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Damas y caballeros, con ustedes: mi blog |
Hombre,
hombre, hombre...
—Blog,
blog, blog...
Vale,
y ahora que ya hemos reconocido nuestras respectivas naturalezas,
¿se puede saber porqué no me has avisado de tu vuelta al mundo
bloguero?
—No
sabía que tuviese que avisarte. Siempre he dado por hecho que, al
ser tú mi vehículo para dirigirme a mis lectores, automáticamente
estarías al tanto de mis actividades blogueras.
¿Vehículo?
¿Me has llamado vehículo?
—Sí.
¿Qué
pasa? ¿Ahora soy un puto utilitario?
—Yo
diría más bien una furgona. Has engordado. Se ve que la inactividad
te ha hecho coger unos kilitos de más.
¿Te
estás quedando conmigo?
—Para
nada. Estás gordo. Deberías hacer algo de ejercicio, y abandonar
esa vida sedentaria que te mata lentamente.
Mira
chaval, si has venido aquí a insultarme desde ya te digo que te
puedes ir largando por donde has venido.
—Ok.
Sin problema. De hecho, ya estoy pensando en crear otro blog. Algo
más profesional, más orientado a mi carrera literaria.
Para
el carro. ¿En serio estás pensando en crear otro blog?
—Así
es.
¿Y
qué pasa conmigo?
—Voy
a ser claro contigo. Mira, blog, yo ya estoy en un punto de mi vida
en que no estoy dispuesto a aguantarle mierdas a nadie, y eso incluye
a un blog arrogante y malcriado que se cree más de lo que realmente
es. Te he consentido demasiado. Fallo mío. Lo admito. Pero todo
tiene un tiempo, y mi tiempo de aguantar gilipolleces ha pasado.
Estoy a punto de publicar mi tercer libro, y después de eso tengo un
par de proyectos a los que tengo muchas ganas de meterle mano. Con
esto te quiero decir que no pienso desviarme ni un milímetro de mis
próximos objetivos, que exigirán de mí el 100% de compromiso, y
eso excluye de la ecuación el mantener una relación de tirantez con
un simple blog.
¿Eso
soy para ti? ¿Un simple blog?
—¿A
qué viene ese gimoteo? No pensarás echarte a llorar...
Yo
no estoy llorando...
—¿Ah,
no? Pues yo diría que sí.
¡No
estoy llorando! Buaaaaaaaah....
—Ains.
Criaturita. ¿Ves como sí estás llorando?
Es
que...es que...tú...
—Bebe
un poco de agua, anda. Y tranquilízate. Me incomoda verte gimoteando
como un niño de cinco años al que sus padres le niegan un capricho.
¡Tú
me has hecho llorar...! Tú eres el culpable...tú...
—Vaya, vaya, vaya. Por
lo que veo en tu código HTLM ya no observo ni una pizca de esa
arrogancia tuya tan molesta e irritante. Nada como un baño de
realidad para bajarle los humos a un capullo.
Eso.
Regodéate en tu victoria.
—Si
se tratase de otro sujeto, te aseguro que no me regodearía en
absoluto. Sentiría lástima. Pero tratándose de ti, me regodeo. Por
supuesto que me regodeo. Me regodeo y me vuelvo a regodear; una y mil
veces.
¿Y
eso porqué?
—Porque
eres altivo, y contestón, e irritante. Condenadamente irritante. Y
no soporto a la gente altiva y contestona. Me irritan.
Vale.
Admito que he sido un poco capullo contigo.
—¿Un
poco?
Vaaaale.
He sido un capullo integral.
—Está
bien. Continúa...
Pero
es mi carácter. Créeme, no lo hago con maldad. Soy así. Es mi
naturaleza.
—Así
que está en tu naturaleza ser un capullo integral.
Así
es.
—Y
esa es razón suficiente como para que quienes te rodean o tratan
contigo se vean obligados a reírte las gracias. ¿No es eso?
Supongo.
—Es
decir, que tú y los capullos como tú os creéis con derecho a
condicionar la vida de quienes os rodean. Como si fueseis dioses o
jefes, o una de esas parejas acaparadoras y celosamente posesivas que
te dicen cómo debes vestir, qué perfume o colonia debes usar, a
quién puedes ver y a quién no, a qué debes dedicar tu tiempo libre
y mil cosas más.
Visto
así sé que puede sonar un poco arrogante.
—Te
lo repito: a estas alturas de mi vida nada ni nadie va a
condicionarme. No me gusta reírle las gracias a gente que no me
resulta graciosa, ni seguirle el juego a gente —o blogs— cuyo
respeto no se han ganado; tampoco me gusta que nadie me diga qué,
cuándo o cómo debo hacer las cosas; sobre todo si yo no he pedido
su opinión.
¿Crees
que lo sabes todo?
—En
absoluto. Sé lo que sé. Y lo que no sé no me importa preguntarlo.
Y cuando tengo dudas —que las tengo, como todo el mundo—, no me
importa pedir opinión a quién creo que sabe más que yo, o a
alguien a quien respete, o a quien crea que puede aportar una visión
que me enriquezca o me proporcione una amplitud de miras. En ese
sentido no he perdido mi humildad, ni mis ganas de aprender.
¿Entonces?
—Hay
una sutil diferencia entre aceptar la opinión de alguien a quien
respetas y admiras, y que sabes que lo hace porque también te
respeta a ti, y tragarte la opinión de alguien que sólo pretende
quedar siempre por encima de ti y hacerte ver lo listo o lista que es
él o ella y lo tonto o estúpido que eres tú.
No
lo entiendo.
—Es
lo que tiene ser un listillo. Estás tan centrado en quedar siempre
por encima de los demás que te muestras incapaz de “escuchar”.
Quien siempre habla jamás escucha.
Menudo
repaso me estás dando.
—Totalmente
merecido.
Yo
sólo quería picarte un poco. Ya sabes cómo soy. Me conoces mejor
que nadie. Tú me creaste.
—Cierto.
Pero un día decidiste traspasar ciertos límites. Y conmigo, cuando
se traspasan ciertos límites, hay que asumir las consecuencias.
¿Y
qué me dices de tu famoso sentido del humor?
—Mi
sentido del humor sigue intacto. Que tenga sentido del humor no
significa que me deje avasallar, ni intimidar; ni que permita
gilipolleces de nadie.
Vale.
Te pido perdón. He metido la pata hasta el fondo. Me he pasado de la
raya. Lo siento, ¿vale? Creía que entre nosotros se había
establecido un vínculo que iba más allá del que se le supone a un
bloguero y su blog. No sé. Pensaba que éramos amigos. Y los amigos
a veces se pican, y se gastan bromas entre ellos, ya sabes...
—¿Te
refieres a bromas como la que te acabo de gastar?
¿Perdón?
—Tendrías
que ver la interfaz que has puesto. Parecías un niño asustado en
presencia de su padre cabreado. Pardillo.
¡Serás
mamón!
—Donde
las dan, las toman. Y ahora, dime qué quieres. Iba en serio lo que
te dije que tengo muchas cosas que hacer.
Jajajaja.
Eres la leche. ¡Cuánto te he echado de menos, mamonazo!
—Y
yo a ti.
Pues
nada. Sólo quería saber cómo estabas, qué tal ha sido el
recibimiento entre tus seguidores tras tantos meses de ausencia.
—¿Cómo
estoy? Muy liado, trabajando a tope, pero bien. El recibimiento ha
sido mejor del que me esperaba, la verdad. Con alguna agradable
sorpresa, y la constatación de un hecho: algo has debido hacer bien
todos estos años para que notes el cariño y el afecto de la gente
que se alegra de tu regreso.
¿Y
cómo van tus proyectos?
—A
velocidad de crucero. Ya me conoces, y sabes que no me gusta hacer
nada con prisas. He trabajado muy duro para que este nuevo libro sea
el colofón perfecto a esta maravillosa aventura que ha supuesto para
mí la trilogía Absurdamente. De los tres libros de la
colección, éste ha sido el que más me ha costado sacar adelante.
¿Y
eso?
—Pronto
haré un post especial en el que hablaré de todo lo que ha rodeado
su gestación.
¿Prometido?
—Tienes
mi palabra.
Oye,
pues, bienvenido.
—Gracias.
Y ahora, a trabajar. Aún hay mucho por hacer.
A
sus órdenes, jefe.
Oye, oye… blog, blog ¡Manifiéstate! Ahora que Pedro está un poco liado con sus cosas, y no está muy pendiente de nosotros te digo que no le hagas ningún caso, las familias se gastan bromas, pero eso es la confianza y el cariño.
ResponderEliminarY no te preocupes que no me he reído, bueno un poco sí, tampoco voy a engañarte. Pero poco, :)
Qué lastimita Pedro, ja, ja, ja ¿Cómo lo amenazas así? Hasta yo he creído que ibas a cerrar el blog. Muy mal, muy pero que muy mal.
Un beso a los dos, y reconciliaos a la de ya.
Vaya, vaya, así que hablando con mi blog a mis espaldas, ¿eh? No me esperaba esto de ti, querida Irene. Y encima, ¿son cosas mías o he notado una cierta complicidad entre vosotros? Pues para que lo sepas: mi blog no es de fiar. Y esto te lo digo por el aprecio que te tengo. Me dolería que mi blog te hiciese una trastada de las suyas. Le conozco, y sé de lo que es capaz. Luego se arrodillará ante ti, se deshará en disculpas, te rogará que lo perdones y bla, bla, bla. Pero, ¿sabes qué? Todo teatro. Puro teatro. Así que, advertida quedas.
Eliminar¿Por qué las buenas chicas se sienten siempre atraídas por los capullos? Es algo que no me entra en la cabeza. :/
Un beso, Irene. ; )
Debo reconocer que a medida que iba leyendo mi habitual color pálido mutaba a transparencia a la vez que una creciente humedad ocular casi me impide leer tan magnífico desenlace.
ResponderEliminarComo dice Irene: mal, muy mal, Sr. Fabelo ;))))))
¿También vos, Milord? No, si al final va a resultar que el capullo de mi blog cuenta con más afectos entre quienes se pasan por este rinconcito que yo mismo. Hay que jod...fastidiarse. Grrrrr.
Eliminar¿Será verdad eso que dicen que los canallas proyectan un encanto del que la buena gente carecemos, por sosos y aburridos? Da que pensar. Igual debería plantearme el cambiar de actitud. ¿Será demasiado tarde?
Con todo, le agradezco su gentil visita, Milord. Un abrazo, Don José. : )
Pedrooooooo! Vaya cabreo que has pillado con tu blog; seguro que te levantaste con el pie izquierdo. Jeje
ResponderEliminarBloggggggggg! No le hagas caso, ya sabes eso de: "Perro ladrador poco mordedor"; además con el corazón que tiene es imposible que te haga el menor daño. Solo son ganas de desahogarse por algo que lo ha alterado. Tú como si nada...
Me he permitido llamarte a gritos, porque es la costumbre que tenemos Pedro y yo.
Los dos me hacéis reir y ambos os necesitáis, así que haced las paces que todo irá mejor. ¿Entendido?
Abrazos a repartir de Ana y Vilmaaaaaaa!
Hola, Ana. Soy el blog de este tío. Te pido humildemente disculpas por nuestro lamentable comportamiento. Deberíamos ser más cautelosos y delimitar nuestras agrias discusiones al ámbito de lo privado, y no estar dando este tipo de espectáculos tan bochornosos a la vista de todo el mundo. Lo siento.
EliminarBueno, ¿y tú qué, Pedro? ¿No tienes nada más que añadir?
-Sí. ¡Vete a la mierda!
¿Es que no has leído lo que acabo de escribirle a esta buena mujer?
-Sí.
¿Y?
-Insisto. ¡Vete a la mierda!
Desde luego, qué poco respeto y consideración demuestras hacia quienes te leen. Deberías replantearte tu conducta de aquí en...
-¿A que te borro?
Vale, vale. Ya me callo.
Por cierto: abrazos, Ana. Soy Pedro. : )
Quizás prefieras este comentario... al otro que te escribí
ResponderEliminarMe encanta como sos
Jajajaja Cualquier comentario es siempre bienvenido a este blog, Mucha. : )
EliminarUn saludo.