miércoles, 4 de marzo de 2026

CONVERSANDO CON MI YO DEL PASADO

Ilustración de Vilkasss bajada de Pixabay

 

 

Echo la vista atrás. Es el año 1983. Me veo con trece años, en el patio de mi colegio, reflexionando en voz alta con algunos compañeros y compañeras de clase durante la hora del recreo.

¿Os dáis cuenta? —digo al grupo—. En el año 2000 todos nosotros tendremos 30 años. Seremos tan viejos como son nuestros padres ahora.

Ese pensamiento nos fascinaba. ¡Quedaba tan lejos en el tiempo ese momento incrustado en el futuro! Un futuro que sólo existía en nuestra imaginación.

Para nosotros, unos adolescentes que apenas tres días antes aún jugábamos con muñecos articulados Madelman o muñecas Nancy en el salón de nuestras casas, imaginar el futuro a diecisiete años vista era como ponerse en la mente de George Orwell en 1949, cuando proyectó en su cabeza esa asfixiante distopía que acabaría siendo 1984, imaginando un futuro que aún no existía.

No sé cómo veíamos entonces nosotros ese hipotético futuro. Supongo que, como todo niño o adolescente de la época, imaginábamos un mundo futuro repleto de adelantos tecnológicos sin parangón: coches voladores, robots mayordomos, colonias en Marte, políticos honrados, etc. Está claro que no dimos ni una. Desde luego, como adivinos somos tan pésimos como Rappel, aquel tío calvo peludo de las túnicas estrafalarias y las gafotas rarunas que no acertaba ni una y que, aún así, se ganaba muy bien la vida viviendo del cuento. Ya me gustaría a mí vivir igual de bien de mis “cuentos”. Pero eso es otra historia. Eso sí, aunque a estas alturas de mi vida estoy casi tan calvo como él, ni pienso cambiar mis anodinas gafas por unas de colores y formas extravagantes como las suyas ni mucho menos pienso vestir con una de esas ridículas túnicas que se gastaba el menda.

Volviendo a nuestro pensamiento episódico futuro —así se llama al hecho de soñar o imaginar cómo sería un hipotético futuro que aún no existe—, para nuestras infantiles mentes, que aún nadaban en la abundancia del tiempo, donde los veranos eran tan largos que hasta nos daba tiempo de sobra para aburrirnos, pensar en un intervalo de quince o veinte años vista era como imaginar toda una vida. Quince años son quince veranos, quince cumpleaños, quince Semanas Santas, quince Navidades, quince inicios de curso escolar y quince fiestas de fin de curso. Quince años era todo un mundo.

Hoy tengo cincuenta y cinco. Ya hace tiempo que rebasé el ecuador de mi existencia, algo que da bastante yuyu si lo pienso. Pero no porque ya tenga más edad que la que tuvo mi padre cuando murió, sino porque todo ha ido tan rápido, el tiempo se me ha escapado de entre los dedos a tal velocidad que asusta.

Si cuarenta años se me han ido volando, ¿cómo de rápido se me fueron esos quince años de los que hablábamos en el patio del colegio en aquellos inocentes días de nuestra adolescencia? Como un suspiro.

Me gustaría tener la posibilidad de poder viajar en el tiempo, de encontrarme cara a cara con aquel adolescente que fui, aquel pibe que con trece años ansiaba ser mayor de edad para poder tomar sus propias decisiones, y decirle de tú a tú:

Escucha pibe, soy tu yo del futuro. Tal y como me ves, serás tú en el año 2025.

¡Ostras!, ¿en serio?

Sí.

¿Y voy a tener tu aspecto?

Exactamente el mismo.

Y dime una cosa, ¿me puedes decir qué demonios he hecho con mi vida?

¿A qué viene eso?

No sé, colega. Pero me da la impresión que, por mi aspecto, no he llevado una vida muy sana que digamos.

Déjate de gilipolleces y escucha. Tengo unas cuantas cosas importantes que decirte.

¿Y qué ha pasado con mi pelo? Creía que cuando fuese mayor tendría una larga melena de rockero que me llegaría hasta los hombros.

Tranquilo. La tendrás. Pero a partir de los treinta todo se irá al carajo.

Dime que al menos me seguirá gustando la música rock.

Oh, sí. Y serás de los pocos. El rock hace tiempo que dejó de tener relevancia cultural y social. Ahora es cosa de románticos y rebeldes con causa. La música que triunfa hoy en día es tan mierdera que celebrarás todos los días de tu vida haber nacido en la época en la que naciste.

Pues qué chungo, ¿no? Y digo yo...

¡¡Pero me quieres dejar hablar, majadero!! Tanta preguntita y tanta preguntita...

Perdona. Habla.

Sé que te va a costar asimilar esto que te voy a decir, pero quiero que lo sepas, y que te lo grabes bien en la sesera: no sabes un carajo.

¿A qué viene eso ahora?

Viene a que aquello que crees saber ahora no es nada comparado con lo que sabrás cuando tengas mi edad. Cuando llegues a mi edad sabrás que la vida se va en un abrir y cerrar de ojos.

¡Pero si hay días en que las clases se me hacen eternas!

Pobre idiota. Disfrútalo, chaval. Empápate de cada momento, de cada situación, de cada interacción con tus compañeros y compañeras. Estás viviendo los mejores años de tu vida.

¿En serio?, ¿tan miserable va a ser mi vida?

No me entiendas mal. Vivirás momentos maravillosos, y conocerás a gente que te dejará huella. Pero tú ya no serás el mismo, ni vivirás las cosas con la misma intensidad con la que lo vives todo ahora.

Vale.

También quiero que sepas que el tesoro más importante que tienes y que jamás tendrás es la salud. Cuídala, hombre, porque cuando quieras darte cuenta del maltrato que le has causado a tu cuerpo, igual será demasiado tarde.

Me vale con echarte un vistazo para darme cuenta de lo mal que lo he hecho.

No te pases, ¿o quieres que te rompa los dientes?

Lo siento.

También quiero que sepas que los que hoy son tus amigos y que crees que van a estar ahí contigo para siempre, la mayoría de ellos, por no decir la práctica totalidad, de aquí a unos años se convertirán en auténticos desconocidos para ti. Y tú para ellos. Y eso ocurrirá en menos tiempo del que crees. Incluso antes de ese hipotético año 2000 con el que fantaseáis tú y tus amigos ahora mismo.

Imposible. Casi todos vivimos en el mismo barrio, y siempre podremos quedar para vernos y salir por ahí.

No lo haréis. Unos se irán a estudiar fuera, otros se mudarán y abandonarán el barrio y perderéis el contacto, otros se emparejarán y harán nuevas amistades, otros se casarán, y tendrán hijos, y formarán sus propias familias, lejos. A unos pocos te los encontrarás en algún momento de tu vida, os pondréis al día, os comprometeréis a quedar otro día y tomar un café, y nunca más sabrás de ellos.

¡No te creo!

Pues debes hacerlo. La vida no espera por nadie, chaval.

Jo, tío, qué frase más profunda. ¿Es mía?

No sé. No me acuerdo. Igual la has leído en alguna parte. Porque, por muy extraño que te parezca conocer esto ahora mismo, cuando tengas mi edad vas a ser un lector voraz. No pararás de leer.

¿Quién?, ¿yo?

Sí. Tú. Y no sólo eso. Ademas de leer como un loco, también escribirás tus propias historias. Y a estas alturas de tu vida, llevarás cuatro libros publicados. Y tendrás dos más en camino.

¡Qué me estás contando! Creo que te equivocas de persona. Yo no he leído un libro entero en mi vida. Pero si a mí la literatura me aburre mogollón.

Pues créeme. Te encantará leer. Y escribir. Pero eso no ocurrirá hasta dentro de un par de años. Y cuando leas tu primer libro, lo vas a flipar. Y cuando escribas tu primer cuento, lo vas a flipar el doble. Y tu imaginación se desbordará de tal manera que ya será algo imparable.

Si tú lo dices. Tendré que creerte.

Hay más. No corras, no tengas prisa por crecer, porque cuando al fin seas mayor te darás cuenta de que ya no hay vuelta atrás, que la única manera de volver a sentirte joven e inmortal será a través de tus recuerdos.

Vale. ¿Y qué más he de saber?

Que todo irá bien.

¿De veras?

Habrá momentos jodidos. Pero también habrá momentos geniales. Conocerás a gente nueva. Alguna valdrá la pena, y otra no valdrá un pimiento. Te enamorarás, y te romperán el corazón. También perderás a gente importante en tu vida. Y lo pasarás mal. Pero de todo se sale. Y de todo lo que te ocurra aprenderás valiosas lecciones, y forjarán tu carácter. Y también te servirán para escribir tus historias. En fin, he de irme. He dejado a medias algunas tareas y tengo que acabarlas cuanto antes.

Una última pregunta, ¿seré feliz?

Por momentos, sí.

Gracias.

Cuídate, chaval. Y ya sabes, no tengas prisa por crecer. Todo llega cuando tenga que llegar, ni antes ni después. Ah, y cuidado con tus niveles de ácido úrico en sangre.

¿Eso qué es?

Ah, ¡bendita ignorancia! Adiós.

Adiós.



No hay comentarios:

Publicar un comentario