miércoles, 7 de octubre de 2026

NUEVOS DEPORTES URBANOS

Foto: Ojalá algunos dueños de mascotas siguieran el ejemplo.

 

Siempre que puedo (y que mi pereza crónica me lo permite), suelo salir a caminar. Eso, unido a mis dotes de observación y mi costumbre de enredarme en un sinfín de pensamientos de lo más dispersos, me ha llevado a iniciar conversaciones con los responsables del área de Deportes del Ayuntamiento de mi ciudad para, aprovechándome de mi experiencia como asiduo sufridor de sus calles, parques y avenidas, proponer que se reconozcan oficialmente una serie de deportes de nuevo cuño.

Y es que el hecho de salir a caminar a diario te proporciona una visión panorámica de todos los aspectos que comporta tan sano ejercicio al aire libre. Gracias a esa visión panorámica y de conjunto he podido ir confeccionando mentalmente una serie de deportes que, al momento de escribir esto, considero inéditos.

A propósito, a cada disciplina le acompaña un sistema de puntuación que se irá sumando al casillero de cada participante a medida que vaya superando las pruebas. Al final del año lectivo esos puntos se podrán canjear por reducciones monetarias en los mil y un impuestos que gestiona el ayuntamiento, esa especie de versión en carne y hueso del viejito con bigotazo, bastón, chistera y monóculo del Monopoly, y que, a diferencia de aquel, es el único que se lleva realmente toda la pasta (la de verdad, y no la de juguete). Incluso el alcalde y sus concejales tienen una tarjeta exclusiva con la que se libran de la cárcel cuando son pillados malversando o robando directamente. Desde luego, para bobo no estudió nadie.

Centrándome en los juegos, estas son mis propuestas.


CAMINATA DE RIESGO (1 punto)

Consiste en escoger un circuito determinado en el ámbito urbano, e ir esquivando todo tipo de zanjas, agujeros, desniveles no señalizados, o zócalos faltantes, salientes o sueltos. Mejor estos últimos, ya que a la emoción intrínseca de evitar darte un leñazo y romperte los piños, o que se te salten las gafas a tomar por culo después de tropezar aparatosamente, se le suma la posibilidad de que, si ha llovido, al pisar sobre dichos zócalos sueltos te sobresalga un chorrazo de agua encharcada que te enfangue los bajos del chándal o las zapatillas. La experiencia se disfruta el doble si tanto el pantalón como el calzado, o los calcetines, son de color blanco. Los manchurrones quedan más guais. Por su dificultad para detectarlos, al esquivamiento de zócalos sueltos se le conceden 2 puntos.


ESQUIVAR LA MIERDA (1 punto)

Al esquivamiento de zanjas, agujeros, desniveles no señalizados o zócalos sueltos, podemos sumar las cagadas y meadas de perros que van dejando los animalitos —me refiero a los dueños— sobre las aceras o lugares de tránsito. Y que no me venga nadie con eso de que pisar mierda trae suerte, porque, si fuera así, los ricos se la quedarían toda para ellos, y se pasarían el día pisando mierda en vez de ir pisando derechos fundamentales.


ADELANTAMIENTOS URBANOS (1 punto)

Esto se produce cuando un grupo de tres o más personas ocupan la acera en su totalidad y, al cruzarte con ellos y ver que ninguno de ellos se aparta, no te queda otra que sortearlos. La dificultad estriba en que esas personas no están colocadas a lo largo de la acera, es decir, en fila india, sino a lo ancho, es decir, en plan muralla china, por lo que te ves obligado a abandonar la acera y pisar el asfalto, con el consiguiente peligro añadido de que te arrolle un autobús, un coche, una moto, una bici, un patinete eléctrico o un repartidor de Glovo —aunque para esto último ni siquiera hace falta que pises el asfalto, pues yo mismo he visto con estos ojitos miopes que Dios me ha dado cómo un repartidor de Glovo transitaba tranquilamente con su moto por la acera en mi barrio. Con un par—.


EVITAR EL ATROPELLO (2 puntos)

Consiste en evitar que un capullo o una capulla te acabe arrollando con su puto patinete de los cojones cuando transitas tranquilamente por la acera o zona de tránsito convenientemente señalizada. Para esta prueba está permitido llevar encima un objeto contundente, tipo bate de béisbol, ya que a la emoción de esquivar el patinete en cuestión se le puede agregar el gustazo de darle un hostión en todos los morros al incívico conductor y saltarle todos los piños. Por cada diente que le tires al suelo se te concederán dos puntos extra.


TETRIS A TAMAÑO REAL (2 puntos)

Para esta prueba resulta imprescindible ir cargado de bolsas hasta arriba de residuos de diversa naturaleza. El juego consiste en, una vez llegado a la zona de los contenedores, ir depositando los distintos residuos en su contenedor correspondiente sin equivocarte y sin que se te caiga nada al suelo, a fin de que, una vez en destino, los responsables de las basuras lo vuelvan a mezclar todo y lo acaben amontonando en el vertedero común de toda la vida. Todo excepto el papel, pues con los residuos de papel se hace una pasta que, mediante un complejo proceso químico, se vuelve a generar nuevo papel que luego te venden más caro que el papel normal, con el agravante de que encima has sido tú el que le ha proporcionado al fabricante la materia prima, por lo que pagas dos veces por el mismo producto. La cultura del capitalismo salvaje en su máxima expresión.

A esta prueba le puedes añadir diferentes niveles de dificultad, como, por ejemplo, llevar en diferentes bolsas trozos de tela viejos, papel, cartón, cristal, calzado viejo, residuos orgánicos, latas de refresco, blisters vacíos de medicamentos, compact discs inutilizados, recipientes metálicos de espuma de afeitar o desodorantes, etc, y meter cada cosa en su contenedor correspondiente sin herniarte por el esfuerzo ni que tu cerebro haga “catacum” y te acabe dando un ictus. Incluso puedes cronometrarlo para aumentar la emoción.


CAMUFLAJE (1 punto)

Hacerte el longuis para evitar al plasta de turno, o a ese conocido que hace siglos que no ves y no te apetece pararte para que te pregunte cómo te va la vida, o peor aún, verte obligado a preguntarle a él o ella cómo le va la vida sin que te importe un carajo la respuesta.

O mimetizarte con el entorno para evitar a ese vecino o vecina con el que no te hablas o que te cae como el culo.

O a ese otro al que te ves obligado a saludar o reírle las gracias aún sabiendo por el informe de gastos de la comunidad que debe tropecientas cuotas y que no ha hecho frente ni a una sola de las derramas para mejoras del edificio, si bien eso no le impide disfrutar de las mejoras o servicios de la comunidad, como el uso de los ascensores o la luz de las zonas comunes.


SORTEAMIENTO DE ZOMBI TECNOLÓGICO (2 puntos)

Tengo un amigo, Óscar. Lo conozco desde hace más de cuarenta años, que se dice pronto, cuando ambos estudiábamos juntos en EGB. Mi amigo Óscar tiene una costumbre que a mí se me antoja de lo más peculiar, y es que es de las pocas personas —la única que conozco, realmente—, capaz de leer libros mientras va caminando por la calle. Le he visto hacerlo, y es un espectáculo digno de verse. Admiro de veras su visión periférica, capaz de detectar obstáculos en estática o en movimiento y esquivarlos con una efectividad del cien por cien. Para alguien como yo, miope y, por lo general, metido en “mi mundo”, resulta digno de envidia poder hacer lo que él hace.

Esto me lleva a hablaros de otra plaga que, de unos años a esta parte, invade las calles y zonas de tránsito de nuestras ciudades: los zombis tecnológicos. Los zombis tecnológicos son todos aquellos individuos e individuas que van con la vista fija en sus dispositivos móviles o tablets mientras transitan por la calle. La proliferación de este tipo de zombis tecnológicos hace que te veas obligado a estar en permanente estado de alerta, para no acabar tropezando con alguno de ellos. Y no sólo has de estar pendiente para salvaguardar tu integridad física, sino también la suya, ya que no han sido pocas las veces en las que he visto cómo alguno o alguna de estos zombis tecnológicos ha estado a punto de ser arrollado por un autobús, un coche, una moto, una bici, o un repartidor de Glovo por no mirar antes de cruzar una calle. Y es que no todo el mundo puede presumir de tener la visión periférica de mi amigo Óscar.


PARKOUR PARA OCTOGENARIOS (3 puntos)

El parkour, también conocido como arte del desplazamiento, es una disciplina física y mental que se centra en moverse de un punto A a un punto B de la manera más eficiente posible, superando obstáculos como vallas, muros, bancos, escaleras, bordillos y otros elementos urbanos. Los practicantes, llamados traceurs (hombres) o traceuses (mujeres), utilizan saltos, carreras, trepadas y otros movimientos para superar estos obstáculos de forma fluida y creativa.

Yo propongo un parkour para personas a partir de ochenta años. Para eso se haría necesario negociar con una compañía de seguros que cubra los accidentes inheremtes a este interesante deporte de riesgo, tales como traumatismos de todo tipo, roturas de caderas, torceduras, esguinces, rompimiento de dentaduras postizas, sustitución de peluquines, rompimiento de bastones, etc.

Eso sí, debo admitir que me está costando encontrar una compañía de seguros que asuma los riesgos que esta actividad comportaría. Y es que, tal y como los responsables de esas compañías esgrimen: “El secreto de nuestro negocio está en cobrar primas a gente perfectamente sana. La gente enferma o con propensión a enfermar no es rentable, así que no los aseguramos y punto. A ganar pasta como Dios manda”.

A ver, tontos, lo que se dice tontos, no son. Eso hay que reconocerlo.


Y hasta aquí todos los deportes que se me han ocurrido durante mis largos paseos diarios. Si a alguno de ustedes se le ocurre alguno más, por favor, hágamenlo saber en los comentarios. Dado que los del ayuntamiento confían en poder darme una respuesta de aquí al 2067, como poco, aún hay tiempo de incluir más opciones en la propuesta. La burocracia, ya se sabe, siempre a su ritmo.


Hasta el próximo miércoles.


 

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