a lo que te dije con toda sinceridad y que has reproducido aquí, citando, de paso, a mi estimado blog, cosa que te agradezco. Pero me dejas intrigado con ese/a admirador/a anónimo/a. ¿Por qué no se da a conocer?, me pregunto. ¿Será un/a vecino/a enomorado/a de tí? O quizá sea un/a futuro/a acosador/a, pero mientras lea tus libros, qué más da, supongo que serás capaz de soportar cualquier cosa, jajaja.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Saludos, Josep.
EliminarYo sí que tengo algo más que añadir: gracias. No me cansaré de repetirlo las veces que haga falta. Ya ves, por mis problemas de espalda sí que me canso al subir cuestas o escaleras, pero dar las gracias no sólo no me cansa sino que me rejuvenece. De hecho, creo que en estos últimos meses he vuelto a tener 15 años. A ver si consigo que me vuelva a crecer la melena de roquero que tenía entonces. Eso sería la felicidad completa. ; )
Lo del anónimo o anónima puedo asegurar que no es ninguna coña, ni una broma de las mías, ni nada por el estilo. Es algo real que me ha ocurrido y que, a pesar de mi insistencia por desvelar la identidad que se esconde tras ese singular mensaje, no he podido obtener más información que la aportada en el post. La única tranquilidad que me queda es el haberle hecho llegar a ese anónimo o anónima mi agradecimiento a través de un correo de vuelta. Me consta que lo ha recibido, y con eso me quedo tranquilo.
Un fuerte abrazo, Josep. Y gracias por tus sinceras palabras, tu valoración y tu fidelidad hacia mis letras. Ah, por cierto, tu foto, genial. Me encanta. En breve la subiré a la Galería, que estos días ando con el culo a dos manos.
Gracias, Pedro. Como siempre me he reído con tu relato y con el comentario de Josep Maria.
ResponderEliminarTe deseo mucho éxito. Te lo mereces.
Un abrazo de Vilma y otro mio. Sol y Luna te mandan arrumacos
¡Vilmaaaaaaaaaa!
EliminarGracias a ti, Ana. Celebro que mi relato te haya arrancado alguna que otra sonrisa (espero que no te haya dolido, y que su efecto haya sido algo así como el de una tirita).
Te debo una dedicatoria de mi puño y letra. Que lo sepas. Y te la haré llegar en breve. Prometido. A ver si el fin de semana puedo ponerme al día con todas las cosas que tengo pendientes, que llevo una racha últimamente...
Os envío un abrazo a Vilma y a ti. Y a Sol y Luna un saludo que, gracias a la distancia, no afectará en nada a mi alergia. : )
Besos, Ana.
Bonito dia en Miami Por fin llegó el frio y uno puede pensar. Saludos y suerte para esta Navidad. Que la vida te traiga lo que te mereces....
ResponderEliminarMuchas gracias, Recomenzar.
EliminarSaludos y buenos deseos para ti también. ¿Tendréis nieve por Miami en diciembre?
Un abrazo.
Pedro recibí tu libro un día antes del 12 espero que te hayan pagado y no tengas problemas como los anteriores. Espero que no te timen estos de Amazon. Por correo te he enviado el número del pedido Yo te enviaré mi parecer de este 3º absurdamente. Lo he comenzado a leer y creo que no voy a parar hasta terminarlo. Aprovecho para felicitarte las Fiestas. Un abrazo.
ResponderEliminar¡María del Carmen!
Eliminar¡Qué agradable sorpresa de domingo! No sabía que hubieses pedido el tercer libro de la colección. Eso sólo puede significar una cosa: que los dos anteriores cumplieron tus expectativas, de lo cual me alegro. Lo que aún no sé es qué le parecieron a tu marido. Ya me dirás si le gustó el regalo que le hiciste o no. Espero que sí. ; )
Te agradezco las molestias que te has tomado con el asunto de Amazon. Me dio un poco de palo molestarte en su día con aquello, pero es que no me salían las cuentas y necesitaba confirmar que todo funciona como debe funcionar. Al final se solucionó, gracias a Groucho. ; )
Me comentas que lo has comenzado a leer y que ya te has enganchado. Jajajaja La verdad, no sé qué tienen mis libros que todo el que cae en sus redes se ve incapaz de dejarlo hasta llegar a la última página. Te confesaré algo: a mí me pasa exactamente igual. ¡Y eso que los he escrito yo! ¡Fíjate si son adictivos!
Gracias por tus felicitaciones. Yo aprovecho para hacerte llegar mis felicitaciones de vuelta. Y agradecerte, una vez más, el hecho de que hayas comprado mi último libro. Me enorgullece saber que mi trabajo sigue despertando interés entre quienes me leen.
Un abrazo, María del Carmen.
P.D.: Cuando lo acabes, si me envías tus impresiones y una foto, te haré un post exclusivo. : )